Eugenio Herrera Balharry, setiembre 2017. “Maje, vamos a almorzar”, así más de una vez nos fuimos a almorzar a alguna soda en las cercanías del Paseo Colón, ya que trabajábamos en COMEX, bajo el entonces Ministro Samuel Guzowski, que también nos dejó y al cual personalmente le tenía gran aprecio y gratitud por su solidaridad para conmigo en momentos familiares difíciles.
Vilma, diría que era un verdadero tractor de trabajo, pero con una hermosa voz. Quienes no disfrutaron de sus recitales no imaginan como cautivaba el auditorio del Museo Calderón Guardia, en esa faceta inesperada de su vida.
Con Vilma acompañé aquél arduo trabajo por la simplificación de trámites, que bajo su inspiración dio los primeros logros importantes y abrió camino para su errática continuidad.
Vilma como Ministra de Economía nunca dejó de ser mi amiga, nunca se le fueron los humos a la cabeza y nunca faltaba el grito “idiai maje”, donde fuera que nos viéramos, a diferencia de muchos amigos políticos que se suben a las torres de marfil y de ahí bajan de un solo, dándose el golpe de su vida cumplidos los cuatro años haciendo de «importantes».
Vilma como ejecutiva de Microsoft fue una buena adversaria -además del campo político- ya que me correspondió en el Despacho de la en aquel entonces Diputada Laura Chinchilla, poner en discusión el tema del software libre. Ambos nos tomamos esto deportivamente, sobrevivió la transnacional y el software libre.
Después de años, esporádicamente nos saludábamos, hasta perderla como muchos de los que deciden irse a vivir a la República de Escazú.
Vilma, al igual que muchas y muchos de tus amigos no te olvidaremos jamás, nos entristece tu perdida y sepas que en mi privacidad mis lágrimas de anoche “fueron por tu culpa, maje”.
