Víctor Valembois: Recado sobre el recato

Válgame Dios. A mi municipalidad le ruego encarecidamente ocuparse prioritariamente de tareas más urgentes, de orden, de aseo y de eficacia en nuestro núcleo colectivo.

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Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

Es curioso y desolador observar cómo una época que se proclama progresista a si misma se vuelve sectaria y hasta dogmática. Ahora… asistimos a algo paralelo: como boomerang se aceleraron mecanismos de liberación sexual, en un exhibicionismo que, a mi modesto modo de ver justamente destruye una característica prístina del “amor” entre dos seres (y a priori excluyo esas prácticas de sexo colectivo en intercambios uno más degradado que otro)

Que haya en San José una carnicería “La democracia” me parece de mal gusto: a lo sumo, que sea democrática en sus precios; pero mezcla morbosa es… toparse en Guadalupe con una carnicería “La unción”: misero menjunje creado a partir de “Cristo”, etimológicamente: “ungido”. (Y me dicen, de paso, que ya pasó de moda la “extrema unción”.)

Pero aquí, señores incrédulos, me urge referirme a otras carnes… A la parrilla pública ahora se suelen poner muestras exhibicionistas de “sexo liberado”… encadenando la por esencia reservada, recatada y tan creativa actividad a mediocre mercadería. Vade retro, Satanas.

Lanza en ristre, de repente mi ilustre Municipalidad de San Pedro emprende una cruzada contra cierta herejía, todo en una nueva política, de vanguardia la ven, contra los apóstatas que osen cometer actos o conductas que “nieguen a las personas la igualdad de trato…”.

Según una encuesta realizada -no está claro dónde ni cuándo- nuestros ilustres concejales habrían constatado que un 60,7 % de personas “alguna vez habían sido discriminadas”. “Aclaran” los nublados al señalar “actos” (¿pero cuáles, pondrán acaso un anexo detallado?).

Comprendo y aplaudo que por las nuevas brisas que corren legalmente no se puede establecer diferencias entre parejas, según más bien viejos criterios de condición de “matri-monio”. Desde el derecho romano esas palabritas etimológicamente revelan: el primero, que es a la mujer a la que se amaraba (¡al no!) y en estrecha relación machista deductiva, era el “pater” el que se responsabiliza de administrar el patri-monio: los bienes.

Falto de fondos, mi matutino le reserva toda una página al fondillo: “Montes de Oca multará negocios que excluyan a población LGTBTQI+” (La Nación, 24.6.22). ¿Qué dirían mis viejos amigos, don Enrique Benavides, don Julio Rodríguez, don Guido Fernández? Y pienso en el látigo periodístico que sacaría otro amigo, hasta en la finada Soda Guevara: don Constantino Láscaris…

“Oh tempora o mores” señalaban los clásicos romanos, porque, cómo no, también entonces hubo cambios generacionales, de gusto, de prácticas, de lo lícito frente a lo ilícito. Vamos bien, hacia una libertad más allá de etiqueta; pero constatemos que detrás de toda esa “liberación” va un énfasis, un vuelco nada sano: de lo beato a lo barato, qué digo lo vulgar… nada ganamos.

Apliquemos aquello que el Colegio Vargas Calvo, hasta hace poco señalaba en letra grande: “Fortius Altius Citius”: “más fuerte, más alto, más veloz” no solo en lo físico-externo, sino en consecución de metas morales que nos hagan mejores hombres y mujeres por dentro.

Quiero hacer aquí un rotundo llamado para resucitar -sí, en lo sexual- el recato, que remite a reserva; todo en contra de un exhibicionismo barato que desnaturaliza esa dimensión divina (en todo sentido) con la que todos venimos equipados. Cautela, modestia: ¿dónde están?

En esta aldea, ya duramente criticada, lo vimos con el hermano José Martí, no por su dimensión, sino por… lo aldeano. Muy subdesarrolladitos actuaríamos al imitar, por ejemplo a “artistas” como Madonna y Tokischa (LN 24.6.22) que se sienten “modelo” al prostituir su desnudez degradada con traseros semi desnudos y besuqueo barato … todo para vender.

Dejemos a la chusma internacional; busquemos cada uno relaciones primigenias, frescas, auténticas, no para la gradería: ¡nada de carnicería ubérrima! Chusma, ordinariez, “polada” perdida. Galería cosmética de ropa interior… en vez de intimidad. El verdadero cariño, el cosmopolitismo profundo no excluyen decoro, su lugar, su momento; nada de tanto decorado.

El sentido intimidad resulta inherente a la práctica de entrega uno a otro (en todas las variantes; no hace falta explicitar tampoco). Son códigos consensuados de conducta ética regulados por educación interna y por leyes ya existentes; nada de facha de fachada.

Flaco favor haría la Muni mía con pretender darse de vanguardia con ese repentino énfasis. La apertura libertaria por suerte florece pero, por favor, no requiere no sé cuántas sesiones de discusiones y la consuetudinaria reglamentitis prevaleciente. Señores, más seriedad.

¿La muni de Escazú, la de Río Cloro o de Aguas Zarzas, cada una se dedicarán a otro reglamento más o menos paralelo? ¡Rosaura Chinchilla Calderón, colega abogada aplaudida en una crónica anterior, ya recalcaba la urgencia de NO seguir creando leyes y reglamentos por duplicado, repitiendo reglas ya estipuladas a nivel nacional y en lo interno de gente de bien.

Mejorar… todo lo que quieran, pero no en cada esquina por aparte, pensando que un papelito moralizante, represivo, retornará las ovejas descarriadas al redil: algo de fariseísmo tiene ese actuar. En esa línea… podrían dedicarse a reglamentar cómo debe entrar, la gente: ¡bien peinadita, la camisa metida en pantalón sin huecos, los zapatos lustrados, saludando al vecino con un sonoro “buen día”!

Válgame Dios. A mi municipalidad le ruego encarecidamente ocuparse prioritariamente de tareas más urgentes, de orden, de aseo y de eficacia en nuestro núcleo colectivo. En cambio, la veo muy flojita y hasta mediocre en otros aspectos más urgentes y de su competencia: vías indecentes, las alcantarillas, viera qué veredas sin terminar, charcos por doquier: varias veces he acompañado a un ciego desde el Banco Popular en dirección de la Iglesia: ¡qué calvario le asignamos!

¡Sí, soy reaccionario… porque reacciono: cariño y decencia de fondo… fue mi motivo de protesta esta vez, ¡por civilismo superior más allá de reglamentitis!

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