Un verdadero fiasco

El débil liderazgo de Luis Guillermo Solís y la mediocridad de su gestión al frente del gobierno de la República en el período 2014-2018, fue, al fin de cuentas, un verdadero fiasco que decepcionó y frustró a miles de ciudadanos que creyeron que él era la opción para realizar el “cambio” anhelado.

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Luis París Chaverri, Exembajador.

El gigantesco faltante o “hueco” presupuestario de aproximadamente ¢900.000 millones de colones dejado por la administración anterior, que obligó a la actual a pagar compromisos de la deuda pública sin la debida autorización legislativa y, por lo tanto, de forma ilegal, es un hecho que refleja con fidelidad la mediocre gestión gubernamental de Luis Guillermo Solís Rivera, cuyo paso por la presidencia de la República fue un verdadero fiasco.

Esa acción, truculenta e irresponsable, pudo tener consecuencias devastadoras para la economía del país y puso en riesgo el bienestar de todos los costarricenses.

Y es que cuando el éxito de un político se debe, fundamentalmente, a causas circunstanciales y no a sus propias virtudes, más temprano que tarde el ejercicio del poder deja al descubierto sus carencias y limitaciones.

Recordemos que Solís logró triunfar en el proceso electoral del 2014, no por sus propias cualidades o por sus propuestas programáticas, sino en virtud del desgaste sufrido por el Partido Liberación Nacional (PLN) como consecuencia de dos gobiernos consecutivos y por el escándalo de corrupción relacionado con la construcción de la “trocha” fronteriza, acaecido en el último de ellos, así como por el deseo de un “cambio” latente en la mayoría del electorado, aunque al final ese término resultara una incógnita y un concepto absolutamente insustancial.

A escasos dos meses de asumir el poder, sin sonrojarse siquiera y pretendiendo justificar los desaciertos iniciales, Solís confesó que “no era lo mismo verla venir que bailar con ella”, reconociendo así su ignorancia e impericia en el manejo de la cosa pública, a pesar de que en la campaña electoral solicitara el voto de los costarricenses asegurando tener la capacidad personal y contar con el mejor equipo para gobernar.

La novatada en el ejercicio de las tareas de gobierno también se reflejaron en la escogencia de un equipo de colaboradores en el que la mayoría de sus miembros carecía de experiencia en la actividad política y en la función pública, ideológicamente heterogéneo y previsiblemente conflictivo, como se evidenció a lo largo de su mandato, en el que la improvisación, las incoherencias, los embustes y las desinteligencias, fueron la constante en las actuaciones del presidente Solís y de su equipo.

Contrario a la austeridad prometida en el proceso electoral por él y por el Partido Acción Ciudadana (PAC), el primer presupuesto que envió a la Asamblea Legislativa fue un 19% mayor que el del período anterior, otorgándole a los empleados públicos un aumento salarial en un porcentaje que excedía en mucho el de la inflación.

Asimismo, los gastos en viajes, consultorías y publicidad de muchas de las instituciones del Estado tuvieron un incremento considerable en ese período.

El fiasco con la gestión gubernamental de Solís también pasa por el imprudente manejo del déficit fiscal y su consecuente incremento; por las múltiples promesas incumplidas, como el cierre de la Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS) y el Consejo Nacional de Vialidad (CONAVI); por la ausencia de un proyecto político concreto, de un rumbo claro; por la falta de transparencia en el manejo de los asuntos de Casa Presidencial.

También por las irregularidades cometidas en la organización del Festival Internacional de las Artes (FIA) del 2015 y su estrepitoso fracaso; por la “pifia” con la carretera de acceso a la terminal del mega puerto de contenedores en Moín, que ocasionó un costo adicional cercano a los 10.000 millones de colones; por los pluses salariales devengados por ministros y viceministros sin cumplir los requisitos.

Pero, por supuesto, por el vergonzoso escándalo de corrupción alrededor del negocio del cemento chino y el trato preferente dado por diversas instancias gubernamentales al empresario involucrado, incluida la presidencia de la República y el propio expresidente

Solís, quien le defendió públicamente y pretendió descalificar las denuncias sobre ese caso.

El débil liderazgo de Luis Guillermo Solís y la mediocridad de su gestión al frente del gobierno de la República en el período 2014-2018, fue, al fin de cuentas, un verdadero fiasco que decepcionó y frustró a miles de ciudadanos que creyeron que él era la opción para realizar el “cambio” anhelado, lo que repercute, lamentablemente, en una peligrosa e inconveniente pérdida de credibilidad y confianza de los ciudadanos en sus dirigentes y en nuestra institucionalidad.

 

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