Sergio Erick Ardón: El primer viaje

(Podría haber sido el último)

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Sergio Erick Ardón Ramírez.

Hoy domingo, hay una especial quietud. No llego a atinar porqué, puesto que todos estos días de confinamiento, tienden a ser iguales de placenteros y monótonos.
Será cosa de atavismos que arrastramos. Siendo la tradición católica que el domingo es día de guardar. Esta vez , al desayuno que fue tarde, el tema que surgió espontáneo. Fue el de las muchas veces que tanto Xinia como yo, hemos pasado por aeropuertos.
Esto me lleva a recordar la primera vez que lo hice, Xinia insiste en la más estricta discreción. Tendría yo mis catorce años cumplidos, cuando entró como tromba Carrucho, a grandes pasos superó los veinte metros del zagúan, me agarró fuertemente por el brazo con su mano de hierro y me dijo: «Nos vamos con la Liga para Guatemala».
Mamá, que siempre estaba atenta de para donde cogía su cachorro, salto al quite. «Explicate, ¿cómo que a Guatemala?»
Así nos enteramos que la Liga Deportiva Alajuelense viajaba a Guatemala a cumplir un compromiso deportivo, que consistía en tres partidos con equipos guatemaltecos.
Resulta que el avión era uno especialmente contratado y que como sobraban espacios se invitaba a los aficionados a acompañar al equipo.
Papá, que fue siempre un fiel liguista, tenía una motivación especial. Su muy admirado Carlos Alvarado, el oriundo de Santa Bárbara, nada que ver con el famoso de hoy, sino el portero estrella, que estaba por lo demás a punto de entrar en la familia, puesto que su noviazgo con mi hermana María Eugenia ya había llegado al punto de no regreso.
Así fue como me encontré volando en un avión de LACSA, acompañando al equipo de futbol de la ciudad.
Junto a mi tata, que estaba eufórico, iba Raúl Arias Bastos, uno de sus amigos de siempre y con ellos y con el equipo nos instalamos en el Hotel Colonial.
El primer partido fue con el Comunicaciones a estadio lleno. Difícil victoria, pero al fin victoria, que en futbol es lo que cuenta. A partir de ahí vendrían las complicaciones.
En Guatemala, no conozco bien porqué, había quedado anclados un grupo de jugadores argentinos, que conformaron un fuerte conjunto que llamaron Palermo, no por la ciudad siciliana, sino por el barrio de Buenos Aires. Con el Palermo el choque fue muy duro. Tanto que mi cuñado hubo de ser atendido con un profundo corte sobre su ojo izquierdo, lo que lo sacó del partido.  Al medio tiempo las cosas estaban tan tensas que el Macho Zamora, quiso salir a la cancha con una pequeña chuchilla entre sus ropas. Chumpis Zeledón, se dio cuenta y al Macho lo desarmaron.
Esa Liga era un equipo formidable, con Vivo Quesada y Eric Molina, con Cuca Herrera y Macatre Esquivel, entre otros jugadores ya famosos, y en la puerta, por lo menos hasta el medio tiempo esa vez, con mi cuñado Carlos Alvarado, que lo tapaba todo. Si mi memoría no me falla me suena que el portero suplente era un refuerzo, Hernán Alvarado. El partido se saldó con un sufrido empate y la afición guatemalteca estaba exaltada. tanto como para despedir el bus en que nos retirábamos bajo una lluvia de piedras.
El tercer compromiso se dió en un ambiente casi de guerra, con polícias con armas largas, escoltando el bus del equipo. Y es que ese tercer encuentro era el desempate con los furiosos argentinos del Palermo.
MI tata, hombre belicoso, acostumbrado a las trompadas callejeras, con toda ceremonia calzó su muñequera, he iba dispuesto a todo. El Mateo Flores podría ser un nuevo escenario para demostrar la pegada fulminante de Kid Montana.  Raúl, abogado, hombre de paz, prefirió quedarse en su cuarto.
 A mi todo este ambiente de guerra me envolvía, y aunque lejos estoy de la belicosidad de Carrucho, si me veía viviendo una especie de Odisea.
Tan pendiente estuve de los acontecimientos, extra- deportivos, que caigo en la cuenta que no recuerdo cual fue el resultado en la cancha. Aunque me suena que perdimos. Esto porque no hubo linchamiento, ni nadie fue a parar a un hospital.
Así eran las cosas del futbol y de los nacionalismos primitivos. La semana que pasamos en Guatemala, no toda discurrió en los estadios, dichosamente.
Si hay un país en Centroamérica con atractivos, ese es sin duda Guatemala. Lo indígena lo impregna todo y lo colonial también.
No es por casualidad que la cultura maya fuera muy avanzada y que a pesar del avasallamiento sufrido, mantuviera evidentes sus raíces,  y que Antigua Guatemala primero y ciudad de Guatemala después, fueran asiento de la Capitanía General, de las máximas autoridades coloniales, a las que nosotros como provincia apartada nos debíamos.
Sucedía que vivía en Ciudad de Guatemala una familia Castillo, emparentada con los Herrera Castillo vecinos nuestros en Alajuela.
Ellos muy gentilmente nos atendieron y entre partido y partido nos llevaron y nos trajeron.
Con ellos y por ellos conocimos Antigua y el lago Atitlán y el Amatitlán y Quetzaltenengo. Y por ellos y con ellos, conocí una alemancita, de esas que hay muchas en Guatemala donde se estableció un numerosa colonia alemana.  Con ella, y por una tarde apenas, tuve un tierno flirteo, que a Carrucho le pareció maravilloso, ya que siempre fué pro- alemán, y hasta nazi fué.
Vemos entonces que mi primera salida del país, fue muy colorida, con suerte puede haber sido la última, dados los riegos que corrimos, corriendo detrás de los que corren las bolas.

 

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