¿Una eclampsia política? ¿De verdad, es en serio que quieren tumbar al Gobierno de Carlos Alvarado Quesada?

Algunas reflexiones más en serio que en broma.

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Vladimir de la CruzHistoriador y politólogo.

Ciertamente hay una efervescencia social, y política, contra el Gobierno de la República, especialmente contra el Poder Ejecutivo, y contra quien detenta la Presidencia de la República, por mandato del pueblo costarricense, que así lo dispuso el primer domingo de abril del 2018, en la segunda ronda electoral.

Parte de esta efervescencia viene de la acumulación de resentimientos políticos contra la forma como se ha venido gobernando Costa Rica desde hace muchos años, y por muchas administraciones, no solo por parte del Partido Acción Ciudadana, que viene ejerciendo la Presidencia de la República desde el 2014, en su segundo mandato, sino también contra los Partidos Liberación Nacional y la Unidad Social Cristiana que han ejercido el control del Poder Ejecutivo, técnicamente desde 1982, e históricamente desde 1948, cuando con la Junta Fundadora de la Segunda República, se modificaron las estructuras institucionales de los Poderes Públicos y del Gobierno, hasta hoy día, dándonos el país que tenemos, así como su estructura política e institucional, y durante toda la segunda mitad del Siglo XX un sistema bipartidista bien cimentado.

Parte de este resentimiento viene también de la conformación de la Asamblea Legislativa, de la integración de sus diputados y de la presencia de los partidos políticos que allí han operado, desde 1949, cuando se integró, después de la Junta de Gobierno, la Asamblea Legislativa, bajo un control bipartidista, que funcionó fuertemente hasta 1998, donde dos partidos principalmente, cuando uno de ellos no controlaba la mayoría parlamentaria, tenían la capacidad de dominarla en conjunto, para lo cual se ponían de acuerdo, tanto para la promulgación de Leyes como para el nombramiento de autoridades y funcionarios del Estado que son de competencia de la Asamblea Legislativa.

Desde 1998 hasta hoy ningún partido ha ejercido la mayoría parlamentaria y ha costado forjar acuerdos políticos, los cuales también se han hecho como partos realizados con fórceps, y con eclampsias políticas previas al parto de las Leyes, durante el nacimiento de las mismas y con convulsiones posteriores a ese parto.

La eclampsia, desde una visión política la podríamos ver así: es un estado grave de la enfermedad hipertensiva del embarazo, (del ejercicio del Gobierno).

La eclampsia produce convulsiones, (el cuerpo social nacional se ha agitado mucho desde el año pasado, primer año de gobierno de Carlos Alvarado Quesada).

La eclampsia puede colocar a la paciente embarazada en estado de coma, (acciones sociales, marchas, protestas políticas que llaman a eliminar como gobernante a Carlos Alvarado, y llaman a paralizar el país, y hasta gente que llama a dar un Golpe de Estado) sin que estas convulsiones tengan relación alguna con afección del cerebro (el Presidente de la República no muestra  afecciones ni alteraciones cerebrales. Parece más cuerdo de la cuenta).

La eclampsia política se puede producir, en este caso, como resultado de complicaciones que resultan de presión arterial alta, (todas las luchas y protestas sociales de los distintos sectores políticos, económicos, religiosos, sindicales, universitarios, estudiantiles, de gays y no gays, de religiosos de distintas iglesias y sectas, que tienen carácter, en una forma anárquica, que son denominadas por los mismo actores como luchas y huelgas políticas). También se puede producir la eclampsia por problemas vasculares y otras causas, algunas no del todo médicamente conocidas (las reacciones políticas que se están produciendo de manera terrorista, con actos terroristas, poner bombas aunque sean por ahora de juguete, en la Casa Presidencia y en la Asamblea Legislativa, desestabilizar el Gobierno y a toda la sociedad).

Se dice que la eclampsia se da en caso de partos de gemelos, (un segundo gobierno del Partido Acción Ciudadana, por ejemplo, igual al anterior), o si la madre es adolescente, (el Presidente es menor de 40 años, se comprende entre la juventud nacional), si es el primer embarazo, (es el primer gobierno de Carlos Alvarado), si la paciente es  afroamericana, (Luis Guillermo Solís tiene esas raíces, y rajaba con ellas, y a Carlos Alvarado lo ven como su continuidad).

La eclampsia alcanza su  gravedad cuando afecta la función cerebral y causa convulsiones o coma. El Gobierno, por ahora, ni está en convulsión, ni en coma y ni le falta cerebro. Pero sí es claro que a algunas personas que convocan a esta desestabilidad nacional sí les falta cerebro y racionalidad.

¿Sensatamente puede pensarse en quitar al Presidente de la República creyendo que él es el culpable de todo? Veamos.

