Víctor Hugo Fernández.

Elegías al hermano

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Mi hermano se llamaba Jorge

ahora se llama duermevela,

se acostó a dormir hace unas noches

y desde entonces navega en mi memoria.

Tenía la cálida presencia

del mes de abril entre las flores

su brazo de arcángel no alcanzaba a los más próximos,

siempre comprometido con los ajenos.

Conversaba con la enfermera

que hacía guardia en los pasillos del hospital

donde se fue a morir desconsolado.

Tenía aires marciales en todo lo que hacía,

blandía la espada sin otro afán que afirmarse,

pero era incapaz de herir, a pesar de su hoja afilada.

Pensaba que bastaban solamente las palabras

para abrir zanja y conminar al día.

Era general retirado, oficial del servicio secreto

mitómano convencido,

de esos que bajan las estrellas con solo mencionarlo.

Mi hermano decidió morirse cuando menos lo esperaba,

Aún le faltaba conquistar el Everest

Y descender a las profundidades

De su propia inocencia.

ll

Los hermanos son ese otro que nunca fuimos

pero que llevamos dentro.

En ellos nos miramos como en un espejo,

nos asusta su independencia.

Tienen su propia sombra,

Se quejan de una sed ajena

Pero no pueden ocultar nuestros gestos.

En su sonrisa se esconde una alegría

Tan propia como la piel con que salimos a la calle.

Las horas pasan por sus cuerpos

Y parece ser que un reloj muy diferente

Determina el ciclo de sus días,

Pero en ellos nos miramos como en un espejo.

Son el agua bendita que protege la liturgia de los días,

Los hermanos son lo que nunca fuimos,

La boda con alguien desconocido,

Los hijos que nunca tuve

La profesión que nunca me interesó

La mar espléndida que desemboca

En la bahía donde me espera la bondad ajena.

Los hermanos son un dolor en el pecho,

Una pérdida dolorosa cuando menos lo esperamos.

lll

Tiene la marca en la frente

La cruz de ceniza anuncia su partida.

Despliega su mirada triste

Los ojos perdidos en la inmensidad oscura

De los caminos que se aproximan.

Llora en silencio,

Como lo hacen los hombres buenos

Como lo hacen los que saben que no hay retorno

Como lloran los que se rehúsan

A aceptar su destino inexorable,

Porque vivir es siempre una apuesta con los pájaros

Que vuelan lejos del invierno de los días.

El dolor lo habita y lo consume

No le da tregua

Le arrebata la poca energía

Que ya se le extingue.

La muerte se avecina,

ya se encuentra estacionada entre sus huesos,

hace escala en las vértebras

se anida en los pliegues de la carne

y se asoma cuando ya casi

se le agotan las palabras.

Tiene la marca en la frente

No dispone de brújula que lo oriente

Pero insiste en abrazarnos

Como si al hacerlo,

Acorralara a las moiras

Que bailan indiferentes,

Sobre la agonía de su historia.


Víctor Hugo Fernández. (San José, 1955). Poeta, narrador y ensayista. Maestría en Literatura Comparada por Pennsylvania State University. Activista cultural y editor. Director y productor de Tertulias en Poesía & Rock, programa por radio streaming.

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