Sofia Arguello Madrigal – Mujeres con discapacidades: Una lucha histórica en un contexto de doble discriminación

Dedicatoria: Este artículo conmemorativo al Día Internacional de la Mujer se sustenta en la clara y palpable desigualdad de género que ha sido marcada por el patriarcado que subordina a la mujer en toda práctica social y que, a la vez, anula todo aporte femenino a la ciencia y sus paradigmas modernos y fundadores. Siendo así, este articulo nace como un homenaje a las mujeres que perdieron su vida “por una escalera de incendios”, por todas aquellas voces calladas durante años, las voces que nadie escuchó.

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Sofia Arguello Madrigal, socióloga

Resumen:

El feminismo ha conseguido avanzar significativamente en la lucha por los derechos de las mujeres. Sin embargo, existen muchas demandas y necesidades de las mujeres con discapacidad que no han sido atendidas. Las mujeres con discapacidad suelen no ajustarse a la performatividad socialmente esperada por eso son objeto de una doble discriminación y enfrentan nociones estereotipadas como: La asexualidad impuesta, el sometimiento infertilidad quirúrgica,   “no ser objetas de deseo” y las brechas para insertarse laboralmente, restricciones en la participación política.

Contenido:

a lucha feminista siempre ha estado en favor de la reivindicación de los derechos de las mujeres. Algunas victorias del movimiento son: el sufragio femenino, la ciudadanía de la mujer indígena, la incorporación a las universidades, la inserción laboral femenina, el papel  de las mujeres en asuntos de índole político y científico, entre otras.

Sin embargo, ninguna desigualdad humana tiene tanto peso social como la desigualdad de género. No existe una historia tan paralela a la tradicional como el papel femenino en la misma; todo ámbito social ha sido tergiversado a favor de la masculinidad tradicional.

La lucha de clases, según sexo biológico o auto-percibido, aunque es muy marcada, no es la única injusticia social existente. En efecto existe un sector de la humanidad que ha sido marginado, etiquetado, dominado, limitado y coaccionado: la población con discapacidad.

«La discapacidad, como el género, está en todas partes, una vez que sabemos cómo encontrarla» (Garland-Thomson: 1996, pag.20)

¿Cuál ha sido el aporte del feminismo para las reivindicaciones de género propias de la mujer con discapacidad?

Los estudios feministas de la discapacidad re-surgen en los años noventa en el ámbito anglosajón.

La crítica feminista de la discapacidad no se distingue porque su objeto de análisis sean las mujeres con discapacidades, sino porque estudia la discapacidad desde un paradigma teórico propio de los estudios de género, con una perspectiva crítica del sistema de género y opresión. (Balza. I: 1989.pag.1) .

Como afirma Anita Silvers (2009), la teoría feminista, aunque aún no ha incorporado de forma generalizada la perspectiva de la discapacidad, ha sido con diferencia uno de los ámbitos filosóficos que mayor atención le ha prestado desde el punto de vista de la identidad (Pág. 75).

En el libro “Una vida mejor para las mujeres con discapacidad” del año 1979,  la autora Jo Camping toma  los discursos biográficos de mujeres con discapacidad acercando la condición al rostro humano, alejándola del paradigma biológico.

La Teoría Crip, enfatiza los cuerpos con discapacidad de las mujeres para liberarlos de la visión médica rehabilitadora -que durante siglos ha dominado–. Tal como diría Judith Butler: para otorgarles un papel de resistencia, para convertirlos en un campo de batalla, resistente ante el binomio normal/anormal.

A lo largo de la historia, por causa de la  influencia de luchas y reivindicaciones propias, las mujeres con discapacidad se transformaron de objetas de atención médica y caridad a sujetas de derecho. Este salto cultural se da cuando se comprende que la discapacidad es un fenómeno de origen social.

El libro “Discapacidad y Dependencia: Una Perspectiva de Género” aporta en un sentido más amplio:

Ser mujer con discapacidad marca una trayectoria de doble discriminación, como mujer y como discapacitada, y añade barreras que dificultan el ejercicio de derechos y responsabilidades como personas, la plena participación social y la consecución de objetivos de vida considerados como esenciales. La discriminación de género, añadida la discapacidad, margina doblemente a esta parte del colectivo. (Soler.D: 2008 pag.2)

En este sentido, las mujeres con discapacidad, al no cumplir con una performatividad física socialmente esperada, son vistas como personas asexuadas, indeseables e invisibilizadas como sujetas de reproducción social. Esta realidad se refleja desde el punto de vista empírico: se conoce, a partir de estudios realizados, que la vida cotidiana de las mujeres con discapacidad se desenvuelve en un contexto social que violenta sus derechos.

Se considera, además, que la invisibilización de estas mujeres se genera no solamente desde las concepciones e imaginarios que emergen desde los saberes y discursos de la sociedad, sino también desde el feminismo porque históricamente han sido ignoradas en sus necesidades particulares así como sus luchas en pro de sus cuerpos, sus géneros y sexualidades. García (2015) afirma  que “los estudios de género y feministas no han concebido la discapacidad como una variable analítica clave” (García: 2015; pag.2).

Ante esto, caben las preguntas: ¿Qué significa para una persona tener una discapacidad y ser mujer? ¿Cuáles dinámicas históricas han reforzado esta invisibilización sistemática? ¿Tal rasgo es únicamente biológico y en qué  grado la discapacidad es socialmente construida ?

Citando  a Agnes Heller  (1977) “no es necesario gastar muchas palabras sobre el hecho evidente de que una cualidad aunque natural, es siempre social, socializada.” (pag.27).

Respondiendo a las preguntas, vale considerar que   existe  una doble discriminación: la mujer con discapacidad no se enfrenta solamente a una desigualdad de género en términos tradicionales sino  también a una desigualdad estructural incluso más difícil de romper.

