Venezuela y pongamos las barbas en remojo

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Lilliana Sánchez B., Politóloga (Msc.).

Si una sociedad libre no puede ayudar a sus muchos pobres, tampoco podrá salvar a sus pocos ricos.
John F. Kennedy

Como dirían nuestros abuelos los costarricenses al observar la situación que hoy lamentablemente viven nuestros hermanos venezolanos debemos “poner las barbas en remojo”.

La pesadilla bolivariana terminó por destruir lo que ya de por sí era una economía insostenible, pero sería iluso pensar que la revolución chavista se dio en el vacío.

No hay necesidad de profundizar mucho para darse cuenta de que esta situación es la respuesta a lo que los gobiernos de ese país empezaron a construir hace ya muchos años atrás: desempleo, inseguridad ciudadana, corrupción, no rendición de cuentas a los ciudadanos por parte de los gobernantes, desigualdad social profundizada creando grandes sectores de pobreza y pobreza extrema.

Nuestro país durante más de treinta años ha vivido algo similar a lo que hoy produce esta difícil situación al pueblo venezolano. El bipartidismo durante años construyó también una sociedad desigual. Los datos son inequívocos: la brecha entre los que más tienen y los que menos tienen se ha incrementado. Y también estuvimos gobernados por clientelismos cuyos resultados fueron pensar en como llenar bolsillos y no en el Bien Común.

Muchos más costarricenses viven el día de hoy la pobreza y la pobreza extrema a pesar de los programas sociales. El desempleo se ha incrementado, la inseguridad ciudadana se ha incrementado. El panorama de muchos costarricenses día a día es la búsqueda de siquiera comer una vez.

Es fundamental que se realice un mayor seguimiento y coordinación entre las entidades del sector social, de manera que se pueda reducir la pobreza y la desigualdad social en forma sostenida. Los programas sociales aplicados desde el Estado se han convertido en un paliativo a pesar de los permanentes esfuerzos. Hasta ahora con el Programa “Puente al Desarrollo” ha logrado un registro de beneficiarios adecuado y una respuesta integral a la pobreza. Pero, ¿para cuántos?

¿Qué pasó en Venezuela? Un “profeta” prometió cielo y tierra pero condujo a sus compatriotas al infierno. Y esa promesa se fue gestando en medio de un ambiente de corrupción, de pobreza, de desempleo, de desesperanza.

Hoy, los costarricenses aún tenemos tiempo para cambiar la situación de desigualdad que hemos ido construyendo. Hoy, podemos con paz y solidaridad cambiar las circunstancias. No olvidemos que el hambre no requiere armas ni ejércitos para crear un ambiente violento en las sociedades.

Según Eduardo López del INCAE: “la desigualdad social es el resultado de un problema social, y no puede observarse meramente como un fenómeno natural.La desigualdad social es la condición por la cual las personas tienen un acceso desigual a los recursos de todo tipo, a los servicios y posiciones”.

Costa Rica puede volver a lograr una respuesta real a los que menos tienen si realmente existe voluntad política para hacerlo.

 

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