Los titulares de prensa y noticieros de televisión, estos últimos días han tratado con gran relevancia los atentados terroristas llevados a cabo en Burkina Faso, España y Finlandia, todos con saldo trágico de víctimas inocentes.
Los grupos que llevan a cabo estos actos emplean el terror con el fin de intimidar y coaccionar al Estados y la sociedad. Constituye en grave delito, ya tipificado en la legislación de muchos países, otorgándole herramientas a las autoridades encargadas de ocuparse de estos asuntos, sin embargo, la experiencia viene demostrando que las normas y sistemas de seguridad están siendo sobrepasados por el actuar de grupos auto identificados como responsables de los delitos.
Las principales violaciones a los Derechos Humanos y las libertades fundamentales, así como amenazas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, son llevadas a cabo por los grupos terroristas que, en algunas de sus faces políticas, tratan de justificar sus actos de violencia.
Conforme la sociedad adecua sus mecanismos de prevención y defensa, los grupos terroristas cambian de métodos en su funcionamiento, así como en organización, financiamiento, estrategia y logística. Hasta ahora en el caso de Europa, aunque con alto costo humano, los atentados podrían ser aun de mayor magnitud, pues se ha demostrado la capacidad organizativa, la disciplina de su militancia y la capacidad operativa de estos grupos.
La venida de las tecnologías de la información y comunicación y las debilidades del Estado, han propiciado el uso de estos recursos, amparándose y acogiéndose al derecho y uso, como a las facilidades de desplazamiento y libertad de acción, de la cual usa la ciudadanía.
El Institute for Economics and Peace en su informe del 2017, señala que la tendencia de diez años en seguridad se ha deteriorado un 2,14% desde 2008. El Índice registra un mundo menos pacífico respecto a décadas pasadas. El indicador de impacto del terrorismo en el 60% de los países con mayores niveles de terrorismo reflejaría un crecimiento en el número de personas muertas en incidentes terroristas en los últimos cinco años.
En el caso de Europa los ataques han estado a cargo de los yihadistas, cuyo foco terroristas, está situado en los países orientales donde conviven a diario con ello.
Los perpetradores con mayor reiteración de autorías terroristas, de acuerdo al Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET) son “…los grupos yihadistas que no sólo atacan a Europa, sino que se ensañan con los países musulmanes, como Irak, Yemen o Siria; que van a atentado por día”. De hecho, sondeos de esta organización sostienen que el 95% de las víctimas que el Daesh o Estado Islámico acarrea a sus espaldas proceden de países musulmanes (El español).
Así las cosas, la escalada de violencia y la inseguridad parecieran incontrolables y fuera de negociación alguna, al tratarse de motivaciones político, religiosas y económicas difíciles de conciliar y desgraciadamente, parte de la realidad que nos toca vivir, teñida de sufrimiento innecesario dirigido hacia la población civil, como nos demuestran las últimas acciones en occidente.
Se hace necesario un esfuerzo internacional mancomunado para logar un combate efectivo al terrorismo, especialmente compartiendo información y avanzando en políticas y normativas que faciliten la prevención y contención del terrorismo.
Por otra parte, estos esfuerzos no deben caer en xenofobia y autoritarismo, ya que puede conducir a errores propiciando enfrentamiento con países y grupos moderados, respetando el derecho internacional y las acciones positivas de derechos humanos.
La gran pregunta es: ¿en los años venideros la sociedad habrá podido controlar el terrorismo, o este proliferará transformándose a las condiciones que se le impongan, al uso de los avances tecnológicos y a la profundización de las diferencias religiosas y políticas volviéndose más mortífero?
