Todos los volcanes cuentan: Aprovechemos nuestro potencial geotérmico

El aprovechamiento adecuado de los recursos naturales es posible solo a través del rigor técnico multidisciplinario y objetivo, así como de la voluntad política de hacer las cosas correctamente

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César Sequeira Peraza, Geólogo.

Similar al resto de países de Centroamérica, Costa Rica posee volcanes que en la mayor parte del tiempo han contribuido positivamente para el desarrollo de la nación. Su importancia económica se refleja en el desarrollo de actividades agrícolas, ganaderas, turísticas, de conservación y de generación eléctrica.

En cuanto a esta última destaca la energía geotérmica, aquella que está almacenada en forma de calor en los fluidos del subsuelo. En el caso nuestro, su producción se concentra en las faldas de los volcanes Miravalles y Rincón de la Vieja, y representa cerca del 13% de la energía generada en el periodo 2014-2017. En ese último año se produjo un 99.68% de energía limpia, con la geotermia como la segunda fuente más importante en cantidad y costo de producción, solo superada por la hidráulica.

En tiempos cuando el calentamiento global atiza la frecuencia e intensidad de los fenómenos atmosféricos, la expansión de la frontera geotérmica se vuelve una necesidad, ya que no depende de las variaciones climáticas. Esta contrasta con su contraparte hidráulica, que depende de caudales mínimos, y además está llegando a su tope de instalación efectiva.

Por otra parte, a pesar del enorme potencial geotérmico de Costa Rica, el aprovechamiento de su remanente no explotado se ve limitado porque gran parte de esta energía se ubica en áreas protegidas por el Estado. No obstante, existen numerosos casos exitosos en el mundo, como en Kenia y Filipinas, donde la producción geotérmica y los parques nacionales coexisten armoniosamente.

El marco legal de nuestro país ofrece las herramientas necesarias para movernos en esa dirección. De acuerdo con la Ley Orgánica del Ambiente, se requeriría de legislación –y no un decreto, como se ha intentado en el pasado– que desafecte los terrenos de interés pertenecientes a una zona protegida, y que estarían destinados a la producción de energía geotérmica. Para ello es necesario una serie de estudios técnicos que justifiquen la aplicación de tal medida.

Un ejemplo de este camino jurídico lo brinda el proyecto PAACUME, el cual depende, entre otras cosas, de la modificación de límites de la Reserva Biológica Lomas Barbudal para la construcción de un embalse. El proyecto de ley para tal efecto ya ha sido aprobado en segundo debate por la Asamblea Legislativa, por lo que PAACUME está más cerca de ser una realidad.

En el caso de la geotermia, se podría seguir una ruta legal similar con las adaptaciones que requiere el caso. Con el ICE como único regente legal en actividades geotérmicas, se debe establecer claramente la línea ecológica base, y en la medida de lo posible, promover un mínimo impacto en la zona desafectada con miras a utilizarla únicamente para la extracción y transporte del recurso geológico. Asimismo, deben implementarse medidas ambientales de compensación, tales como las prácticas exitosas del ICE con ONGs en zonas protegidas privadas de Guanacaste adyacentes al proyecto Las Pailas II, o las ya desarrolladas en Bagaces desde la década de los 90.

El aprovechamiento adecuado de los recursos naturales es posible solo a través del rigor técnico multidisciplinario y objetivo, así como de la voluntad política de hacer las cosas correctamente. De ser así, nosotros, las generaciones futuras de las que mucho se habló en el siglo pasado, seremos capaces de posicionarnos como las que alcanzó el verdadero desarrollo sostenible.

El autor es geólogo, investigador y docente, candidato a Ph.D. por la Universidad de Rutgers, EEUU.

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