Sergio Erick Ardón Ramírez.

Eso ha venido sucediendo. La reina Isabel se ha salvado, pero no así el Primer Ministro Boris Johnson.
El agresivo personaje conservador  que ha manejado los asuntos del Reino Unido por un período, más largo de lo deseado y conveniente, ha renunciado a su liderezago en el Partido Conservador y a su cargo de Primer Ministro.
Una avalancha de renuncias que incluye a 15 ministros y casi cuarenta otros altos cargos lo ha obligado a cojer el amargo camino del retiro.
Le cobran incapacidad política y faltas éticas.
Johnson ha estado en las primeras planas de la prensa occidental gracias a sus bravuconadas guerreristas y sus alardes de nostálgico imperial.
Ha sido, sin duda, el mayor promotor de la guerra, rechazando cualquier posibilidad de negociaciones,  y de las arcas del tesoro inglés han salido miles de millones de libras esterlinas para apuntalar a su amigo el ucraniano Zelensky.
Hace solo una semana decía que él no se iba mientras no pusiera de rodillas a Putin.
Pues ya se va, y el presidente ruso parece estar muy firme en su puesto.
En política, el histrionismo y los alardes, pueden servir para impresionar a los más desaprensivos, pero tienen vida corta y  rara vez dan para consolidar liderazgos.