Un caballo en el hipódromo

0

Elliot Coen Riba.

Si hay algo de mí que es para echarse a reír son mis dotes de deportista. Con esto les digo todo: en la escuela yo mejengueaba porque era el dueño de la bola. Sólo por eso. Si no fuera así, les aseguro que mis compas ni a pasarles el agua me ponían. No se equivoque, no era que ellos eran mala nota sino que yo era malo y bien malo, confieso.

Para minimizar los daños me ponían de portero, seguro consideraban que sería el lugar donde les estorbaría menos. Por más que la defensa se aplicara, a veces, muchas veces, la bola nos superaba.  Ya era gol cuando yo apenas me estaba preguntando qué había pasado.

Gracias a Dios los partidos siempre terminan con: “gana el que mete el último gol”. Sino, creo que en toda la primaria no hubiésemos ganado ni un solo encuentro. Mérito propio. Se los aseguro.

Cuando ya tocaba ir terminando el partido había cambio. Si cambiaban al portero, entiéndase yo, de vez en cuando ganábamos. A esas alturas de la mejenga yo tenía bien claro que no era bueno. Los marcadores eran como 3 a favor y 40 en contra por lo que  me hacía a un lado y le cedía mi titularidad a otro.

Entre nos, les cuento que tenía sus ventajas. Primero, yo ya no echaba y segundo, me tomaba todo el agua que quisiera.

Si, el agua era oro puro después de un partido. Apenas caía el último gol salían como en desbandada para agarrar la cantimplora de la que todos bebíamos, pero a veces yo no les había dejado nada. Y entonces se oía a alguno decir:

Jueputa gordo! (esa era yo)  ¡Ya se chupó toda el agua! También mérito mío.

Es que lo del agua no es como ahora que cada quien carga su botellita. Que va. Era una sola cantimplora bien arrugada para toda la manada. Más que con agua, nos hidratábamos con las babas de todos, pero así eran aquellos días.

Ser propietario tiene sus ventajas. En aquel entonces no tenía claro cuan ventajoso era. Para mí, ser dueño de la bola, sólo se reducía, a jugar o no futbol.

Mi escuela estaba a100 metros del Paseo Colón y créanlo o no, teníamos compañeros sin zapatos cuya única comida que hacían era la que daba la escuela. Así de ¨inclusiva¨ era mi escuela.

Los juguetes nuestros en aquellos tiempos eran los que podíamos hacer nosotros mismos. Una flecha hecha de rama de mata de café, una patineta con roles usados de caja de cambios que nos regalaban en el taller de los Mora, los paquetes de cigarros vacíos para jugar puro, un palo de escoba de bate y una media llena de arroz para hacer series. Esos eran nuestros juguetes. De comprado, con mucha suerte, un trompo. Una bola de fut era un juguetazo que pocos podíamos tener. Había que pedirla para navidad y los Santas de mis amigos no eran todos tan pudientes como el mío. Yo era un privilegiado, siempre lo he sido. Bendito Padre que me ha chineado tanto.

En la escuela tenía un compañero que vivía a la vuelta de casa, Siles. Él era el hijo de la portera de la escuela. De mis compas, era el que más cerca vivía. Los sábados por la tarde y hasta entrada la noche nos íbamos al American Bar, en avenida 10, a cuidar carros. Los jumas nos daban entre 10 y 15 centavos por un par de horas de cuido. Algún borracho bien botado o mejor dicho, bien jumititico nos soltaba una cora.

Recogíamos entre uno y dos colones por día. Años después supe que Siles se los daba íntegros a su mamá para ayudarle con la comida. Si acaso se quedaba con un cinco para los chicles que te vendían en la Guaria a 3 x  5 centavos. Siles era de esos escasos niños que habían antes que no tenían tata.

Yo, me gastaba ¨el salario¨ en una mano de bollitos de pan, paté y muchos gatos y costillas de guayaba. Que les quede bien claro: lo de gordo también era mérito mío.

Siempre me pregunté ¿cómo hacia Siles para no engordar si manejaba el mismo billete que yo? ¡Que ingenuo! Aquí les cuento para que vean lo estúpido que es uno algunas veces y las otras, también.

Siles murió joven. Cómo desearía tenerlo cerca de nuevo y poderle preguntar: ¨Mae, chapeau¨ ¿Cómo pudiste reír como reías, jugar cómo jugabas, compartir como compartiste en medio de tanta escasez?

