Shirley Campbell Barr.
Desde que tengo memoria
Llevo mi libertad conmigo, y si, la libertad es un puerta, es una pesada puerta y también la memoria es una puerta, una pesada puerta Eduardo Galeano
Escribo desde que tengo memoria hablo de la memoria
y escribo para no perder la memoria.
Escribo aún antes de la memoria escribo para liberar los fantasmas y ayudar a descansar los muertos presentes.
Escribo aún antes de las palabras escritas y de los versos con formas.
Empecé a escribir desde el vientre de mi madre o aún antes.
Los recuerdos son difusos
casi irreconocibles
más llegan por oleadas
en confusas y borrosas imágenes.
Me recuerdo escribiendo formas en negro en antepasados descalzos
en mujeres de colores brillantes y fuertes.
Escribía entonces, palabras sin palabras significados imprecisos pero llenos de dolor.
Escribo mucho antes de la palabra hablada y mucho antes de la escrita.
Escribo desde que tengo memoria o aún antes de la memoria.
Empecé a escribir con los ojos
y los recuerdos
y los mensajes escritos vientre adentro
mucho más adentro.
Escribo desde hace cientos de años,
desde el tiempo en que mi abuela más antigua contaba historias en una aldea lejana
en algún lejano pueblo
de mi lejana África.
Fui yo
quien con las manos de otros
escribí las primeras crónicas que entonces no fueron llamadas de historia.
Fui yo
quien con las memorias de otros
y con tinta negra en manos negras escribí las historias
sin palabras y sin libros
de las más grandes civilizaciones.
Hablé de civilizaciones oscuras y brillantes
que se paseaban por la África de mis antepasados y atravesaban el mundo dejando su huella impresa y escribiendo sin lápices y sin tinta alguna
sus propias historias.
Las historias de la África de mis antepasados describiendo sus vidas mucho antes de ser descubiertos.
Escribí discursos de reinas altas y sabios reyes que gobernaban con bondad y justicia.
Escribí cuando mis manos aún no tenían manos.
Fui yo quien conté las crónicas de la captura de la tortura y del viaje.
Conté y del sufrimiento
y de los hijos y las hijas
que fueron quedando en el camino.
A mí me tocó hablar de la rebeldía
y de la libertad y sobre todo de la verdad.
Yo conté las fábulas y las historias verdaderas que nunca fueron colocados en los libros.
Hoy sigo relatando las verdades
que tengo amontonadas en la espalda
y sigo reportando de rebeliones y de pobreza. Hoy continúo hablando de las virtudes
y del amor profundo que nos vive
y se nos impregnó en la piel
y por el cual estamos vivos.
Hoy respondo en maldiciones
y en poesía
y en palabras verdaderas.
hoy sigo escribiendo en los árboles y en las paredes y en la arena
y en la mente de los hijos
y en el alma de las mujeres y en la piel de todos.
Continúo contando sobre pueblos enteros que celebran y cantan y son desplazados y son muertos y están vivos
y siguen muriendo y despertando impávidos todos los días.
Por eso escribo
porque la memoria a veces me falla
y la historia me falla
y mi abuela que murió ya hace cientos de años no deja de cobrarme mi parte del trato.
Escribo porque escribir es la mejor forma que conozco para no morirme
es la única forma que conozco
para seguir viviendo
junto al resto de mis muertos.