Si se quita al Presidente haciéndolo  renunciar, por presión de la calle, de la Democracia de la Calle, como algunos  invocan y llaman a estas acciones, asume la Presidencia Epsy Campbell, que es la Primera Vicepresidenta. ¿Habrá alguien sensato, entre los que protestan contra el Presidente, y entre quienes quieren quitarlo, que Epsy será mejor que Carlos? Me imagino que solo Epsy lo pensará, pero no es ella la que agita aguas contra el Gobierno ni contra el Presidente, ni es la abanderada de esos movimientos, Ni estos movimientos y protestas piden que ella asuma el Gobierno.

Y, si también renunciara Epsy, el que asumiría la Presidencia es el Segundo Vicepresidente, líder sindical de los educadores. Ni los educadores, ni los sindicalistas que se movilizan, estoy seguro, ni piensan que el Segundo Vicepresidente sea mejor que Carlos y que Epsy.

Esto en el supuesto que renuncien atendiendo el clamor de la calle.  Y si renunciaran los tres, asumiría el actual Presidente de la Asamblea Legislativa, Carlos Ricardo Benavides, contra quien se movilizan los sindicatos por su gestión parlamentaria.

En esta lógica, la línea de mando se mantendría dentro de los parámetros de la elección de de febrero y de abril del 2018.

Pero, si los insurreccionales, los rebeldes, los sediciosos, los que llaman a la rebelión política, lo hacen pidiendo la destitución no del Presidente sino de todo su Gobierno, incluida la Asamblea Legislativa, es claro que hay que tomar medidas muy radicales para ello y tener al frente a alguien muy fuerte en liderazgo, carisma, y con control política de la nueva situación.

Destituir a todo el Gobierno es un acto político de gran magnitud. Entre los que convocan a la insurrección no sabemos quien es  la cara visible de ese movimiento, o quienes son los que encabezarían el Nuevo Gobierno e instaurarían una ¿Nueva República? No se presentan públicamente sus principales cabecillas. Nadie sabe quienes son, nadie conoce sus atestados morales y éticos, ni su trayectoria política. ¿Quién puede garantizar que alguien del anonimato pueda ser mejor que lo existente, visible y real?

Los procesos revolucionarios espontáneos solo se dieron en la época esclavista y en edad media y no provocaron la caída de los regímenes esclavistas ni feudales. Un intento de Golpe de Estado, un intento de Rebelión Política, como el que están algunos proponiendo requiere, necesita, un conductor político orgánico, un Partido Político o un Movimiento Político organizado. Y requiere, digámolo también, recursos militares. ¿Los tienen?

La izquierda que fue a pelear a Nicaragua y a Centroamérica, que había constituido Brigadas heroicas de combatientes, no es la que está convocando a estos movimientos sediciones, ni tienen esos “ejércitos” de luchadores armados, que hoy sería como constituir ejércitos de personas que andarían rondando los 60 años o más, si fueran ellos mismos. No hay ni siquiera partidos de izquierda en el país, en este momento, en capacidad de impulsar un movimiento de estas características político militares, ni hay condiciones internacionales que les apoyaran. Ni electoralmente tienen un caudal importante de votantes.

Si no es por la izquierda, entonces, ¿es por la derecha política del país?  Todavía existe el Movimiento Costa Rica Libre. No veo a sus pocos militantes, visibles y conocidos, convocando ni movilizándose en este sentido.

¿Lo es, entonces por los partidos políticos tradicionales, que podrían considerarse de derecha por haber ellos impulsado desde 1980 los  Planes de Ajuste Estructural, los Tratados Internacionales de Libre comercio, las privatizaciones de bienes del Estado, que vienen desde el Gobierno de Rodrigo Carazo, 1978-1982, de los que quieren continuar con estas privatizaciones?  No necesitan dar ese golpe porque las políticas que se han impulsado están bien arraigadas y difícilmente el país pueda salirse de ellas, que hoy constituyen grandes autopistas con muchos carriles, donde nos toca decidir a que velocidad vamos en ellos, y por ello en cuál carril nos movemos.

En algunos países y regiones geográficas ha habido grandes movilizaciones de ciudadanos, los “inconformes” de España, los “chales amarillos” recientemente en Francia,  que no han logrado alterar en nada la situación política que enfrentaban. Después de las marchas de España, dos semanas después, el movimiento se expresó votando por la derecha abrumadoramente. ¿Eso es lo que se quiere en Costa Rica? Votar por la derecha, por la derecha más extrema, políticamente hablando, es votar por los grupos pentecostales, por sus organizaciones políticas a nivel municipal como a nivel nacional y parlamentario. Con ellos se pone en juego todo el sistema liberal republicano hasta ahora alcanzado desde el Siglo XIX. ¿La promoción de esta derecha política es lo que se quiere tratando de sustituir al actual gobierno, que no es de izquierda? En su esencia el gobierno del partido Acción Ciudadana no es de izquierda, como algunos lo pintan, tampoco es de derecha en el sentido clásico, ni en el sentido bipartidista que ha gobernado el país, pero es un gobierno que no ha podido desembarazarse de ese marco de desarrollo económico e institucional que funciona en el país. Cualquier partido que hubiera llegado a la Presidencia, como los pentecostales o de izquierda, se hubiera encontrado en la misma situación que el Partido Acción Ciudadana, y quizá en un disyuntiva peor, porque tendrían contra sí a todos los partidos políticos movilizados, y porque tendrían sectores sociales poderosos organizados contra ellos. Hay que poner los pies en la tierra para entender el momento que estamos viviendo. Está en juego la estabilidad del país, por un lado, pero también sus Libertades, sus Derechos, los Derechos Humanos, y la Democracia como sistema de convivencia política y ciudadana que tenemos.

