Sergio Erick Ardón Ramírez.

Sin que sea relevante que tengamos o no la devoción por “La Negrita” lo indiscutible es que la mayoría de los costarricenses o tenemos o respetamos esa devoción.
Lo que pensemos sobre su aparición y sobre su culto pierde importancia frente al hecho cierto de las realidades. Realidades que no pueden ignorarse o menospreciarse.
Eso es una cosa. Cosa muy diferente a montarse sobre la devoción para manipular y usar groseramente a la gente.
Que es lo que ha hecho el presidente Chaves, que parece tener por propósito el dividir y confundir.
No, no es correcto pretender usar como aliada o como respaldo a la virgen, para fortalecer objetivos políticos.
Primero porque Costa Rica no es un todo homogéneo. Cerca del 40% de los costarricenses o profesan otras religiones o no profesan religión alguna. Por tanto es torpe y siembra división la burda forma en que Chaves se refiere a la Virgen de los Angeles. A la que pone a ser inspiración de su gestión, dándole a esa gestión tan atropellada como cuestionada, carácter divino.
Es sabido que el uso de las creencias religiosas en la política es un grueso error. Las cosas de Dios y las del César deben andar separadas.
Las propuestas políticas se nutren de los intereses de grupos y de clases, que se disputan el poder. Absurdo es que a los santos y deidades se les ponga a tomar partido.
No estamos ya en tiempos de la Edad Media ni hay espacio para Cruzadas. Insistir en ese error es grosera manipulación y es cinismo.
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Por Sergio Erick Ardón Ramírez

Estudio arquitectura en el Instituto Tecnológico de Georgia, EEUU. Dirigente y Político - Fundador del MRP.