Sergio Araya: La Estrategia del Martillo y el Baile y su puesta en escena ante la Pandemia del COVID-19

Es imperativo evitar que las crisis sanitaria, económica y social de la Pandemia adicionen una más en la dimensión política de la sociedad.  La búsqueda del diálogo nacional aludido en el documento aportado por el INCAE, siempre necesario y pertinente, es en la presente etapa de la situación enfrentada, fundamental y  decisiva. 

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Sergio Araya AlvaradoPolitólogo.

Introducción 

El día 24 de junio a través de la conferencia de prensa  establecida por el Gobierno como su vehículo de comunicación permanente en torno a la evolución de la pandemia provocada por el SARS-CoV-2,  el Presidente de la República Carlos Alvarado Quesada anunció la adopción de la estrategia conocida como “Martillo y Baile”, como la forma de buscar un balance entre las prioridades dictadas por la dimensión sanitaria de la crisis generada por la COVID-19 y los requerimientos de reactivación demandados para amortiguar su efecto en las aristas económica y social.

En palabras simples, consiste en el manejo de dos líneas de acción opuestas, según corresponda. Por una parte una línea orientada a endurecer las medidas establecidas por los protocolos de salud pública, en aquellas regiones, cantones y distritos, donde los datos epidemiológicos indican un número elevado de contagios corroborados o de riesgo potencial de transmisión masiva del virus transmisor de la enfermedad, lo que significa la aplicación del martillo; por otra parte, en forma simultánea, la  adopción de una línea en sentido contrario, caracterizada por la  flexibilización de  dichos protocolos, en las áreas territoriales cuyos datos médicos arrojan cifras menos altas, controlables sin necesidad de medidas de contención más rigurosas, lo que es la aplicación del baile.

El baile no implica la supresión absoluta de las medidas sanitarias establecidas desde marzo, cuando se detectó la presencia del virus en la geografía nacional; antes bien supone su atenuación y adaptación a un entorno espacial caracterizado por una presencia menos agresiva de aquel. Su motivación es estrictamente de orden socio-económico, a saber: disminuir de manera progresiva los impactos producidos por la paralización cuasi-total de las distintas actividades generadoras de riqueza como consecuencia directa de la decisión política de minimizar la circulación e interacción social, en aras de aminorar la velocidad y magnitud de transmisión colectiva del virus.

Origen de la estrategia del Martillo y el Baile 

La estrategia como tal no es de autoría de la Administración Alvarado Quesada, ni siquiera encuentra su origen en el continente americano. La estrategia fue concebida por un ingeniero nacido en Francia, pero criado en el Reino Español, de nombre Tomás Pueyo. El hoy consultor en Silicon Valley publicó en marzo, específicamente el día 19, un artículo intitulado “El martillo y la danza”, en el que planteó una teoría sobre la evolución de la pandemia, a partir de una variable fundamental: el abordaje dado por cada Estado a la misma.

Su tesis central giró en torno a la aplicación de una cuarentena dura y breve (martillo) y luego medidas de distanciamiento social más relajadas (danza) para convivir con el virus, evitando con ello su expansión incontrolada.

Junto a este artículo, nueve días antes, publicó “Coronavirus: Por qué debemos actuar ya”, en el que exhortaba a las autoridades de los distintos gobiernos y organismos multilaterales a asumir medidas duras para mitigar la propagación del SARS Cov-2 y con ello disminuir los estragos de la enfermedad por aquel transmitida.

A partir de la emisión de ambos escritos, Pueyo se convirtió en una referencia para muchos líderes políticos, a los que asesoró en países tan diversos como Estados Unidos, España, Perú, Kenia y Argentina.

En Costa Rica sus planteamientos fueron acogidos por el INCAE Business School, a manera de insumo de un documento intitulado: “El mazo y el baile desde la perspectiva costarricense: Ideas para un diálogo nacional que facilite la reactivación económica y social sin arriesgar la estrategia de supresión del contagio y fortalecer la capacidad de respuesta del Sistema de Salud costarricense”, mediante el cual  lo adaptó a la realidad del país.

El documento referido fue presentado como propuesta técnica a los tomadores de decisión vinculados directa o indirectamente a los esfuerzos para fortalecer al Sistema de Salud Pública Costarricense y se efectuó dentro del marco formal del “Task Force” establecido entre la CCSS y el INCAE Business School el 31 marzo de 2020 mediante oficio GG-0840-2020.

La estrategia, siguiendo los lineamientos de su creador Pueyo, apuesta a la supresión del virus, antes que a  la mitigación. En la práctica supone:

“Parar agresivamente la epidemia reduciendo la capacidad infecciosa del coronavirus, manteniendo este enfoque por lo menos durante 18 meses. Esto no implica paralizar durante todo ese tiempo nuestras vidas y eliminar toda actividad económica. Implica medidas muy estrictas al principio, por unas pocas semanas, y luego tener mecanismos para ir abriendo poco a poco la actividad, sin perder la capacidad de volver a cerrar rápida y agresivamente ante posibles aumentos en la capacidad de infección del virus”. (Barahora, 2020)

Esta combinación de líneas de acción serían una constante hasta tanto no se disponga de una vacuna efectiva y se haya aplicado a la población, o al menos a una buena parte de la misma.

