Valeria Madrigal: Jean-Paul Marat, la voz de la ira francesa durante la revolución

Jean-Paul Marat representó de tal manera las cualidades más atroces de la naturaleza humana, y como la ira demagógica de un hombre puede cegar a las masas. Conmemoremos entonces el alzarnos contra la tiranía, manifestemos la lucha por la justicia.

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Valeria Madrigal VargasEstudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional.

Desde muchas partes del mundo la presunta respuesta de María Antonieta hacia la precariedad de su pueblo ha destacado como una ejemplificación de la arrogancia y superioridad de las élites. Incluso considerando que el origen de la emblemática frase sea desacertado, es importante no perder el norte de lo que la presente simbolizó a las masas y como es una paradoja incluso aplicable a la vida actual. Representa la ignorancia de las élites, el egoísmo de los privilegiados y la facilidad con la que eludían las necesidades de su pueblo. Una frase que resumió los sentimientos del primer y segundo estado francés hacia la burocracia y el pueblo campesino. Y es que lo que inició como una época de terror y liberación para la burguesía y el tercer estado no surgió de la crítica legítima a un diálogo aislado de la reina, ni de un odio injustificado a la aristocracia, sino al desinterés de los líderes y al inicio de una sociedad burguesa culta. Que mejor caso para analizar, entonces, las conductas revolucionarias y críticas del pueblo, que con la vida de Jean-Paul Marat, revolucionario radical, a quién incluso llegó a atribuírsele como “el amigo del pueblo”.

La historia se refiere ahora a Jean-Paul Marat como un teórico político, médico y científico francés, quién se desarrolló posteriormente como político y periodista durante la época revolucionaria. Fuera de las biografías formales, Marat es percibido como quién sentía una ardiente, y en ocasiones poco justificada, necesidad de retar a la autoridad, además de negar y crear controversia con respecto a teorías que ya habían sido aprobadas por la sociedad científica. Tal fue el caso cuando negó que existiera una relación entre la ciencia y la filosofía, lo cual resultó en un fuerte rechazo por parte de Voltaire. La atención de Voltaire (siendo negativa) le abrió al teórico una puerta hacia el interés del pueblo.

Al contrario de lo que sus últimos días como radical pueden llegar a indicar, Marat tuvo sus inicios sin acercarse todavía a la contemplación de una revolución, sino que proponía que los cambios necesarios se podían generar desde reformas sin necesidad de abolir la monarquía. Al igual que el pueblo, el descontento de Marat fue en aumento conforme la aristocracia evadía responder a las necesidades. Poco a poco los artículos de Jean-Paul, en su revista «L’ami du peuple» rozaban en la ira y el odio, convirtiéndolo en uno de los principales delatores que repugnaban al Antiguo Régimen. Además de sus textos, participó en la Asamblea Constituyente como diputado del pueblo, abogando por los derechos de los ciudadanos. Gracias a eso el entusiasta francés se convirtió en héroe y motor de la furia del pueblo. Se vio forzado a ocultarse varias veces por la persecución de aquellos en poder, entre estos huyó a Londres por su fuerte crítica al Marqués de Lafayette, y luego se ocultó en las catacumbas de París (donde se dice contrajo una enfermedad no identificada). Tal acoso solo sirvió para alimentar más su fama y la rabia del tercer estado, que en aquel momento era fiel defensor de su palabra.

Con la instalación del poder de Robespierre, Jean-Paul Marat se convirtió en partidario y reconocido periodista de la época. Pero en tal momento Marat, cegado por su odio y por el extremismo, redirigió sus fuerzas a criticar no solo a los antiguos conservadores aristocráticos, sino también a los revolucionarios moderados (o Girondinos). Se convirtió en verdugo de la oposición y en la manifestación del terror y rencor de los jacobinos y minorías empobrecidas. Las famosas listas negras de Marat llevaron a la guillotina a cientos de personas, siendo de tal manera fiel defensor del periodo que se llegó a denominar El Terror. En aquel momento la imagen idealizada que alguna vez había tenido Marat, sobre una república francesa igualitaria, se había visto corrompida por el terrorismo de Estado, del cual era no solo secuaz, sino protagonista y causante.

Las medidas inquisitivas a las que Marat aplaudía no tardaron en alzar el miedo de los moderados y conservadores, lo cual resultó en el científico encontrando su muerte el 13 de julio de 1793. Su muerte, trágica e interesante desde el análisis, se produjo como una respuesta de los Girondinos tras la caída de los moderados el 31 de mayo del mismo año. Tal evento fue considerado el último gran logro de Marat. El terror de los moderados llevó a una mujer de 25 años, bajo el nombre de Charlotte Corday a solicitar una audiencia privada con Jean-Paul, quién en ese momento se pasaba los días sumergido en su bañera para aliviar el dolor de las úlceras que generaban su enfermedad. La versión más conocida de su muerte relata que Corday le indicó una lista de nombres de Girondinos, mientras que el hombre los apuntaba, finalmente le aseguró a la chica que todos serían guillotinados, a lo que ella le apuñaló, llevándolo a su muerte. Las últimas palabras de Marat fueron de completa confusión. «A moi, ma chère amie!» (¡A mí, mi querida amiga!), las últimas palabras de alguien que no desconfió, de alguien que jamás pensó que, con tanto poder acumulado, algo así llegaría de pasarle a él. Un nuevo ejemplo de una persona que después de luchar contra la injusticia de las élites, pasó a formar parte de aquello que tanto criticó, se volvió la imagen de aquella crueldad y superioridad ignorante que odiaba.

Corday fue detenida y guillotinada al poco tiempo. «He matado un hombre para salvar cien mil» se justificó, revelando como ese fue el intento de los moderados por poner fin a la época de terror y violencia de la revolución. ¿Cómo iba a saber Corday, o los Girondinos, que sus acciones resultarían en la victimización de Marat que desencadenaría un período incluso más intenso de asesinatos? Robespierre y sus partidarios políticos lanzaron una campaña para vengar la muerte de Jean-Paul, la cual resultó apoyada por gran parte del pueblo, quienes ahora antagonizaban a los Girondinos. El pintor Jacques-Louis David ilustró la muerte del francés, convirtiéndolo en la imagen de la revolución y sed de venganza del pueblo y de los jacobinos.

Su voz se volvió en el grito de los que pedían justicia, su imagen reemplazó crucifijos en iglesias y su muerte se volvió la excusa para aplaudir la violencia y el terrorismo de Estado. Marat encontró su final junto con los jacobinos, no en vida, pero en representación.

Cuando conmemoramos un día como el 14 de Julio, como máxima expresión de los ideales de libertad, fraternidad y equidad francesa, es también importante contemplar las peores facetas del periodo. Jean-Paul Marat representó de tal manera las cualidades más atroces de la naturaleza humana, y como la ira demagógica de un hombre puede cegar a las masas. Conmemoremos entonces el alzarnos contra la tiranía, manifestemos la lucha por la justicia. Pero condenemos la violencia y a los falsos representantes, quienes motivan su propio despotismo.

 


Valeria Madrigal Vargas,
Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional.

 

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