Víctor Valembois: Todos somos indígena en alguna parte… y extranjeros extraños en algún momento

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Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

La camisa anterior me quedó corta… ¡Por “falta de ignorancia” (como dicen los tontitos) tanto se me quedó en el tintero! Debe quedar muy, pero muy claro: como por etimología aclaramos el uso correcto, para estas y otras latitudes, todos (y todas…) somos “indígenas” de alguna parte, a mucha honra.

Desde luego, ello forma una dicotomía con el polo opuesto: al no-indígena en alguna parte, incluyendo en nuestros 50.000 kilómetros cuadrados…. lo tratan (y mal-tratan) como “extranjero”. Inevitable contraste…. Que puede dar al traste con la con-vivencia.

Pero ¡ojo! observemos un parentesco que a como puede implicar asociación simpática (ejemplo: “todos somos extranjeros en un mismo planeta”), también se da lo contrario: cada palabrita tiene su resonancia asociativa a veces peliaguda (mejor no hago tanta pregunta: ¿por qué en español, por lo menos, se habla de pelos-agudos?). Por lo tanto cada vocablo se presta a asociaciones simpáticas o antipáticas y hasta agresivas.

Como la comunicación va en doble sentido (lo que yo quise decir…. versus lo que el otro entendió) la cosa se presta a prejuicios, (no tan) delicados malentendidos…. miradas ambiguas y hasta furiosos intercambios. Cada cabeza es un mundo, dicen. De acuerdo: llena de esperanzas y susceptibilidades también…

Pues sí: es el caso del “extranjero”…. por fuerza se relaciona con “extraño”… cosa que muchas veces se puede pensar, pero no siempre decir: ¡es un arma de doble filo! Ya Shakespeare nos ayudó a entender: “what´s in name”. Todo término, toda etiqueta verbal “dice” (aun de a callado) una serie de cosas, como a su vez esconde otros o insinúa otro poco.

En otras lenguas va lo mismo y quizá por mayor problemática de migración (ustedes que se quejan de tanto “nica”… (y lo digo con respeto) no tienen idea de lo que está pasando por ejemplo en Europa y en particular en mi tierra de origen, Bélgica, un poco más grande que la mitad de Costa Rica…

Para evitar esa penosa asociación muchas veces nefasta, pero bastante espontánea las más de las veces, en otras lenguas se recomienda evitar la dubla extranjero-extraño, que en francés por ejemplo, por cierta pobreza verbal en este caso se concreta en un solo vocablo: étranger. ¡Vaya connotaciones que, desde su propio título L´étranger, con ese título original, suscita la novela de Albert Camus!

Hagamos ahora el ejercicio paralelo, pero en inglés: strangers in the night, la canción esa, la tengo en la oreja sorda: ¿refiere a extraños o a extranjeros? Los de la canción, los sienten ustedes, como yo, más bien en una brisa favorable y hasta romántica…. ¿o les dan “mala espina”?  ¿Por qué, en inglés y en la mayoría de lenguas de fuera, ahora en cambio prefieren hablar de foreigners?

Un hijo, nacido aquí, me dijo que, para vivir aquí, tenía que aprender a tener “malicia indígena”. Yo… acabo de terminar toda una investigación, con base en más de 40 autores nacionales… que ese rasgo sicológico ustedes no lo tienen tanto por bribrís ni cabécares, con todo respeto, confirmo: son muy minoritarios, pero por supuesto, como costarricenses que son -desde hace muy poco tiempo, oigan, qué vergüenza). Ustedes lo tienen mayoritariamente porque fueron colonizados “por los españoles”, me contestarán. Está bien, les pongo un “10” porque algo les quedó de su educación escolar.

Pero Pedrarias Dávila, Hernández de Córdoba (colonizadores en Nicaragua, donde prevaleció un contrapeso enorme de tipo chorotega)… eran andaluces, que no es lo mismo que un vasco, un catalán o un gallego…. Lo mismo, con matices, por favor, respecto de Vázquez de Coronado, que nos llegó 40 años más tarde que los primeros, con tres o cuatro docenas de su gente… y, escaso, casi nulo aporte indígena.

Este rasgo de lo desconfiado, más bien remonta a que todos ellos fueron andaluces, término que los árabes-islámicos que invadieron la península ibérica desde el año 710 les fueron inculcando a base de convivencia, a las buenas (para los que pagan impuestos y se convertían) o a las malas… los otros.

En próximo aporte, en torno a esa dimensión de lo extranjero afilaré el cuchillo a partir del puñado de apellidos que prevalecen por aquí. Puedo comparar con media docena de otros países donde fui acogido de manera diferente. Aquí, a menos de un cuarto de hora un tico no se aguanta la pregunta (con respuesta que él da por evidente): “y… le gusta Costa Rica?  Seamos muy nacionales, no nacionalistas, ojalá con interés también internacionalista…. pero evitemos la polada.

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