La estrategia parte de un supuesto central e inobjetable: el carácter científico de los criterios  de cierre de actividades, enmarcados en la priorización asignada a la salud, como valor supra-económico, lo que deviene en la aceptación tácita de: “una autoridad central de salud, que es confiable”. (Barahora, 2020)

Asimismo supone la disposición por parte del Gobierno Nacional de mecanismos efectivos de comunicación, que permitan suscitar adherencia social a su adopción, elemento indispensable para tornarla viable y exitosa.

Adicional a lo anterior, los estudiosos del INCAE asumen como condición sine qua non para concretar la adaptabilidad de la estrategia, la aceptación de los siguientes rasgos como inherentes al ser costarricense. A saber:

  • Mayor criticidad a las directrices emanadas de las figuras catalogadas como autoridad, indistintamente de su naturaleza (política, científica o económica).
  • Limitada tolerancia a escenarios de incertidumbre
  • Una valoración menor del individualismo en comparación a su estima por parte de otras culturas, como la estadounidense.

En palabras del autor Barahona: 

“Como costarricenses, que somos, vamos a querer participar todos, opinar todos y tener muy claras algunas definiciones sobre quién, cómo y por qué se “pega el mazazo” o se “sale a bailar” para que se nos baje la incertidumbre que tanto nos disgusta, ni se nos cuele la sospecha de privilegios que desde siempre, y hoy más que nunca nos disgustan y nos separan”. (Barahora, 2020)

A partir de las dos premisas indicadas y de las consideraciones sobre la idiosincrasia del ser costarricense antes esbozadas, el documento pretende hacer la citada estrategia: “viable jurídica y administrativamente”, (Barahora, 2020) a partir de la participación activa de la institucionalidad pública y comunal, desde su dimensión local, bajo la tutela jurídica de la Ley Nacional de Emergencias y Prevención del Riesgo.

Para ello descansa en el uso de las facilidades tecnológicas existentes en el país; concretamente señala como estratégicas tres plataformas: dos ya en operación: el Expediente Digital Único en Salud (EDUS) aportado por la Caja Costarricense de Seguro Social y el Sistema Integrado de Compras Públicas (SICOP) y una que: “no existe y que conceptualizamos como parte de nuestro aporte y que rápidamente puede dotar a la Comisión de Emergencias y a los Gobiernos Locales la capacidad para implementar en cada región y municipio, empresa por empresa, los lineamientos del Gobierno Central”. (Barahora, 2020)

Concretamente la plataforma aludida se denomina: ““Autorización Condicional de Operación de Empresas” (ACOE) y consiste en una base de datos que incluya la información de todas las empresas situadas en los distintos cantones del país. Tal sistematización es posible, señala el documento, gracias a la reciente implementación de la factura electrónica y el régimen simplificado.

Señala el documento: “siguiendo los lineamientos del gobierno, las empresas recibirían una calificación que les permitiría operar”. (Barahora, 2020) .

La supervisión del cumplimiento de aquellos sería potestad de la institucionalidad pública local (Comités Locales de Emergencia y Autoridades Municipales) y se complementaría con la veeduría de la ciudadanía asentada en los territorios.

Es esta plataforma en síntesis, el valor agregado aportado por el equipo multidisciplinario del INCAE Business School, a la estrategia del ingeniero europeo, para hacerla aplicable, desde su perspectiva técnica, a la realidad costarricense.

Sobre la puesta en operación de la estrategia, el documento designa al Poder Ejecutivo, a partir de la información proporcionada por sus autoridades sanitarias, como el responsable de determinar cuándo y dónde se aplica el martillo o el baile.

También indica que el baile no es igual para todos los sectores, ni en intensidad, ni en duración.

Al respecto el documento señala:

“Ni bailan todos, ni todos bailan igual. La respuesta tampoco puede venir por sectores. Los criterios para decidir quién baila o no, para ser correctos tienen que ser el resultado de ponderar riesgo a la

salud e importancia para la sociedad; para ser justo requiere una granularidad mucho mayor, hasta el nivel de empresa, pues es en esta unidad que se puede evaluar comportamientos riesgosos y aporte a la comunidad; para ser transparente requiere de la participación de la ciudadanía activa en la gestión tanto del cierre como en la planificación y desarrollo del baile”. (Barahora, 2020)

Nótese que la estrategia recomendada parte de una segmentación del conglomerado social, a partir de su priorización en función de criterios objetivamente establecidos y descansa, como eje transversal, en la ya señalada participación efectiva de los distintos actores sociales a lo largo de su implementación, incluida su fase de planeamiento.

