Navegación de la etiqueta

Cuento

La noche

Guy de Maupassant.   Amo la noche con pasión. La amo, como uno ama a su país o a su amante, con un amor instintivo, profundo, invencible. La amo con todos mis sentidos, con mis ojos que la ven, con mi olfato que la respira, con mis oídos,…

La siesta del martes

Gabriel García Márquez. El tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de banano, simétricas e interminables, y el aire se hizo húmedo y no se volvió a sentir la brisa del mar. Una humareda sofocante…

Por fandangos

Damaris Fernández Pinto. Al sentarme frente al espejo y mirar mi rostro, siento que se desvanece este perfil tan celosamente guardado, y voy vertiendo mi humanidad sobre el tapete, como las cartas de naipe de un juego que a veces me…

La Posada de la Luna

Elliot Coen Riba. Pocas cosas son tan ricas como una tortilla con queso. Una vez por semana hacia el trayecto San Jose, Liverpool, Limón. Ahí mi hermano mayor Daniel y yo teníamos una finca. A mi me tocó atenderla unos años. Para aquel…

Una burla cruel

Rodrigo Madrigal Montealegre.  Marcelo era, entre aquella alegre camarilla, el ser más puro en asuntos de sexo y amoríos. Tenía profundas convicciones religiosas, a las cuales se aferraba con una fe de carbonero, por lo que mantenía…

Mil grullas

Elsa Isabel Bornemann. Naomi Watanabe y Toshiro Ueda creían que el mundo era nuevo. Como todos los chicos. Porque ellos eran nuevos en el mundo. Tambíén, como todos los chicos. Pero el mundo era ya muy viejo entonces, en el año 1945, y…

¿Y ahora qué?

Damaris Fernández Pinto. “De toda memoria sólo vale el don preclaro de evocar los sueños”. A. Machado (Crónica sobre cinco días en el Hospital México). En sus miradas fijas, desatentas, confundidas hacia adentro, se adivina la pregunta, la…

La fila

Leonardo Garnier. Al principio era una fila de uno. Uno, solo y confortable. Ni parecía una fila. Conforme pasó el tiempo, la fila fue tomando forma. Y perdiendo forma. Unos eran más altos, otros eran más gordos, otros aburridos, otros…

Homero

Eduardo Galeano. No había nada ni nadie. Ni fantasmas había. No más que piedras mudas, y alguna que otra oveja buscando pasto entre las ruinas. Pero el poeta ciego supo ver, allí, la gran ciudad que ya no era. La vio rodeada de murallas,…

El Canalón

Heinrich Theodor Böll. Estuvieron despiertos mucho rato, fumando, mientras el viento se paseaba por la casa, arrancando pedazos de pared y haciendo caer piedras; del piso de arriba saltaban trozos de revoque que se estrellaban en la planta…