Teodorico Quirós un legado invaluable

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Al hablar del arte costarricense del siglo XX, sobresalen ciertas figuras señeras y una de ellas, es sin duda, Teodorico Quirós.  Este artista nace en San José, en 1897, el mismo año en que se inaugura el Teatro Nacional y abre sus puertas la Escuela Nacional de Bellas Artes.

 Su  formación profesional como ingeniero arquitecto, la va a realizar en el Masachusets Institute of Technology en Boston, posteriormente inicia su vida profesional y, paralelamente, su obra pictórica.

Cuando Teodorico Quirós retorna se encuentra con un ambiente intelectualmente efervescente, y entre los grupos de discusión y análisis se conforma el Círculo de Amigos del Arte  al que asistían pintores, escritores y otros intelectuales.

Teodorico empezó a pintar el paisaje costarricense pero sobre todo, a captar la luz tropical y desde una etapa temprana, define lo que va a ser su obra posterior y las características que mantendrá a través de toda su vida: el interés por el tema nacional; el espacio determinado de manera magistral, sin caer en exceso de detalles, la luz siempre como un elemento prioritario,  una pincelada libre y suelta y un colorido intenso, audaz y disfrutando de su expresividad y de sus posibilidades de comunicación.

En definitiva, la temática nacional de Teodorico, al igual que las de los otros pintores de su generación, no son su descubrimiento; todo lo contrario, él es seguidor de una tendencia que se ha iniciado hace casi medio siglo, paralela al fenómeno que se da en la literatura nacional, pero todos están embarcados en la misma aventura: capturar el paisaje como medio para rescatar la identidad nacional.

Teodorico Quirós se identifica con el fenómeno creador que se está gestando a finales de la década de los veinte, madura la idea y se dedica a concretarla. Las Exposiciones del  «Diario de Costa Rica» se cristalizan y se realiza la primera exhibición en 1928, prolongándose las mismas hasta 1936.

Definitivamente, el motor de este evento es Teodorico Quirós y a él se le debe ese importante paso que dio el arte costarricense en la década de los años treintas. Además de promover las actividades, participa en ellas y obtiene algunos premios. Asimismo, trabaja como docente en el Colegio Superior de Señoritas.

El óleo es el material que le permite expresar lo que el artista tanto ha buscado; será su técnica preferida. Además escoge para desarrollar  su estilo una técnica expresionista que calza con su carácter decidido. Logrará conjugar forma y contenido en un carácter propio, que marca la inserción del arte costarricense en las corrientes actuales.

A partir de 1935  se enfrenta con el paisaje como motivo único de su obra y se convierte en un andariego que recorre el país. Pero el arquitecto siempre viaja con él pues en cada una de sus pinturas, además del paisaje, se interesa por la arquitectura. A partir de 1939 y hasta 1965, se sitúa la etapa de la mejor pintura de paisaje en la obra de este artista. Teodorico ama el paisaje costarricense, busca y halla en cada rincón del paisaje, y crea una vasta obra de gran fuerza expresiva.

En 1942, Teodorico Quirós es nombrado decano de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica y se encarga de realizar una renovación de los planes de estudio de la institución de gran trascendencia e incorpora al cuerpo docente de la Facultad jóvenes artistas.

En una etapa de enriquecimiento, en la década del 50 viaja a México donde expone en el Salón Verde del Palacio Nacional de Bellas Artes y posteriormente en Roma,en la Academia de San Giorgio. En 1957, una fecha temprana dentro de los acontecimientos nacionales, incursiona en la abstracción con acuarelas, siendo junto con Margarita Bertheau, un pionero del arte abstracto.

Los años 60 preludian el inicio de la última etapa en su obra: la de una pintura que transmite angustia, agresividad, incertidumbre. En sus últimos años, con su salud deteriorada nunca deja de pintar. En este ajetreo desarrolla un estilo diferente que puede ser considerado como expresionista, lo cual no es una moda que adopta en sus últimos años, sino la consecuencia lógica de la evolución de su obra.

Teodorico Quirós Alvarado muere el 27 de julio de 1977. Como legado deja  su inmensa obra pictórica y una abundante obra arquitectónica; su extraordinaria labor docente y, sobre todo, el haber preparado el camino para que el arte costarricense se pudiera incorporar a la vanguardia artística del siglo XX.

La arquitectura fue su profesión, la pintura su pasión.

María E. Guardia Yglesias
Académica, Curadora e investigadora del arte costarricense
 maria.guardia@ucr.ac.cr

 

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