Diosito se lo llevo rapidito. Bien merecido. Héroes anónimos cómo Siles hay muchos sólo que no juegan al fut y por eso no los conocemos a todos. A Siles yo si lo conocí. Era su amigo.

En serio que la fábrica de bebes es bien creativa. Por afuera a unos les pone pipi y a otros tetitas, los pinta blancos, negros o amarillos, unos más altos que otros pero por dentro nos hace aún más distintos. Siles era especial.

Unos son buenos para las mates otros con costo saben cuánto son dos más dos. Unos recuerdan todas las fechas importantes y otros ni sabemos en qué día nacimos. Unos nos enchompipamos con cualquier tontería y a otros… Para qué seguir, sí en que todos somos distintos estamos todos de acuerdo, ni mejores, ni peores, distintos. ¨Defirentes¨ como dicen las gemelitas de Carla.

Siles era muy especial.

Lo que es cierto es que no se nos fabrica flacos o gordos. Eso viene después. Me tocó nacer cuando se creía que un bebe gordito era muy sano y me empujaban varias botellas de leche al día y todo el pan que se podía, entre otras cosas. Nunca aprendí a decir no. Pa`que, si me gustaba. Siles no tuvo esa opción.

El solo bebía la leche que nos daban en la escuela con medio pan de bollito bien untado de margarina. Pocas veces, traía jalea, ese era un día de fiesta.

Me encanta la hartadera. En eso, yo soy el primero en la fila. Me lo enseñaron en casa. Como es lógico eso no ayuda a tener una buena figura. A estas alturas de mi vida eso me empezó a ahuevar. Claro. Es que era feo, digámoslo mejor: bien feo y para peores, medio ciego y gordo.

Cuando llegué al cole, las chiquillas ya no eran una pereza, que va. De un momento a otro uno solo hablaba de ellas. Las conversaciones entre hombres solo giraban alrededor de ellas. Es que le provocan a uno los más bellos pensamientos y las más atrevidas historias, muchas, la mayoría, más fruto de nuestra imaginación que de nuestra propia experiencia. Poco importaba. En esos tiempos se nos permitía rajar con ellas.

Había una guila que me tenía loco. Cuando la veía yo sentía que el mundo se terminaba en ella. No había nada que me pudiera importar. Nada era capaz de hacerme apartar mis ojos de su delgado y precioso cuerpo. Es que si yo pudiera explicárselos me entenderían. Su nombre era Leda.

Ella pudo ser Mis Universo. Nunca lo supo pero para mí lo fue. Qué chiquilla más bella. Qué sonrisa, qué cuerpo, que ojos, que manos, que boca, que todo. Ya parezco escritor de telenovela. Perdonen.

Algo de pelota me daba. Ese no era el problema. El problema era yo que no me gustaba a mi mismo y entonces no me sentía digno de tanta belleza. Es que cuando uno no se quiere a sí mismo si que está jodido.

Cuando debía hablarle se me acalambraba la lengua. No lo lograba. Por las noches repasaba los encuentros que tenía con ella en los pasillos del cole y me daba pena. Era un completo analfabeto en estos temas. Un caballo más del hipódromo. Yo, créanlo o no, con tanto sobre-peso me sentía una aberración de la naturaleza.

Quizás se estén riendo de mí. No los culpo. Hoy a mí me da risa también pero debieron de estar en mis zapatos en aquellos tiempos para convencerse de que esto era un gran problema.

Es que cuando uno es gordo y no se siente bien con ello te paralizas. ¿Qué podía hacer? Me encantaba la comida. Bendito Dios que no nací hoy, porque los únicos músculos que ejercitaría serían los de las manos, cambiando canales o jugando en el celular y los de mis mandíbulas devorándolo todo.

Por dicha en mis tiempos se hacía barrio, se jugaba en las calles y los parques, se corría de un juego a otro, sino, ya se imaginarán del tamaño que sería. Especie Elefante.

Lo ahuevado es que tenía compas, entre ellos mi hermanillo, que comían más que yo, mucho más, y largo estaban de parecerse al muñeco de Michelin. En cambio, yo…

  • ¡Qué mierda! A mis quince años odiaba mi cuerpo.

Mi cole era una hermosa casa en el Paseo Colón. No había espació para recibir Educación Física entonces todos los miércoles, un bus amarillo, como las capas, para resaltarnos, nos recogía y nos llevaba a la Sabana. En ese entonces ahí había un hipódromo.

