Víctor Valembois: Noticias y sucesos en menudencias a granel

Total, en el país de cuyo nombrecito no me acuerdo, el pequeño y cercano horizonte de la vida cotidiana se achata cada vez más. ¿Cómo llenar el vacío?  Casi, casi lo logran muchas televisoras, y varios periódicos, en secciones que se presentan como muy vivas, pero no son más que chismes, novelonas de barrio, des(h)echos para los ojos y la mente.

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Víctor Valembois. [email protected]

“Deacuerdísimo”, esta vez, con el DRAE (Decreto Real de Acatamiento Esporádico). “Noticia” no refiere a lo larguito, cortito, feíto o bonito en vivos colores. Desde el mismo latín, en primera acepción evoca “noción, conocimiento” y en segundo lugarcito: “contenido de una comunicación antes desconocida.”

Pero hoy sí y mañana también, nos sirven sucesos y más sucesos. Ahora, ¿quién podrá ayudarme de nuevo?   Para la última palabrita, en lugar inicial, se señala: “cosa que sucede, especialmente cuando es de alguna importancia”. Pero, señores de la mayoría de los canalitos, ¿dónde están las nociones, el conocimiento y la trascendencia en su información?

Por lo menos que nos quede la reflexión: los muertitos por borrachines* e imprudentes con la palanquita* cada díita que pasa en nuestro mini-entorno, con nuestra corta vista no los percibimos como más peligrosos que los ciento y pico, por ejemplo que se estrellan en un avión, de un solo vez.

Igual, en las noticias por escrito: hasta los nombres de ciertos periodiquillos incitan a pensar: lo que se proclama como “extra”-ordinario se encuentra llenito de (lamentables) mini-incidencias. Lo mismo con otro órgano que se consigue por una “tejita”. Conviene recordar que ese equivalente de “cien pesitos” proviene la testa, la testadura. Con esa mercancía nos endurecen la cabecita*… La pobre presentación ayuda además a que toda esa basurilla se vuelve normal… y norma. También el televisor amasa la masa.

¿A qué lugarcito en el cielo nos lleva esa sarta de hechos delictivos y accidentes desgraciados?  ¿Cuál es su relevancia, fuera de un cuarto de hora, unas cuadras a la redonda? Idem, con la transmisión de diversos deportes, en pantalla plana. Cantidad de veces, en vez de fomentar su práctica con mi pelotita en la plazoleta, se vuelven penetrantes y letales pastillitas para loquillos. Perdigones mortales, esos sí.

Total, en el país de cuyo nombrecito no me acuerdo, el pequeño y cercano horizonte de la vida cotidiana se achata cada vez más. ¿Cómo llenar el vacío?  Casi, casi lo logran muchas televisoras, y varios periódicos, en secciones que se presentan como muy vivas, pero no son más que chismes, novelonas de barrio, des(h)echos para los ojos y la mente.

La tele-visión, por los componentes de la palabrita, debería enseñarnos a ver más lejito que la nariz*, hacia lo que se asoma al balcón. Importa lo fundante, lo causal. A esta hora global, o nos quedamos cada uno en su cuevita-cavernita auto-suficiente o nos volvemos trotamundo (¿trata-mundo?) exportando lo bueno de nosotros, importando cosillas e ide-ítas* valiosas de afuera. Problemilla: las ideas no son visibles, además, dan perecilla*… porque evocan ideales… La imagen en la pequeña pantalla suele achatar la imaginación…

“Había una vez una mujer que tenía una cabeza tan pequeña tan pequeña tan pequeña tan pequeña, que no le cabía la menor duda”, así escribe María Bonilla, en su primera novela. Por favorcito, pensemos en lo que pondera Borges: “las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu. Está capacitado para lo grande.”

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