El genio de Stephen Hawking no requiere presentación; tampoco el límite de su sabiduría. Personaje controversial desde cualquier ángulo que se quiera ver, es una de las mentes contemporáneas más brillantes, sobrepasando los pronósticos médicos que le auguraron el fin de su luz hace décadas.

En su obra -al alcance del entendimiento de todo público- Historia del tiempo, (aquí puede descargarlo), comienza su razonamiento expresando que “desde que nacemos empezamos a hacernos preguntas sobre el porqué de las cosas y a medida que crecemos vamos dando respuesta a estas inquietudes. Es natural que lo hagamos, pues de esto depende nuestra correcta adaptación a la sociedad y además hace parte del desarrollo de nuestro pensamiento. Es normal encontrar preguntas que el hombre no ha podido resolver, entre ellas podemos destacar: ¿Qué es el universo? ¿Tuvo un principio? Y si es así ¿cuándo será su final? Ya sea por nuestro bajo conocimiento en el tema, o porque para muchos supuestamente no les interesa, esta duda ha ido creciendo a pasos agigantados al pasar los años.”

Hawking es una enseñanza de vida. Es un modelo de figura humana que se ha adelantado a épocas que no teníamos en el menú. Dentro del más frío pragmatismo racional, este ser se traduce en una mente brillante, en un cerebro plenamente activo, a excepción del resto de su cuerpo. Conectado a un sofisticado equipo tecnológico que le permite comunicarse por medio de señales de su rostro -lo único que hasta ahora puede controlar-, logrando así traducir su pensamiento en lenguaje.

Sobre sus limitaciones físicas dice: “…obviamente, debido a mi discapacidad, necesito ayuda. Pero yo siempre he tratado de superar las limitaciones de mi condición y llevar una vida lo más completa posible. He viajado por todo el mundo, desde la Antártida a la gravedad cero”.

Es innegable que estamos apenas frente a la comunión de la mente con la tecnología, cuyo límite no existe. Este es un hito tan significativo como el de Neil Armstrong cuando dio el primer paso en la Luna.

Hawking, además de seguir día a día desarrollando pensamiento en la astrofísica y matemática, es capaz de cuestionar los más asentados paradigmas científicos y dogmas religiosos. Pero también gracias a su experiencia ha abierto la posibilidad para quienes la ciencia médica ni siquiera imaginaba transformaciones tan radicales.

Incinerado por la intelectualidad del dogma y admirado por otros, en el campo de la ciencia y la religión, se ha dado el lujo de decir que: “Dado que existe una ley como la de la gravedad el universo pudo crearse a sí mismo de la nada, como así ocurrió. La creación espontánea es la razón de que exista algo, en vez de nada, de que el universo exista, de que nosotros existamos. No es necesario invocar a Dios para que encienda la mecha y ponga el universo en funcionamiento”

En el campo de su pensamiento su mayor esfuerzo ha sido la investigación sobre la cosmología y los agujeros negros. Para él la tarea fundamental de la ciencia es intentar

entender el inicio del universo partiendo de bases científicas, tarea que considera tal vez más allá de nuestras capacidades, sin embrago un reto permanente a aspirar.

Los teoremas que este científico lograr construir son de los niveles más abstractos del pensamiento, entre simbolismo y enunciado. La totalidad de su pensamiento posiblemente será comprendido en los próximos años, cuando más nos asomemos al espacio y a las leyes de la física desde visiones ahora inimaginables.

 

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