Sergio Erick Ardón: De ingleses

Sin drama , de manera suave y ordenada, a los veinte años,  dejé atrás mi fe religiosa. Bertrand Russell me condujo de la mano. Y era un pensador inglés, que se sumaba a mi corta lista de ingleses simpáticos

0

Sergio Erick Ardón Ramírez.

Debo confesar que desde los tiempos de estudiante de secundaria,  en los  que era lector diario de Emilio Salgari y de su creación cumbre, Sandokan,  desarrollé un cierto prejuicio en contra de Inglaterra.  Sandokan luchaba contra el colonialismo inglés que buscaba apoderarse de las islas de lo que hoy es Indonesia, y esa lucha también lo llevó a viajar a La India y a ser testigo de atrocidades sin nombre de los colonialistas del Imperio Británico.
Salgari, italiano él,  describía todo esto con información y pasión.
Conocí después de la Inglaterra subyugadora de pueblos en África , en Irlanda , en Escocia, la guerra del opio impuesta a los chinos,  y de sus incursiones coloniales en tierras americanas, de ahí su robo de las argentinas Islas Malvinas. Todo marcado por una ostensible y altanera prepotencia imperial.
De todo esto supe y entonces mis simpatías por lo inglés eran muy pequeñas. El naturalista Darwin y la leyenda de Robin Hood,  salvando la tanda.
Tanto era mi prejuicio que en mis diferentes visitas a Europa nunca visité Inglaterra, no era de mi interés.
Estando como estudiante de urbanismo en Francia, un amigo español, en una librería, me regaló un pequeño libro. Habíamos estado conversando sobre religión y como mi religiosidad me había abandonado. Francisco Domínguez , gallego, alférez de navío, desertor de la marina franquista, al darme el librito me dijo: Bertrand Russell te va a ayudar.
Y así fue, de Russell sabía que era un escritor y filósofo  ganador del premio Nobel de literatura, pero jamás me había interesado por conocer sus obras. Seguro por ser inglés.
El libro se titula, «Por qué yo no Soy Cristiano». Lectura fácil, escrito sin elucubraciones alambicadas ni complejidades filosóficas, llano, directo, amable.

Mi alejamiento de la Iglesia Católica y mis ideas poco maduradas sobre mi nueva condición de descreído, encontraron en Russell respuestas atinadas y concluyentes fortaleciendo mi agnosticismo.

Sin drama , de manera suave y ordenada, a los veinte años,  dejé atrás mi fe religiosa.
Bertrand Russell me condujo de la mano. Y era un pensador inglés, que se sumaba a mi corta lista de ingleses simpáticos.
Cuando después, al regreso, en familia o entre amigos, expresaba mis ideas sobre temas religiosos, no pocas veces, por simplismo,  se las achacaron a Marx o a alguno de los teóricos marxistas. Pues no,  mis convicciones y mi ideario tienen otros incentivadores y el inglés Bertrand Russell es uno de ellos.
Debo también agregar que mi  reticencia a visitar Inglaterra, no se  sostuvo. El hecho de que dos nietas de Xinia hagan vida ahí, siendo su padre de origen inglés, me llevó a acompañarla en su visita.
Pocas ciudades tienen el señorío y la belleza reposada de Londres, ni museos tan variados y ricos. Chester, Oxford, York, son joyas urbanas de múltiples encantos, la campiña inglesa es de lo mejor, y ya las calles están llenas de gentes de todas procedencias y colores,  que han pasado a ser ingleses. Eso alivia racismos y supremacismos.
Ya sé que tanto que tienen, tiene que ver con sus correrías imperiales y sus múltiples tropelías, pero eso  sería tema para otra ocasión y no desdice lo que hay.
Me siento solidario con escoceses independentistas y con irlandeses unionistas, defiendo las Malvinas argentinas, si , y también reconozco que no solo Darwin , o Russell , o Robin Hood son rescatables y respetables, que hay en esas islas brumosas, mucha gente más, que bien merece simpatía y respeto.

COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...
La Revista es un medio de opinión libre y gratuito, pero necesitamos su apoyo, para poder continuar siéndolo Apóyanos aquí
Holler Box