Troleo

La alta penetración de redes sociales y medios digitales en el país lo hacen campo fértil, paradójicamente, para esas estrategias antidemocráticas.

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Carlos Francisco Echeverría.

La cadena de comentarios a la entrevista al presidente Alvarado en el programa “Malas compañías”, de Teletica Radio, sugiere varias cosas algo extrañas, que podrían resumirse así:

  1. El 90% de los oyentes odia y desprecia entrañablemente a Carlos Alvarado.
  2. Un alto porcentaje también odia y desprecia a Ignacio Santos, Armando González y Teletica (pero los sintonizan).
  3. Casi todos, por supuesto, se oponen al plan fiscal.
  4. Casi todos creen que vivimos en un país infernal, dominado por una mafia de corruptos.

Y así, sucesivamente. Ello contrasta, por supuesto, con el resultado de las últimas elecciones, con los ratings de audiencia e incluso con las recientes encuestas de opinión.

Sabemos que existe oposición al Gobierno y al plan fiscal, por supuesto, pero no en esas proporciones. Además, si en efecto esa oposición proviene sobre todo – como lo divulgó (en mal momento) el CIEP – de personas de bajo nivel educativo en zonas rurales, cuesta imaginarlas dedicando una hora, de 8 a 9 am, a oír y comentar ese programa.

Lo mismo ocurre en otros medios de comunicación digitales. ¿Qué será lo que pasa? Parece muy evidente que estamos ante el fenómeno del “troleo”, en el cual unos cuantos individuos, usando muchas identidades digitales falsas, atacan intensamente a determinadas figuras o políticas públicas.

Esto podría tomarse a la ligera, como un fenómeno casi folclórico, hasta que uno se pregunta ¿Quién cubre esos costos? Porque, por más barato que sea un software de “troleo” comprado en Rusia o en Uzbekistán, tiene su costo. Y sus operadores comen todos los días, o sea que algo cobran.

Alguien tiene que rascarse el bolsillo para pagar todo eso. ¿Y por qué lo harán? ¿Para qué? ¿Tendrán algún apoyo internacional? Las victorias de Trump y del Brexit, entre otras menos notorias (¿Conte, Erdogan, Duterte … Bolsonaro?) en las que empresas como Facebook han detectado la mano hirsuta del troleo, hacen pensar en la existencia de una especie de “internacional del populismo autoritario”, que se ha fortalecido y envalentonado enormemente con sus triunfos políticos.

Ese populismo autoritario tiene conspicuos representantes en Costa Rica. Por otro lado, la alta penetración de redes sociales y medios digitales en el país lo hacen campo fértil, paradójicamente, para esas estrategias antidemocráticas. Todo esto debe ponernos a pensar y, en la medida en que puede ser una amenaza a nuestra democracia soberana, amerita la atención de las autoridades.

 

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