Cuando ha habido procesos revolucionarios que han cambiado la historia de sus países, los líderes de esos procesos, aún cuando actuaban en la clandestinidad eran conocidos, reconocidos, amados y temidos, y dirigían esos procesos provocando confianza en los seguidores y luchadores de los mismos.

Si sucediera algo parecido quien quiera que asuma el Gobierno, en esas condiciones, no va  a ser mejor que lo que tenemos. Para empezar tiene que suspender garantías sociales e individuales para poder gobernar por la fuerza, tiene que suspender la Corte Suprema de Justicia e integrar nuevos tribunales, jueces y Magistrados, tiene que suspender el funcionamiento de la Asamblea Legislativa, porque con la actual Asamblea no podrá gobernar. Debe imitar en este sentido a la Junta Fundadora de la Segunda República y gobernar por Decretos Leyes. Debe además ejercer control de censura en las publicaciones periodísticas para evitar que los medios le ejerzan control y le movilicen opositores, o le impongan agendas de gobierno, y para evitar que la oposición al nuevo gobierno, o Nueva República, se organice. Si en el eventual triunfo político de estos sediciones lo hicieran los pentecostales habrá persecución radical contra las prácticas católicas, contra la adoración y veneración que le rinden los católicos a sus vírgenes, a Virgen de los Angeles, ya vilipendiada por ellos desde la campaña electoral del 2018, para anular celebraciones religiosas católicas de cualquier tipo. Si resulta de un gobierno por la fuerza, al IVA ya existente junto con toda la Reforma Tributaria, que no lo van a quitar para poder gobernar, le meterán el 10%, el diezmo obligatorio, para mantener los nuevos cultos pentecostales, junto con las ayudas que en el Presupuesto Nacional se le da a la Iglesia Católica que se pasaría a esta otras.

Si un populista, de izquierda, o de derecha, asumiera por la fuerza en este momento, o como resultado de esta desestabilización, que se quiere provocar, tiene todas las Leyes ya aprobadas con las cuales puede intervenir y quitar todos los bienes, propiedades, capitales de las personas ricas, empresarios, y justificaría con movilización de las masas contra los evasores, elusores, contra quienes no pagan salarios mínimos, contra los que no pagan las cargas sociales, contra los que retiene impuestos y no los entregan a la Tributación, contrabandistas, propietarios que no pueden demostrar el origen de su capital y de sus propiedades y bienes en general, tomando tierras y expropiando bienes.

En todo este barullo político social ni siquiera se está proponiendo, como se hace en Nicaragua y Venezuela, que se adelanten las elecciones presidenciales. En tal sentido hay que entender que se quiere tumbar al gobierno no por elecciones sino como resultado de movilizaciones populares o de un Golpe de Estado que se estuviera fraguando en sus entrañas.

Sensatez, prudencia, discusión seria, serena y reflexiva necesitamos en este momento.  

Las preguntas importantes son:

¿A dónde realmente se quiere llevar al país con estas protestas, luchas y movilizaciones sociales y políticas?

¿Está claro ese panorama que debe ir más allá de solo tratar de quitar a Carlos Alvarado Quesada de la Presidencia de la República, o de quitar a todo el Consejo de Gobierno?

¿Se tiene claro también que en una situación como esta también hay que eliminar a la Asamblea Legislativa, suspenderle sus funciones?

¿Está claro para  quienes creen que se debe gobernar con un “hombre fuerte”, hay que darle concentradamente todos los poderes  políticos, el Ejecutivo y el Legislativo para gobierno por medio de Decretos Leyes y que pueda hacerlo?

¿Está claro también que en esta nueva situación hay que anular a toda la Corte Suprema de Justicia y nombrar nuevos Magistrados y por los menos Jueces Superiores?

¿Es todo esto lo que se quiere?

 

Vladimir de la Cruz
Político, historiador, profesor universitario y ex embajador de Costa Rica en Venezuela. 
Fue candidato presidencial del partido izquierdista Fuerza Democrática en tres ocasiones.

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