Venezuela y la VIII Cumbre de las Américas

“La democracia y los derechos humanos nunca fueron tan desplazados por los intereses económicos como durante esta administración Solís, lo que implica una enorme y penosa contradicción que perseguirá siempre a Luis Guillermo”

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La VIII Cumbre de las Américas se llevará a cabo en Lima, Perú durante los días 13 y 14 de abril de este año, dando continuidad así a los encuentros de mandatarios del continente y la Península Ibérica.

El tema central de la Cumbre será el tratamiento de los efectos de la corrupción en la institucionalidad democrática, la gobernabilidad y los objetivos de desarrollo sostenible adoptados por la comunidad internacional en la Agenda 2030, a la luz del andamiaje normativo internacional existente. A partir de los resultados obtenidos en este diagnóstico, se sugerirán cursos de acción concretos para hacer frente a los problemas identificados.

La participación del Presidente de Venezuela en la Cumbre, ha sido objeto de amplia discusión en el ámbito diplomático.

Nicolás Maduro ha sido calificado de “dictador” de presidir un gobierno opresor de su población y de sostenerse en el poder, bajo la aplicación de normas jurídicas ilegítimas.

La Cancillería del Perú, anfitrión de la Cumbre ha sido claro, notificando a Venezuela que:

«El Gobierno de la República del Perú ha decidido retirar su invitación al Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela para participar en la Octava Cumbre de las Américas”, reseña la misiva emitida el martes 13 de febrero, y que de acuerdo con el diario El Correo de Perú, fue enviada al ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Arreaza.

En la «desinvitación» enviada a Maduro, el documento lleva la firma de la ministra del sector, Cayetana Aljovín, quien argumenta que esta decisión se fundamenta en la Declaración de Québec, la que establece que cualquier alteración o ruptura inconstitucional al orden democrático “constituye un obstáculo insuperable para la participación del gobierno de dicho Estado”.

Con el objeto de tener un panorama más claro desde la óptica costarricense, La Revista entrevisto al Exembajador de Costa Rica ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Pablo Barahona Kruger, colaborador de este medio digital, quien inicia argumentando que:

“Al Grupo de Lima y a la OEA en general, en cuenta a Costa Rica, les agarró muy tarde y cuando digo muy tarde, es tremendamente tarde, para plantarse en firme frente a los abusos de Venezuela.”

Contextualizando aspectos organizativos, cabe señalar que el citado Grupo de Lima, es una instancia multilateral que se estableció tras la denominada Declaración de Lima, el 8 de agosto de 2017 en la capital peruana de Lima, donde se reunieron representantes de 17 países con el objetivo de dar seguimiento y buscar una salida a la crisis en Venezuela. Entre otras cosas, exige la liberación de los presos políticos, pide elecciones libres, ofrece ayuda humanitaria y critica la presunta ruptura del orden democrático en el país sudamericano.

Así las cosas y ante la ausencia de decisiones contundentes en el plano internacional frente al gobierno de Nicolás Maduro, Barahona nos recuerda que:

“… ya en la cumbre de las Américas del 2015 en Panamá, no hubo declaración presidencial, y eso podemos facturárselo a Venezuela y a Cuba, siendo  que ni Costa Rica ni el resto de los países que venían impulsando una declaración sólida sobre democracia y a la postre integrarían el Grupo del Lima, alzaron la Voz. Simplemente callaron.  Ese ya no era un buen presagio de lo que se venía por delante. Luis G. Solís opto por retirarse de la Cumbre en Panamá desperdiciando la oportunidad de plantársele a Maduro y desperdiciando el espacio que le habíamos conseguido para que hablara en medio de Barack Obama y Raúl Castro”.

La posición de Costa Rica otrora más clara, menos ambigua y más decidida a la hora de defender los valores democráticos, ha sido menguada durante estos años, dejando al país como simple espectador de los acontecimientos internacionales.

El país ha perdido presencia en los foros internacionales por falta de propuestas e incapacidad para lograr mantener y ampliar el número de asientos en los organismos internacionales que deciden y dictan políticas, ante ello Barahona expresa que:

“…la capacidad de un equipo diplomático, un canciller etc. se mide a partir de su inteligencia para anticiparse, pero, esa capacidad de Costa Rica y la mayoría de los cancilleres de las Américas ha sido absolutamente nula y no es sino hasta ahora que los venezolanos están sufriendo esta crisis sin par, que reaccionan, pero ya sin ningún sentido de oportunidad. Debemos tener claro que una decisión retardada es siempre una decisión equivocada.”

Para Barahona, la hoja de ruta de todo esto se había fijado ya desde finales del 2014 y a principios del 2015 y prácticamente todas las primeras proposiciones que se discutieron en la cancillería corrieron igual suerte y no fueron avaladas por el canciller, quien no tampoco quiso metérsele al tren de Maduro.

“Digamos que ahí fue,  por decirlo menos, excesivamente prudente la posición de Costa Rica en relación a Venezuela, y entonces venir ahora a plantarse ante Venezuela, pareciera más pose, más casi una moda, que un acto de convicción democrática como si hubiera sido 2014-2015, cuando Maduro estaba tambaleándose en el poder y la oposición no estaba realmente bien posicionada para poder relevar al Régimen, Por qué este gobierno se ha esperado hasta ahora a esperado que la oposición está totalmente desmembrada? Eso es no tener ningún sentido de oportunidad ni seriedad. Como si solo interesara la diplomacia de intereses (económica) y no la de valores y principios (democracia y derechos humanos)”

“Con el pueblo pasando hambre, sin medicinas, con la estructura económica destruida, vienen hasta ahora los cancilleres a reaccionar, me parece que no es de aplaudirles, al contrario, es de reprocharles por haberlo hecho tan tarde y hacerlo ya casi que en pura pose”.

“La democracia y los derechos humanos nunca fueron tan desplazados por los intereses económicos como durante esta administración Solís, lo que implica una enorme y penosa contradicción que perseguirá siempre a Luis Guillermo”, concluye Barahona.

 

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