buritora / Shutterstock

Una de las cosas que más le gustan a Irati, que acaba de empezar a acudir a la escuela infantil con 2 años, es una sala llena de colchonetas donde salta y corre con otros niños de su edad mientras su maestra la observa y la acompaña en ese juego. Es la sala de psicomotricidad.

Aunque parezca tiempo de juego sin más, lo que está sucediendo es vital tanto para Irati como para su maestra, que no pierde de vista lo que hace e interviene para poner palabras a lo que está haciendo y poder acompañarla teniendo en cuenta sus necesidades.

Los primeros años de los niños y las niñas son los más importantes de su vida. Las experiencias vividas a lo largo de este periodo influyen directamente en su futuro, ya que es la etapa durante la que se establecen las bases de la edad adulta. El desarrollo social y emocional
del futuro dependerá de dichas experiencias.

La práctica de Aucotourier: de la impulsividad a la reflexión

En el aula de Educación Infantil (de 0 a 6 años), la práctica psicomotriz desarrollada por el pedagogo francés Bernard Aucouturier propone la creación de una sala específica para que el niño evolucione y transforme la pulsión en pensamiento, ayudándole así en su desarrollo madurativo. El rol del psicomotricista (o la maestra formada en psicomotricidad) es clave en estas sesiones.

La aportación principal que hace Aucouturier es romper con la dualidad de cuerpo y mente que históricamente se ha establecido a la hora de estudiar y analizar a las personas y los procesos de aprendizaje. Propone entender a los niños como seres globales en los cuales el aspecto cognitivo, emocional y motor van entrelazados.




Leer más:
Qué es el trastorno del desarrollo de la coordinación y cómo detectarlo cuanto antes


Escuelas que vayan más allá de lo cognitivo

Históricamente, la escuela se ha centrado en la transmisión de contenidos y en desarrollar la inteligencia, pero no en atender el cuerpo. Si tenemos en cuenta la globalidad del niño, debemos ser conscientes de que el cuerpo y las emociones también están presentes en el aula.

Con el objetivo de trabajar el aspecto cognitivo, la escuela propone actividades que empujan a los menores a sentarse en las mesas. Se nos olvida que los niños se expresan mediante el juego y el movimiento, y que van construyendo su propia identidad experimentando con su cuerpo.

Pero en esta etapa es fundamental que las necesidades básicas de los niños sean atendidas y saber el momento evolutivo en que se encuentra el niño para poder ajustarse mejor a él. Qué está diciendo con el cuerpo y con el movimiento. Por tanto, es esencial escuchar y mirar auténticamente a los niños. Tener capacidad de escucha y comunicación, y también estar disponibles para acompañarlos durante su proceso.

El papel del adulto

Ante esta manera más global de entender al niño, el rol que toma el psicomotricista es el de observar y acompañar a los niños en su juego, sin dirigir lo que tienen que hacer, pero sí ayudando a estructurar la sesión para facilitar que vayan pasando por las diferentes fases del juego. Es imprescindible que el psicomotricista también sea la figura de ley y seguridad, estableciendo un vínculo seguro con los niños y recordando a los niños la norma de oro: “No se puede hacer daño a los demás ni a nosotros mismos”.

En este proceso, el niño hace una evolución madurativa que empieza en el placer de jugar y termina en el placer de pensar. Evoluciona de la expresividad motriz (pulsión) y el movimiento hasta el acceso a la capacidad de descentración (entender el mundo independientemente de los propios parámetros afectivos y emocionales, diferenciar entre lo propio y lo externo). En esa transición, pasan de la dependencia a la autonomía, y de la impulsividad a la reflexión. Los niños se van abriendo a las relaciones y a la comunicación.

La utilidad de esta práctica para los maestros

La formación para los maestros y maestras se basa tres pilares:

  1. La formación personal ofrece la oportunidad a los docentes de analizar, observar y reflexionar sobre las actitudes que son clave para poder acompañar a los niños y las que tenemos interiorizadas e influyen sin que nos demos cuenta en el día a día y en las relaciones que crean con los niños.

  2. La formación teórica ayuda a los educadores a entender mejor el desarrollo global de los menores.

  3. La formación práctica completa los conocimientos con herramientas para observar e interpretar lo que los niños y las niñas manifiestan tanto en su movimiento como en el juego libre.

Vínculos seguros con los maestros

Los niños necesitan confianza y para ello es imprescindible crear un vínculo afectivo con el adulto. Los menores deben sentirse queridos y seguros con los adultos que les rodean y, por tanto, también con sus maestras. Es importante reconocer que existen como sujetos originales, únicos, respetando su manera de ser.

Los adultos que acompañan a los niños deben ser capaces de acoger al niño con todo lo que trae, sin juzgar, y ofrecerle la manera para poder madurar y transformarse.




Leer más:
‘Talentoso’, ‘vago’, ‘desordenado’: el efecto de las etiquetas en el desarrollo de la personalidad


Relaciones personales y corporales

Centrarse en un trabajo más corporal y vivencial en la formación de maestros y maestras puede ayudarlos a gestionar adecuadamente la alta implicación personal que supone el trabajo educativo con niños pequeños.

La intervención con niños y niñas de estas edades se desarrolla a través de una relación personal que va más allá de la tarea docente en otras etapas educativas. Por ello el desarrollo personal, el autoconocimiento, la identidad, la resiliencia y la sensibilidad de las educadoras y los educadores en esta etapa de educación infantil son facetas fundamentales que deberían tenerse en cuenta a la hora de formarse para esta tarea.

Cuando crezca, Irati no tendrá recuerdos concretos de aquella sala de colchonetas y de las maestras que la atendieron cuando era tan pequeña. Pero la relación emocional y física que estableció con ellas la acompañará toda la vida en la forma de un apego seguro. El trabajo hecho por las maestras para escuchar, acompañar y dar seguridad emocional ayudará a Irati a sentirse más segura ante retos que pueda encontrar durante la vida, y le ayudará a crear relaciones más saludables.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

Publicado originalmente en The Conversation

The Conversation

Por The Conversation

The Conversation US surgió de preocupaciones profundamente arraigadas por la calidad cada vez menor de nuestro discurso público, y del reconocimiento del papel vital que los expertos académicos pueden desempeñar en la arena pública. Independiente y sin fines de lucro, es parte de una red global de redacciones que se lanzó por primera vez en Australia en 2011. The Conversation comenzó sus operaciones en EE. UU. En 2014 y ahora también publica en Canadá, Reino Unido, Francia, Indonesia, África y España. así como Australia.