Steffen Hertog: Una renta básica universal árabe como ejemplo

Por ahora, una renta básica universal generosa sigue siendo inasequible en los países occidentales. Pero en los estados productores de petróleo de Oriente Medio y África del Norte, alguna forma de reparto directo de la riqueza podría ser la única forma políticamente viable de reformar los abultados sectores públicos y evitar una crisis fiscal a largo plazo.

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Steffen Hertog

LONDRES – La noción de una renta básica universal (RBU) proporcionada por el gobierno ha estado ganando fuerza a lo largo de todo el mundo desarrollado. Si bien las políticas relacionadas a una RBU se enfrentan a importantes obstáculos políticos y fiscales en Occidente, la idea se está imponiendo en una región donde las condiciones para introducir un sistema universal de subvenciones en efectivo son más favorables: la acaudalada Península Arábiga, que es una región exportadora de petróleo.
Las monarquías petroleras del Golfo, si bien en gran medida son autoritarias, ya brindan a sus ciudadanos beneficios muy generosos, entre ellos: educación y atención médica gratuitas, energía barata y, lo más importante, una garantía implícita de empleo público. Alrededor de dos tercios de los ciudadanos que cuentan con un empleo en los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) están empleados en el sector público.
Este sistema ha creado, a la vez, una clase media considerable y distorsiones económicas extremas. Los subsidios a la energía son perjudiciales para el medio ambiente y favorecen desproporcionadamente a los hogares más ricos, mientras que el exceso de empleo público es improductivo y saca a los ciudadanos de la economía del sector privado. Si bien quienes hoy en día recién se integran al mercado laboral, a menudo no tienen acceso al empleo público, dichos empleos públicos distorsionan sus expectativas sobre los salarios y la cantidad de horas de trabajo.
A medida que los precios del petróleo caen y el número de ciudadanos nacionales en edad de trabajar sigue creciendo, los sistemas de bienestar social establecidos por los Estados del Golfo se han tornado en fiscalmente insostenibles. Sin embargo, el empleo público en particular ha demostrado ser difícil de reformar. Los despidos masivos por parte del gobierno son políticamente poco realistas. El desafío es encontrar un nuevo modelo de distribución de la riqueza que sea más justo, más transparente, menos distorsionador desde el punto de vista económico y más sostenible desde el punto de vista fiscal.
Como sostuve en un artículo reciente, el mecanismo más intuitivo y a prueba de manipulaciones para esa distribución de la riqueza sería una RBU. En los países del CCG, de manera excepcional, dicho plan se podría financiar sin aumentar los impuestos, mediante la reforma de las políticas existentes dirigidas al reparto de la riqueza. La idea clave es separar la política energética interna y el empleo público del proceso de distribución de la riqueza, permitiendo así una muy necesaria racionalización en ambos ámbitos.
Una RBU se financiaría con los ahorros derivados de las reducciones de los subsidios energéticos nacionales, la suspensión de la contratación en el sector público y el recorte gradual de la fuerza laboral del sector público. Aquellos que dejen de trabajar para el gobierno recibirían la nueva subvención en efectivo como quid pro quo; incentivos adicionales, como por ejemplo un paquete de indemnización con un monto significativo (un “apretón de manos dorado”), podrían ayudar a acelerar el proceso. La RBU brindaría a todos los ciudadanos adultos la seguridad de contar con una renta básica, pero también les proporcionaría el incentivo suficiente para obtener ingresos complementarios en el sector privado.
Una RBU árabe no se enfrentaría a ninguno de los problemas que atormentan a tales propuestas en los países de la OCDE. Además de no requerir de nuevos impuestos, tal medida no crearía desincentivos laborales en comparación con el statu quo, debido a que las distorsiones económicas derivadas del empleo público inactivo son mucho peores.
En un proyecto reciente apoyado por el Kuwait Programme en la London School of Economics y el Kuwait Public Policy Center, mostré cómo una RBU árabe podría funcionar en la práctica. Simplemente, si se redirigen los actuales subsidios energéticos de Kuwait hacia una RBU, se podrían financiar considerables subvenciones mensuales para los ciudadanos. Con el propósito de reducir las distorsiones que sufre el modelo actual de reparto de la riqueza, los pagos deben diferenciarse. Debido a que los ciudadanos kuwaitíes que cuentan con empleo público ya reciben grandes transferencias implícitas, ellos recibirían una subvención mínima de alrededor de 200 dólares al mes que los compensaría por los mayores gastos de energía resultantes de los recortes de los subsidios energéticos.