La figura adjunta consignada en el documento por el autor Barahona lo expone en forma gráfica:

Mecanismo de acción para mejorar la efectividad que requiere la respuesta rápida ante un mazazo y la cuidadosa planificación y gestión prudente cuando las autoridades vuelven a autorizar los bailes.

Derivado de lo anterior, se consignan cuatro distintas expresiones del baile, definidas a partir de un número equivalente de categorías de entrada al mismo, las cuales se aplican de forma fluida, esto es, en circunstancias específicas se adopta una de las modalidades.

Tanto su implementación, como el eventual retorno al martillo en cualquier momento, dependerá de los datos epidemiológicos aportados por la autoridad central de Salud y previamente coordinado con los actores locales líderes, antes señalados.

La estrategia del Martillo y el Baile en la práctica 

La realidad concreta de la puesta en escena de la estrategia del Martillo y el Baile, desde su anuncio en junio, ofrece datos que permiten inferir una distancia relativa entre los aspectos medulares contenidos en la propuesta ofrecida por el INCAE y la forma en que se ha venido ejecutando por parte del Ejecutivo.

En lo tocante a la existencia de una autoridad superior, liderada por las entidades públicas ligadas al sector salud junto a la dirección nacional de la institución responsable de la atención de emergencias; la sujeción a los datos duros concernientes a la evolución del grado de penetración del virus SARS CoV-2 en los distintos cantones y distritos del país, así como al nivel de expansión e impacto comunitario de la enfermedad COVID-19 y la priorización del tema salud, se observa coincidencias con lo recomendado en el documento de marras.

Empero, en lo correspondiente a la forma de aplicación de la estrategia y a la adopción de las distintas modalidades de baile o danza, se advierte disonancias entre el modelo propuesto y la estrategia efectivamente aplicada.

Sobre lo primero, cabe indicar la existencia de la denominada Sala de Análisis de Situación Nacional del COVID-19, liderada por el Ministerio de Salud Pública y la Caja Costarricense de Seguro Social, en su condición de administrador general del sistema hospitalario público, complementada por la Dirección Superior de la Comisión Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias y apoyada por distintas entidades del Ejecutivo cuyas competencias son inherentes al cumplimiento de los fines que justificaron sus creación.

En torno a lo segundo, se citan desde la codificación escogida para organizar la distribución de los micro-territorios, apoyada en una terminología de carácter cromático: las ahora populares alertas: verde, amarilla, naranja y rojo; así como los criterios seleccionados para la ubicación dinámica de aquellos en las categorías indicadas, especialmente fundamentada en la llamada “tasa de ataque del virus” y, especialmente la débil coordinación con autoridades sub-nacionales y actores de la sociedad, según lo expresado de manera pública y en forma reiterada, por representantes de aquellos.

A través de los medios de comunicación y de plataformas digitales, es recurrente el llamado a las autoridades nacionales, por parte de titulares de alcaldías y de liderazgos de sectores empresariales, sociales, académicos e incluso religiosos, a ser incorporados de manera proactiva en la gestión de la estrategia, desde la fase de identificación y distribución de los territorios en cada una de los tipos de alerta establecidos, así como en las etapas sucedáneas de implementación, control y evaluación de resultados e impactos de la aplicación de la estrategia.

La extensión espacial y temporal de la alerta naranja, equivalente a la aplicación del martillo, especialmente ha sido objeto de tensiones y amenaza con escalar el conflicto producido por los efectos económico y social generados por la crisis sanitaria de la pandemia.

A manera de conclusión 

Si bien la apuesta por priorizar la dimensión de salud pública es ética y técnicamente correcta, según lo observado a nivel internacional, se hace necesario buscar un balance con la atención de las otras dimensiones afectadas, tanto por la pandemia en sí, como por el modelo de gestión escogido para enfrentarla y que dicho equilibrio sea resultante de un proceso de gestación colaborativo de amplia base social, a efecto de darle blindaje político.

Tal y como lo refiere el documento del INCAE, en una coyuntura caracterizada por su grado de complejidad y permeada de tal nivel de incertidumbre, es indispensable procurar la mayor legitimidad de la estrategia seleccionada, a efecto de: “salgamos juntos de esta crisis sanos y con un renovado proyecto de Nación.” (Barahora, 2020)

Es imperativo evitar que las crisis sanitaria, económica y social de la Pandemia adicionen una más en la dimensión política de la sociedad.  La búsqueda del diálogo nacional aludido en el documento aportado por el INCAE, siempre necesario y pertinente, es en la presente etapa de la situación enfrentada, fundamental y  decisiva.

INCAE: El mazo y el baile desde la perspectiva costarricense

 



Sergio Araya Alvarado.
Politólogo. Coordinador de Proyectos del Área Política para Costa Rica de la Fundación Konrad Adenauer.

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