Tres genios púrpuras: Prince, Jimi Hendrix y Woody Allen

El púrpura fue el color de dos magistrales canciones y una maravillosa película: “Purple Haze” (neblina púrpura) de Jimi Hendrix, “Purple Rain” (lluvia púrpura) de Prince y “La rosa púrpura del Cairo”, de Woody Allen.

El color púrpura, en esas tres obras, sirve para manifestar sus tensiones emocionales, que vienen de las contradicciones y sufrimientos de sus propias vidas.

¿Por qué el púrpura para revelar estos sentimientos? Un color no es solo un color: es un reflejo de historias entrecruzadas. Veamos qué significados se asocian al púrpura.

Rojo y azul

El púrpura nace del rojo y el azul. Es la mezcla de lo pasional y lo disciplinado, del rojo fuego y el azul celeste, de lo llamativo como la sangre y lo desapercibido e incluso camuflado como los jeans azules. Es triste y dócil como el blues, pero también iracundo y feroz como el rojo.

April Love (Arthur Hughes, 1855).
Wikimedia Commons / Tate London

El púrpura es contradictorio porque combina la fuerza y la templanza: es un color vivo y mágico, melancólico y rebelde. Luchador y al mismo tiempo resignado con su destino de fracaso. Siempre hay nostalgia en el púrpura.

Es un color de antihéroes que naufragan, pero al menos cuentan con la audacia de embarcarse en aventuras valerosas e inciertas. Es el amor primaveral y la inevitable amargura de intuir que esos abriles pasarán.

Símbolo de poder y del engaño

El púrpura se identificó en la Antigüedad y la Edad Media con el poder y la excelencia social. A los emperadores se les llamaba purpuratus, que quiere decir “revestidos de poder”. El tinte púrpura estaba reservado a clases aristocráticas. Pero el poder y la distinción también guardan su lado trágico.

Y del mismo modo el púrpura es metáfora del artificio, del engaño, frente a otros colores más naturales y puros. Es, incluso, inestable y fronterizo, ni rojo ni azul, siempre al borde del precipicio y polémico, como Prince, Hendrix y Woody Allen.

Lluvia púrpura

En “Purple Rain” se combina el púrpura con otro de los símbolos de la melancolía. La lluvia es símbolo de la intemperie, de lo que se disuelve como gotas de agua. El agua que cae del cielo es la simiente que fertiliza, lo que da vida.

Pero la lluvia también es nostálgica, porque como nos decía el escritor Jorge Luis Borges, “la lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado”. Algo que ya fue, y nunca más será.

“Purple Rain” es un desgarrador lamento sobre la pérdida de la amistad cuando el “amor de fin de semana” se acaba. En realidad, “sólo quería verte reír y bañarte en la lluvia púrpura”. “Es hora de buscar algo nuevo”, que también se disipará como lluvia caída.

Pero sin lluvia, no hay arco iris. Ésta es la lección de Prince y sus sonidos púrpuras, como los expresados en la canción “The Cross”. Sin dolor, tampoco hay alegría: “Debes vivir y amar a pesar de los días aciagos y las noches tormentosas”, nos decía Prince.

Por favor, tómese un tiempo y escuche “Purple Rain”. Pinche aquí.

Neblina púrpura

La neblina púrpura es la metáfora de la desorientación, del desarraigo de Jimi Hendrix, que no sabe siquiera si es “feliz o desgraciado”.

Jimi Hendrix en 1967.
Wikimedia Commons / A. Vente, CC BY-SA

Esa bruma púrpura nos envuelve y desconcierta hasta no distinguir si es de día o de noche, si estamos arriba o abajo. Nos hechiza como a Hendrix: “¿Hoy es mañana o es el fin del mundo?”

El púrpura nos engaña pero ese hechizo es también lo que nos ilusiona y consigue que “cabalguemos en el viento”, como escuchamos en “Little Wing”.

Hendrix tuvo una vida errante y se refleja en su forma de tocar la guitarra. Su estilo nos hipnotiza en un mundo incomprensible, tan inarmónico y caótico a veces como su magistral forma de golpear las cuerdas. Hendrix fue distinto y trágico, libre como el púrpura.

Para escuchar los sonidos púrpuras de Hendrix, pinche aquí.

Rosa púrpura

¿Puede imaginar usted que un personaje de una película de aventuras atraviese la pantalla de cine y venga al mundo real? Es lo que relata “La rosa púrpura de El Cairo”.

Vea usted esta formidable escena en la que realidad y ficción se funden. Pinche aquí.

Cartel de La rosa púrpura de El Cairo (Woody Allen, 1985).

Esa vida novelesca de un personaje, hermoseada y soñada, ha de enfrentarse a las duras realidades. En el mundo real, no hay fundidos a negro que interrumpan los besos. Y los golpes duelen.

La vida real puede resultar decepcionante, pero es más rica, natural y espontánea que el ceñirse a los guiones que otros escriben para usted y para mí. Aquí cada cual ha de escribir sus propios diálogos e historias, aunque nunca podamos ser por completo libres.

¡Hay que reencantar el mundo real!, ¡fusionarlo con el de los sueños que nos despiertan! Es la lección púrpura de Woody Allen. Sin esas ilusiones que nos regalan esperanza en el mundo real, todo sería azul, blue, triste. Sin horizonte y sin sentido.

Para eso sirven la rosa púrpura y las ilusiones, para vivir desde y hacia la utopía, como nos decía Eduardo Galeano con bellísimas palabras.

Pinche aquí para escuchar a Galeano.

La belleza del púrpura

El púrpura es un color bello y elegante. También es peligroso y paradójico. Y una rosa púrpura nos recuerda que en esa lucha de complementariedad y antagonismo entre el rojo y el azul, las rosas, como dijo Federico García Lorca, son la “madre de todo lo bello”. Pero “están llenas de otoño, de tardes, de pesares, de melancolía”.

¡Qué sería la vida sin rosas!

Una senda sin ritmo ni sangre,

un abismo sin noche ni día.

Ellas prestan al alma sus alas,

que sin ellas el alma moría,

sin estrellas, sin fe, sin las claras

ilusiones que el alma quería.

Federico García Lorca, “La oración de las rosas”

Haga otro bello paréntesis púrpura y sumérjase en este sobrecogedor homenaje a “Purple Rain”, con la impresionante voz de Beth Hart y el fabuloso guitarrista Jeff Beck. Pinche aquí.

The Conversation

Antonio Fernández Vicente does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

Publicado originalmente en The Conversation

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