No es de extrañar que dados los modelos y patrones que nos enseña la sociedad veamos a mujeres  como seres asexuadas, amargadas, frustradas, etc. (Gonzales, Chamorro: 2009, 63)

Por ejemplo, la autora July Joe Clarke (2008) se centró en el estudio de las expresiones artísticas en el que concluyó que el cuerpo de mujeres con discapacidad estaba esculpido de forma desagradable, no como un objeto tradicional de deseo.

Bárbara Creed (1993) sostiene que las mujeres han sido también consideradas monstruos a lo largo de la historia, pero para las mujeres con discapacidad son dobles monstruos, sus cuerpos son analizados como tal y eso aumenta la subordinación. Un ejemplo contundente de estas relaciones misóginas donde se asocia la mujer y la discapacidad  “como una monstruosidad” se daba con mayor visibilidad en épocas antiguas donde la persona con discapacidad era asociada a los espantos, e incluso era exhibida como espectáculo circense. Sin embargo, en el caso femenino esta explotación era más intensa.

Así, las mujeres con discapacidad son construidas como asexuadas e incapaces de acceder a prácticas sexuales y reproductivas, se cuestiona su lugar como sujetos en función de los discursos que definen lo humano con base en la perfección y la racionalidad; cualidades que ponen en tela de juicio a estas mujeres, debido a sus diferencias físico-corporales, y por ende, se les coartan las posibilidades de tomar decisiones sobre su cuerpo y su sexualidad de manera autónoma. (Cruz: 2012, pag. 22)

En este sentido, el libro  “Doble discriminación por razón de género y discapacidad” sostiene que:

“esta propuesta nos da pie a preguntarnos si una mujer con discapacidad podría empezar su itinerario de liberación en el mismo punto, es decir, empezar matando a un fantasma que reúne todas esas características asignadas a las mujeres desde un modelo tradicional. ¿Acaso no existe la tendencia a no atribuirles rol alguno, ni siquiera los más tradicionales? No se las ve como madres, tampoco como jefas, no son diputadas, no se les reconoce su sexualidad…” ( CANF: 2009, pag.3)

Respecto a las citas anteriores, se reflexiona en torno a que el feminismo necesariamente debe  de luchar también por otras necesidades en conjunto. Si una mujer con discapacidad es asexuada socialmente, -o si según el imaginario- únicamente participa de una relación coital en términos de abuso y no por deseo mutuo,  no se puede  decir que, pese a ser mujeres, sus roles impuestos son los mismo que la mayoría. Aún más evidente, si desde sus pocos años  son esterilizadas mediante mecanismos quirúrgicos sin su consentimiento, o se les inculca el miedo al acto sexual, aquí no se trataría de la imposición de los roles tradicionales de la mujer, sino posibilidades negadas.

La negación de la maternidad en mujeres con discapacidad nos remite a la actitud de rechazo de las familias, de la sociedad, para que estas personas ejerzan su derecho, sin ser estigmatizadas. Muchos médicos han recomendado la esterilización en mujeres con discapacidad mental o física y ni siquiera éstas han sido consultadas. Esto ha constituido una grave violación a sus derechos humanos. De otro lado, es necesaria la información y el consentimiento de quien desee hacerse una esterilización, de la misma forma como debe ser con las personas que no tienen discapacidad. En un contexto de fuerza de autoridades conservadoras, su acceso al aborto es casi imposible. Su vulnerabilidad debido a su discapacidad, las lleva a dobles discriminaciones y violación de derechos. (Mogollón: 2009, pag.8)

Cabe mencionar que estos ejemplos en ningún sentido pretenden restarle peso al patriarcado que condiciona a la mujer como objeto sexual, o que fuerzan a la maternidad como destino manifiesto, tampoco respaldan la odiosa replica de violencia que representa una violación o la cosificación femenina en misóginos estándares de “belleza”; todas son deplorables formas de machismo. Pero, sin embargo, la lucha por la equidad / igualdad de género en términos de discapacidad debe tener otras perspectivas en cuenta.

Ninguna mujer debe de ser asexuada, esterilizada, violada, golpeada o insultada por funcionar y pensar a su manera, no debe ser tampoco objeto de lastima, de espectáculo o admiración sin su consentimiento. Pero aun así, la mujer con discapacidad tiene que enfrentarse a la doble discriminación de un colectivo que impone criterios que estratifican un sexo sobre otro basados en una noción de un cuerpo “ideal”.

La lucha feminista tiene mucho trabajo por hacer. Desde la teoría, se expresa y se comprueba que los patrones de invisibilización de las mujeres con discapacidad son un reflejo de la interacción con una serie de imaginarios socioculturales construidos desde un marco de dinámicas de poder y control sobre los cuerpos.  El detractor principal de estas mujeres continúa siendo un contexto sociocultural que las invisibiliza, suprimiendo sus derechos, su participación efectiva en las políticas públicas y- aún más grave- el casi nulo interés por parte del feminismo por indagar y tratar la problemática.

 

Referencias:

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En esta edición también contamos con artículos de las siguientes colaboradoras:
Abril Gordienko López, Alicia Fournier, Ana Victoria Badilla, Arabella Salaverry, Arlette Pichardo, Dinorah Cueto Cabrera, Elizabeth Jiménez Núñez, Gabriela Giusti, Gloria Bejarano, Inés Revuelta, Jeannette Ruiz, Kattia Martin Cañas, Lilliana Sánchez, María Laura Arias Echandi, María Laura Sánchez, Marinela Córdoba, Marta Acosta, Marta Núñez Barrionuevo, Natalia Díaz Quintana, Sofía Argüello Madrigal, Valeria Madrigal y Waizaan Hin Herrera,
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