Dennis Meléndez Howell, Economista.

Garajo, grajo o graja.

Aún a principios de los 50 del siglo pasado, el uso de la palabra carajo era socialmente inaceptable. Se le usaba, principalmente, como exclamación, para denotar un arranque de ira o mostrar profundo desacuerdo con algún tema o actuación de alguien. De hecho, llamar carajo a un individuo (un varón, nunca se le usó en femenino) era un insulto grave, quizás más que el propio mentonazo de madre. Y es que carajo, desde tiempos coloniales era el nombre más vulgar con que se conocía al miembro viril. He buscado en diversas fuentes el origen de esta palabra y he encontrado algunos datos interesantes que resumo a continuación.

Insistentemente circula en internet una explicación del término “váyase p´al carajo”, que pareciera no concordar con el significado ofensivo que tenía en la Costa Rica de pose victoriana de antes de los 1950. Resumidamente, la versión lo que dice es que, carajo, era la canasta del vigía en el mástil principal de los buques antiguos. Cuando alguno de los marineros cometía alguna falta, como castigo, lo mandaban a esa posición, la cual era muy desagradable pues el bamboleo de las embarcaciones se multiplicaba y el frío, principalmente en el invierno, helaba hasta los huesos. El vigía tenía que tener muy buen estómago para soportar el movimiento y alta capacidad para sobrevivir a las bajas temperaturas.

Según he encontrado, esta versión podría tener algo de sentido. Solo que, en realidad, no es a la canastilla, en sí, a la que se llamaba carajo, sino que a ésta se le identificaba como un nido de un pájaro. La expresión se deriva de la palabra holandesa “kraaienest” que significa: “nido de cuervo”, que era el nombre que le daban al puesto del vigía en el mástil central de la nave. En holandés, “kraaie” es una especie de cuervo. Hay un dicho español que reza: “cuando el grajo vuele abajo, hace frío del carajo”.

A una variedad de cuervo se le llamaba en español antiguo garajo, que evolucionó primero a carajo e independientemente a graja y posteriormente grajo. Quizás, la asociación vulgar del carajo con el pene, puede tener alguna relación náutica relacionada con el mástil, pues, al palo colocado perpendicularmente y a diferentes alturas en los mástiles de los veleros grandes para sujetar las velas rectangulares, se le conoce como verga.

Otra versión con que me he topado, dice que la palabra proviene del Árabe, “kharaja”, la cual significa salir. Originalmente se decía simplemente como una órden: “¡Kharaja!, que los españoles repetían simplemente espetaban como caraja o carajo, a manera de orden con sentido fuertemente impositivo y brusco. Luego se extendió como váyase al carajo.

Pero esta explicación en sí, no nos aclara el porqué del sentido vulgar del término.

Se dice que, hacia el año 400, en España y Portugal, el término carajo tomó un sentido vulgar, y pasó a ser un nombre malsonante para el miembro viril. Y la explicación es sencilla. En casi todas las culturas, al órgano sexual masculino, por su morfología, se le identifica con un pájaro o una paloma. De hecho, estas dos denominaciones son ampliamente difundidas en forma explícita y directa. En muchos casos, como una especie de metáfora, se prefiere usar el nombre de algún pájaro en particular. Como ejemplo, en Costa Rica, al pene se le asocia con el piche (tipo de pato pequeño de la región del Pacífico), y su femenino, picha.

En Portugués, garajo tomó la forma de “caralho, y en Catalán, “carall” y, como pájaro, fue una de las formas vulgares de nombrar el pene. En gallego, la palabra se transformó en “carallo”, pero no tiene ningún sentido peyorativo, más bien se usa para expresar algo muy bueno, uso que también ha venido a América: “¡fue un partido del carajo!.

Por lo tanto, “váyase al carajo” es otra forma grosera de decir “váyase a la mierda” o “váyase al diablo”.

 

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Por Dennis Meléndez

Dennis Meléndez Howell. Graduado en Matemáticas y Economía, por la Universidad de Costa Rica. Magíster en Ciencias por la Universidad de Chile, con especialidad en Desarrollo Económico. Doctorado por la Universidad de Duke, Carolina del Norte (USA), Master in Arts en 1987, y el Ph. D. en Economía, con especialidad en Comercio Internacional y Teoría Monetaria. Inició su carrera como economista en el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS). Economista de la firma Consejeros Económicos y Financieros S.A. (CEFSA). Gerente del BANHVI y posteriormente el de Gerente General del Banco Cooperativo Costarricense. Fue Director del Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la UCR y Director de Estudios Económicos del Fondo Latinoamericano de Reservas. También se desempeñó como Regulador General de la República.