Un potro mamando de su madre. Scenic Corner/Shutterstock

Contaba el poeta romano Juvenal que Popea, la mujer de Nerón, viajaba con una legión de burras para lavarse con su leche. Se dice también que, en el antiguo Egipto, Cleopatra se bañaba en leche de la misma procedencia para mantener su piel suave y tersa, y que Isabel de Baviera (más conocida como Sissi Emperatriz) la utilizaba en sus rituales de belleza.

En nuestros días, otra leche equina, la de yegua, ha recogido el testigo del prestigio y está ganando popularidad en Europa por sus supuestas bondades terapéuticas. ¿Tiene justificación? ¿Qué dice la ciencia sobre sus propiedades?

Muy popular en Asia, empieza a abrirse paso en Europa

Este alimento es un viejo conocido en algunos países asiáticos, como Mongolia, Rusia, China, Kazajistán o Uzbekistán. Históricamente, se ha utilizado para tratar enfermedades, mejorar el sistema inmune y proporcionar vitalidad.

Al margen de esos usos medicinales, la leche de yegua también ha servido a menudo como sustituto de la leche materna, dadas las similitudes en su composición. Y al presentar una baja respuesta alérgica en niños con alergia a la proteína de la leche de vaca, es potencialmente útil como alternativa a la leche de fórmula.

Hoy, su consumo se está extendiendo en nuestro entorno, sobre todo en forma de leche en polvo (liofilizada), como suplemento alimenticio o, incluso, como ingrediente de cosméticos para aquellos que confían en sus beneficios para la piel. Bebida, la leche de yegua es dulce y ligera, aunque no resulta común encontrarla en formato líquido.

Diferencias con las leches de otros animales

Una búsqueda rápida en internet mostrará una larga lista de webs que promocionan las “propiedades terapéuticas” de la leche de yegua. Destacan su contenido en ácidos grasos, minerales, vitaminas y aminoácidos esenciales. Pero esto no es exactamente lo que dice la ciencia.

Para empezar, es importante tener en cuenta que todos los tipos de leche, incluida la de vaca, contienen grasa (y ácidos grasos), lactosa, proteínas, aminoácidos esenciales, vitaminas y minerales en mayor o menor medida, además de muchos otros compuestos.

Los aminoácidos son unidades estructurales de las proteínas (como los eslabones de una cadena) y se pueden clasificar como no esenciales y esenciales, en función de si el organismo puede o no producirlos. Por ello, los alimentos ricos en aminoácidos esenciales son imprescindibles para un correcto funcionamiento del metabolismo. Y aunque es cierto que las proteínas de la leche de yegua los contienen, también se encuentran en cualquier otro tipo de leche.

Por otro lado, los ácidos grasos son un tipo de molécula que conforma la mayor parte de lípidos (o grasas) que consumimos a través de alimentos como lácteos, carne o aceite. La leche de yegua (al igual que la humana) se caracteriza por tener un bajo contenido en grasa: entre un 0,3 y un 2 %. Las leches de vaca y oveja, por ejemplo, contienen de 3 a 5 % y entre 5 y 9 %, respectivamente.

Además, la grasa de esta leche presenta una composición muy diferente a la de otros animales. Al ser monogástrico (no rumiante), el sistema digestivo del caballo absorbe y acumula en la leche una mayor cantidad de ácidos grasos omega-3 (principalmente ácido linolénico) y omega-6 (ácido linoleico, sobre todo). Imprescindibles para el buen funcionamiento del organismo, estos ácidos grasos se obtienen necesariamente a través de la dieta, lo que habla en favor de la leche de yegua.

Por contra, también hay que señalar que presenta un bajo contenido tanto en grasa total como en otros ácidos grasos omega-3 de gran interés, como el EPA y el DHA. Esto limita su atractivo como fuente de ácidos grasos beneficiosos.

En cuanto a vitaminas y minerales, la leche de yegua incorpora un contenido generalmente escaso, con excepción de la vitamina C y el hierro.

Propiedades saludables en estudio

Según la legislación europea, para declarar una propiedad saludable en un alimento es necesaria la aprobación de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA por sus siglas en inglés). Y esto solo ocurre cuando hay suficientes evidencias científicas que lo avalen.

Hoy por hoy, no existe ninguna propiedad saludable autorizada para la leche de yegua, por lo que declaraciones habituales como que “mejora el sistema inmune” o que “aumenta la vitalidad” ni están verificadas ni se justifican desde un punto de vista científico.




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Por supuesto, esto no significa que no posea virtudes, pero a día de hoy no existen suficientes pruebas al respecto. Y aunque estudios recientes han demostrado un potencial beneficio frente a la diabetes tipo 2, el cáncer o las afecciones cutáneas, estos trabajos son aún preliminares y muy escasos.

En cuanto a las declaraciones de propiedades terapéuticas, la legislación europea no autoriza manifestar que un alimento prevenga, trate o cure una enfermedad, por lo que afirmaciones en este sentido tampoco están justificadas.

En definitiva, aunque la leche de yegua posee un bajo contenido en grasa, proteína, minerales y vitaminas en comparación con la mayoría de leches que consumimos –incluida la de vaca–, contiene elementos de gran interés para la nutrición humana, como ácidos grasos omega-3 y omega-6. Aún queda un largo recorrido de investigación para demostrar sus prometedoras cualidades saludables.

The Conversation

Ana Blanco Doval recibe fondos del Departamento de Educación del Gobierno Vasco (programa predoctoral).

Luis Javier Rodríguez Barron y Noelia Aldai no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

Publicado originalmente en The Conversation

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Por The Conversation

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