Roxana Fonseca, Junio 2017. Desde hace unos días vengo escribiendo acerca de la pobreza, las líneas firmadas quizá para muchos no tengan sustento estadístico, con relación a la situación real de la pobreza en el país, he de decir que quizá tengan razón; esto se debe a que, aunque no he aparecido en los anales de la historia patria como parte de las estadísticas de pobreza, si he sido parte de ella.
Crecí en un hogar de clase media, con algunas limitaciones económicas, pero con una madre muy abnegada, que siempre se preocupó por darnos educación, ella fue educadora durante treinta años, provenía del campo, supo lo que era andar pata pelada o de pie en el suelo, sin zapatos y, nunca quiso eso para sus hijos.
Mis hermanos y yo, gloriosamente alcanzamos grados académicos universitarios, en mi caso estuve en un colegio semioficial y para cubrir los gastos, desde el cuarto año hasta culminar la universidad, conté con beca de estudio, primero de la Fundación Ciudadelas de Libertad y luego también la de la Universidad Nacional.
En la Fundación Ciudadelas de Libertad cultivé mis cualidades de liderazgo y valores que me marcaron toda la vida, dada la filosofía del Fundador de la organización, de no dar un pez, enseñar a pescar. Así debe ser.
Todos alzamos vuelo y creímos alcanzar todo cuanto creíamos, pero no fue así, en un momento de mi carrera profesional, por malas decisiones gubernamentales tuve que acogerme obligatoriamente a la movilidad laboral, trabajé para la empresa privada y al cabo de dos años, por circunstancias de la vida quedé cesante, al tiempo de esto tuve la dicha de quedar embarazada, cosa que durante diez años de matrimonio no había podido lograr; a los tres meses de embarazo, mi esposo al igual que yo quedó cesante y con una criatura a cuestas por ver la luz, asumimos la responsabilidad, de continuar la marcha en nuestro andar por la vida, hubo momentos en que no teníamos que comer, ni que vestir, gracias a Dios teníamos un techo y como prioridad era nuestro hijo. Nunca falto un alma caritativa y una mano amiga que nos diera alimento y vestido, pero llegué a ser un cadáver ambulante de tan solo 45 kilos de peso. Trabajé en lo que pude, aunque en ocasiones se me explotó y no se me pagó, creí en mí y en mis capacidades y luché junto a mi esposo para salir del bache en que nos encontrábamos sin darnos por vencidos.
Como tenía casa propia, televisor y otros enseres domésticos, cuando me censaron, nunca llegué a estar en la estadística nacional de pobreza, pero si fui parte de ella, ¿cuántas familias estarán en igual condición?
Por lo anterior con toda propiedad les digo la pobreza es una situación más allá de las estadísticas, de los estándares dados por organismos internacionales, es una vivencia terrible que si no se tienen las herramientas y las oportunidades a la mano es difícil de enfrentar.
Salir de esta situación no fue sencillo, pero lo logramos gracias a la actitud que tuvimos para enfrentar la vida, porque creímos férreamente que salir a pescar era la mejor forma de avanzar y porque fuimos conscientes que esperar la ayuda solo nos iba a conducir a ser dependientes, pero no íbamos a crecer más allá de la coraza social que la medites y las circunstancias nos imponían.
¿Nosotros lo logramos, por qué otros no?, es tiempo de concientizar a las personas de la necesidad de cambiar actitud, frente a la vida, de apoyarnos los unos con los otros, pero, sobre todo, que lo fundamental es enseñar a pescar, no solo dar el pez y en ese sentido las políticas sociales gubernamentales para que sean exitosas y permanentes deben de tender a alcanzar esta tarea, no para tener valores cuantitativos de gestión, sino para realmente revertir procesos sociales.
Tal vez ahora los lectores puedan entender el por qué mi énfasis en esta temática, la cual he vivido en carne propia y que además ha sido una de mis principales esferas de trabajo y vida profesional.
Roxana Fonseca Abarca MSc.
Planificadora

