Lo que vive Venezuela por más triste que resulte a los ojos de los demócratas, no es ninguna novedad, es el resultado de un régimen basado en el populismo afirmado en la represión militar, ambos elementos típicos de las dictaduras vestidas de democracia.

La crisis ha llegado a tal nivel que trasciende las necesidades económicas de la población de ese país, donde la mano dura del poder armado arrasa con cualquier manifestación antirrégimen.

Las voces de líderes mundiales han denunciado los atropellos constitucionales del régimen chavista, sin Chávez. El día de hoy las muertes causadas por la represión no tiene perdón, menos la prolongación del sufrimiento innecesario del pueblo venezolano.

La declaración de mayor peso ha sido la de los ex Jefes de Estado y de Gobierno firmantes de las declaraciones de Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA-Democrática), quienes “expresamos nuestra indignación y más firma condena pública ante los actos de flagrante e impúdica represión que se han venido recrudeciendo en Venezuela por parte del gobierno dictatorial de Nicolás Maduro.” “…Es cada vez más claro que frente al colapso del régimen la única forma de sostenerse en el poder es mediante el recrudecimiento de la represión”.

Triste es, que líderes comunistas criollos no se sonrojen, callen y hasta apoyen al gobierno represor aduciendo que es por la “defensa de la revolución”, misma que algún día quisieran instaurar en este suelo.

En Costa Rica, Oscar Arias dice que: “…la única salida para acabar con la crisis política, económica, social y humanitaria que vive Venezuela es convocando a elecciones”.

La enseñanza que nos deja la “experiencia” venezolana, es clara: no caer en las tentaciones del populismo vacío, demagógico e irrespetuoso de la legalidad, los Derechos Humanos y la democracia.

(Fotografía Enriqueta Bruni)

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Por La Revista CR

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