Sergio Erick Ardón Ramírez.

Cuando en un obsoleto trasatlántico griego , el Reina Federica, crucé el océano, esto en el verano de 1957, yendo de Nueva York a Málaga, me encontré con un buen número de costarricenses que estudiaban tanto en España como en Italia.
Ya en Madrid me recibió Francisco Saborio Vargas, “Paquito”, estudiante de medicina , lo mismo que su hermana Caridad.
Fué él quién me llevó a una corrida de toros en Las Ventas, primera y última vez que fui testigo de esa porfía primitiva.
De la capital del Reino de España, de ese Madrid, centro del poder de la dictadura del general Francisco Franco y Bahamonde, en un tren impulsado por carbón, pase a Barcelona.
Tenía una gran ilusión de reencontrarme con mi amigo más entrañable, el de amoríos, serenatas, estudios y correrías, porque Oscar Valverde Rodríguez fue eso para mi. Hijo único de una singular pareja de panaderos, Esperanza y Melico, que se empeñaron en hacer un médico de su hijo, comprometiendo todos sus haberes.
Con él estaban Roberto Galva Jiménez y Gastón Salazar Crespo, que conformaban el trío de estudiantes alajuelenses. Roberto y Gastón egresados del Instituto de Alajuela, Oscar en cambio lo era del Colegio Seminario, otro esfuerzo de sus padres para darle la mejor educación posible y hacer de aquel muchacho fogoso, de una inteligencia especial, un católico devoto, que sería un insigne profesional. Lo primero no lo lograron, en darle cumplimiento a lo segundo estaba Oscar en Barcelona, haciendo los años de dos en uno. Estudiante destacado como ya lo había sido en el Colegio Seminario.
Con ellos, aunque los tres hablaran de tu, me entendí de maravilla. El vos, a mi siempre, hasta en los mismos infiernos , me acompañó.
Galva, que ya se había desposado con una mujer puertorriqueña, era hijo de un artesano catalán emigrado a las cálidas tierras de Alajuela. Gastón, por el lado de su madre, tenía también un cercano origen peninsular. Pero, tuvieran el origen que tuvieran, lo que los definía de manera indiscutible y evidente era su condición de alajuelenses. Suma de virtudes y defectos difíciles de ocultar.
La semana larga que estuve con ellos en Barcelona, fue tan intensa y tan llena de aventuras que no viene en esta ocasión contar, sería de nunca acabar.
De Barcelona a la frontera francesa, en un tren de medio ver, está vez acompañado por Gastón. De Port Bou hasta Marsella el trayecto a través de la Camarga, ya en buen tren, Francia era Europa, España seguía siendo la avanzadilla africana en Europa, las diferencias notorias eran brutales, en mucho consecuencia de una dictadura ultra conservadora y mojigata. Algo que aún hoy se puede ver.
Ya en Milán, la industriosa capital de la Lombardía, que décadas atrás había deslumbrado a mi abuelo Cipriano, y que era mi parada final, puesto que esa ciudad es la sede del Intituto Tecnológico de Milán , donde yo pretendía matricularme para seguir con el objetivo de ser arquitecto de calidad.
 Ahí estaba un alajuelense muy especial. Iván Sibaja Molinari, el tenor lírico de Alajuela, el único que ha habido y habrá. Fue Iván , nuestro anfitrión y mi primer maestro de italiano. Idioma por lo demás que siendo romance es muy fácil de aprender.
Iván, de personalidad fuerte y recia, estudiaba canto. Su profesor, que tenía un rico historial como formador de grandes y afamados cantores, entre ellos Tito Schippa, metió a Iván en una terrible disyuntiva. Su voz no estaba definida, si tenor lírico o barítono. Es por eso que mi anfitrión no vivía de buen humor.
Con él y con Enrique Gutiérrez Diermissen y Eduardo Aguilar Cortés, alquilamos un apartamento en el barrio de Lambrate. Enrique era un josefino, pero con madre nacida en Alajuela, eso hacía alguna diferencia, a la hora de compaginar. La familia de Eduardo proveniente del cantón de Naranjo, eran ya alajuelenses, sin más.
Los cuatro meses que conviví con ellos en Milán, fueron ciento veintipico de días, todo el verano y ya entrado el otoño de 1956 , muy gratificantes. Conflictos o desaveniencias ninguna.
La ciudad de Pavía se encuentra al sur de Milán, también en el valle del Pó. Tiene su universidad, y algún renombre tendría, que atrajo a un grupo de jóvenes que querían convertirse en médicos. Todos ellos egresados del Instituto de Alajuela.
Nos visitaban y los visitábamos, y algunas aventuras compartimos. Negro Aguilar, Macho Gómez, Iván López Ocampo, Álvaro Vázquez, a los que acompañaba Pedro Morera Villalobos que hacía su doctorado en microbiología.
La oportunidad que me dió la presencia de Willy Lizano Cordero, el vástago de la salsa Lizano, al volante de un flamante Mercedes Benz de color amarillo flor de ayote, el único en toda Europa de ese color, escogido personalmente por Willy en la fábrica alemana, y que por dondequiera que pasaba causaba sensación, nos llevó a Boloña, a Pisa , a Siena, a Florencia , a Napolés y a Roma, donde todos los caminos van. En Roma mis devociones católicas flaquearon, el tesoro del Vaticano me puso a temblar, y eso que estuvimos entre los peregrinos bendecidos por el Papa, Pío XII, alto y flaco, narigón , el mismo que yo había interpretado, cuando niño de 8 años, por las calles de Alajuela.
Roma que es una ciudad muy bella sumó otros encantos. Willy nos llevó a saludar a su amiga, para variar, alajuelense también, que posteriormente llegaría a ser muy famosa con el grupo musical Los Machucambos, Julita Cortés. Quien se ofreció a ayudarme con los trámites consulares de revalidación de atestados y diplomas para ingresar al Tecnológico de Milán. Ahí surgió una aventura, pero ya eso es otro cantar.
Esto ¿por qué?
Es que, en España, con todo y Franco, y en Italia, la matrícula a las universidades era gratuita para los latinoamericanos.
En USA en cambio, de gratuidad nada. Lo que marcaba una diferencia social y económica entre los estudiantes.
En Georgia Tech mis compañeros, todos, provenían de familias pudientes o de abolengo. En España e Italia y luego veremos que en Francia también, los gastos eran los de hospedaje y alimentación. Y eso atraía, y abría oportunidades de formación universitaria a jóvenes provenientes de sectores medios y hasta de familias humildes, que se partían el pecho para darle a sus hijos la oportunidad de estudiar. Sucedía lo mismo con México , con Argentina, con Brasil, con El Salvador, que eran otros destinos que atrajeron a muchos.
En Costa Rica , para entonces no existían escuelas de medicina ni de arquitectura.

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Por Sergio Erick Ardón Ramírez

Estudio arquitectura en el Instituto Tecnológico de Georgia, EEUU. Dirigente y Político - Fundador del MRP.