Hacer lo antedicho proporcionaría ahorros suficientes para pagar una subvención mensual de 700 dólares a cada ciudadano adulto que no trabaje en el sector público, y de 230 dólares mensuales a cada niño. Estos pagos no brindarían a los beneficiarios una vida cómoda, pero ayudarían a reducir la brecha salarial entre el sector público y el sector privado, misma que hoy en día asciende a alrededor de 1.400 dólares mensuales en el caso de los ciudadanos kuwaitíes. Los ciudadanos que reciben los modestos salarios que se pagan en el sector privado podrían complementarlos con la RBU para alcanzar niveles socialmente aceptables de ingresos totales. Desde una perspectiva política, la introducción de una RBU sería un poderoso contrapeso para reducir drásticamente las contrataciones en el sector público.
Mis estimaciones muestran que si bien todas las principales categorías de ingresos de los hogares kuwaitíes serían beneficiarios netos de la reforma, los hogares más pobres se beneficiarían mucho más, lo que haría que la reforma fuera fuertemente progresiva. Los hogares de ciudadanos extranjeros en Kuwait no serían compensados de manera directa por el aumento de los precios de la energía y, por lo tanto, sufrirían un pequeño impacto financiero negativo.
Si bien el consumo de energía de los antes mencionados hogares de extranjeros suele ser muy bajo, Kuwait debería aplicar estrictamente sus normas de salario mínimo para garantizar que ningún trabajador extranjero de bajos ingresos se enfrente a la pobreza energética. Mis estimaciones también indican que sería mínimo el impacto que causarían los mayores costos de la energía en la inflación y la competitividad de las empresas locales.
Además, las cifras de la RBU que se utilizan en este artículo son estimaciones de límite inferior. Las subvenciones en efectivo podrían ser considerablemente más elevadas si se financiaran con los ahorros derivados de la constricción gradual del empleo público en Kuwait. Una reducción del 10% de la nómina pública podría financiar un aumento de 650 dólares por mes a los pagos de la RBU que percibirían los adultos. En un círculo virtuoso, los kuwaitíes que decidieran dejar de trabajar para el gobierno para así recibir la RBU generarían más recursos para el sistema.
Desvincular el empleo público del reparto de la riqueza daría a los ciudadanos incentivos más fuertes para ir tras la obtención de habilidades que sean relevantes en el sector privado. Debido a que la RBU sería incondicional, no se le “impondrían impuestos” a medida que aumentaran los ingresos privados, minimizándose de esta forma los desincentivos laborales asociados con los programas de bienestar convencionales, en los que los beneficiarios están sujetos a presentar pruebas de los recursos con los que cuenta una persona. La seguridad de una renta básica daría autonomía a los ciudadanos para asumir riesgos empresariales y aprovechar al máximo sus talentos.
Kuwait no está solo. Otros países productores de petróleo en la región de Oriente Medio y Norte de África (MENA) operan sistemas de protección similares, y se enfrentan, esencialmente, a las mismas distorsiones y desafíos fiscales. La misma lógica que se aplica para las reformas de la RBU se aplica en otros países del CCG, e incluso en los Estados ricos en petróleo que luchan por superar dificultades, como por ejemplo Libia e Irak, independientemente de que en dichos países las subvenciones en efectivo serían menores.
Por el momento, una generosa RBU sigue siendo inasequible en los países occidentales. En los Estados petroleros MENA, por el contrario, alguna forma de reparto directo de la riqueza podría ser la única forma políticamente factible para reformar las estructuras de bienestar existentes y evitar una crisis fiscal a largo plazo.
Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos

 


Steffen Hertog

Steffen Hertog, profesor de Política Comparada en la London School of Economics, es coautor (con Diego Gambetta) de Engineers of Jihad: The Curious Connection Between Extremism and Education .  

Copyright: Project Syndicate, 2019.
www.project-syndicate.org

 

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