Algunas veces fui con mi tata y mis hermanos a ver carreras de caballos. Las carreras eran sábados o domingo. No recuerdo.

Lo que si recuerdo eran los miércoles de Educación Física. Ahí llegábamos todos, hombres y mujeres. Mi cole era mixto, una excepción en aquel entonces.

El profe apenas llegaba nos ponía a dar una vuelta al hipódromo a trote. Yo llevaba como 2 años queriendo darla sin dejar de trotar pero nunca lo lograba, siempre la terminaba caminando porque mi cuerpo no daba para tanto esfuerzo. No habían pasado ni 100 metros cuando yo estaba jadeando como un descocido.

En serio, yo sí quería, al menos darle una sola vuelta completa en pura carrera. Todos los miércoles lo intentaba y nunca lo lograba.

En Leda encontré la motivación que me faltaba. Una noche en que la soñaba se me ocurrió la gran idea: adelgazar.

Sin decir nada a nadie baje la hartadera. El arroz lo fumigué. Bueno, no tan así pero la ingesta de tan preciado alimento disminuyó. Con ansias esperaba los miércoles para pulsearla.

Ya llevaba como seis miércoles de regresar al colegio deprimido porque no podía trotar y trotar como lo hacían todos, entiéndase todos, hombres y mujeres, todos menos yo. Cada vez veía a Leda más inalcanzable y yo, cada vez más… más elefante deprimido.

Al sétimo miércoles finalmente lo logré. Aquello fue inolvidable. Mi ego se hizo gigante. Ya caminaba con esa pose de ¨soy toda¨, con el culillo parado y con unos aires de juega e´ vivo que ni les cuento. Con el tiempo me he dado cuenta que cuando uno se propone algo y lo alcanza, le da por ahí. La verdad, se siente rico.

Ese ¨poder¨ sólo lo había vivido en los tiempos de Siles, cuando regresaba del American Bar bien fondeado de cuidar carros y me detenía en la pulpe a comprar lo que se me antojaba. Gracias a Dios, y al esfuerzo de mis padres, yo no tenía necesidades y me podía gastar todo ¨el salario¨ en mí, completito y eso, mis amigos, es rico, muy rico. Con ¨billete¨ quedaba atrás el gordo feo y cuatro-ojos que me creía casi todos los días. De verdad que los cincos te cambian.

Esa ilusión la viví nuevamente ese día que di la vuelta completa trotando al hipódromo de la Sabana. Qué día tan hermoso. De regreso por el Paseo Colón yo me seguía sintiendo el Mister Universo por ese tremendo logro. Mi culito seguía bien paradito y los aires de juega e vivo marcaban el ritmo de mi caminado.

En el primer recreo de la tarde, el largo, salí de cacería. En un rincón del patio estaba Leda con dos de sus amigas. La vi. Le apunte y eche a andar, despacio, con andar de ¨culazo¨, bien pedante. Sin decir con permiso me senté junto a ella. Leda me volvió a ver. Yo estaba seguro que me había visto guapo, podía no, si acababa de dar una vuelta al hipódromo de la Sabana a puro trote.

Bastó que me sentara para que sus dos compañeras se levantarán y se fueran. Leda se quedó ahí. Claro, si ese día yo era el culazo del cole.

Hablamos tonterías hasta un punto en que yo sentí que nos habíamos enganchado. Fue el momento en que le puse mi mano en sobre la de ella. No la quito, un puntazo para mí.

Sonó el timbre y de regreso a clases. Leda no estaba en mi grupo porque es un par de años menor.

Cada uno cogió para su clase. Yo solo pensaba en Leda, en mi Leda.

Fueron muchos los recreos que siguieron. Casi en todos nos veíamos pero nunca pase de darle la mano, que va, es que me parecía mucha mujer para mí.

Definitivamente eso de ser gordo de niño me había dañado. Yo estaba bien jodido. Cómo me arrepiento.

Gracias a Dios con los años se me quito esa cobardía. De aquella experiencia con Leda, y otras tantas situaciones más, aprendí que bien vale siempre un intento. ¿Qué hubiera pasado si me dice que no? Nada. Pero ahora nunca podré saberlo y eso es peor. Se los garantizo.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están sufriendo. 1 Corintios 1. 3-4


Si le interesa recibir información diariamente:

COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...