Víctor Valembois: ¡A cruzar nuestro Rubicón!

Asumamos valientemente nuestro destino con un voto personal, consciente de lo que está en juego. Sin ruborizarnos, ¡a cruzar nuestro Rubicón se ha dicho!    

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Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

Día 3 de abril del año 2022: fecha crucial en Costa Rica. Habrá un antes y un después, muy distintos uno de otro: puede ser que, como se proclama: “la Patria os demande”. ¡Que no gane el abstencionismo, la cómoda indiferencia! Votemos, vamos a paso firme, por una Costa Rica inserta en el concierto mundial. Cosmopolitismo: vocablo nada “demodé”.

Pues,  como decimos: los dados están echados. Nos expresamos así por descendientes de andaluces, la mayoría, muy mezclados ellos con lo árabe, no por un ratito, sino desde el año 710 hasta 1614, mucho más tiempo que la oficial historiografía predica. A lo largo de los siglos, esa herencia genética ha ido adquiriendo ribetes culturales: impregna toda nuestra visión de mundo.

Es entre otros el fatídico “port´ami” que junto con otras fórmulas verbales en boga ha analizado la finada Carmen Naranjo en “Cinco temas en busca de un autor”, investigación publicada en 1967, que mantiene total vigencia. A raíz de lo anterior, corremos el riesgo de un anquilosamiento de graves consecuencias, por años y décadas. Fatal puede ser. Somos nosotros, no la suerte, ni alguna voz de ultratumba ni un mandato divino que nos obliga a expresar nuestra preferencia electoral.

Puede que el común de los electores lamentablemente opte por “quedar en la suave camita” como denunció el cantautor Brassens en los mismos años que nuestra autora cartaga. La mentalidad local demasiado se refugia además en tantas otras fórmulas que ella diseca: como ese falso optimismo del “ahí vamos”, aparentemente apenas más positivo que “qué la vamos a hacer”, muchas veces con el refuerzo negativo: “de por sí” y con el consabido “diay” de inicio o de colita.

Con su efecto totalizante los actuales medios de comunicación, han incidido en una nefasta visión de lo político como espectáculo, show agradable pero paralizante. Basta comparar por ejemplo con la generación combativa de las últimas décadas del siglo XIX.

Entonces, con férrea voluntad, preclaros varones -mayormente masones- combatían una educación católica anquilosada. ¡Ganas me dan de entablar una conversación con Buenaventura Corrales, de camino a mi tierra, a comprar el Edificio Metálico, secular bastión de educación no clasista, popular en el mejor sentido de la palabra!

La educación de ese tiempo tenía bien presente su constructivo vínculo con el concepto de ciudadanía, no limitada esa a la expresión del voto, sino dentro de una conceptualización de ciudad, “polis” en griego.

De allí la sublime asociación con “policía”, no en sentido represivo que demasiado lo redujimos, sino en camino positivo, de anhelo, construyendo entre todos una vital con-vivencia políticamente correcta.

Esos pega-banderas que vi en mi primera vivencia electoral aquí, en enero 1974 (en ella, gracias a don Pepe, el padre de uno de los contendores ahora, salió elegido don Daniel que después resultó otra cosa); activistas exaltados como los vi en los techos, aunque fuera por un sentimiento de “hueso colorado” visualizaban más compromiso que mucha modorra circundante, en cómodo sillón, con mirada atrofiada en el celular.

Por eso, amigos del “show que debe seguir”, invito y convido a que todos, a su nivel, los del uyuy bajura como los encumbrados detrás de su flamante nuevo vehículo, puede ser un Rubicon, asumamos la mínima tarea que nos incumbe perentoriamente: votar, aunque sea para botar.

Y vuelvo para atrás para empujar pa´lante: que ese “Rubicon” que anuncié desde mi título no sea, ni mucho menos, alusión a determinado vehículo todo terreno; remite más bien a una decisión tomada, un sentimiento y su expresión que quedó firme, como referencia a una actitud.

Fue por cierto al regresar de su conquista de “Galia” (incluyendo mi tierra de “Flandes” en sentido histórico de la palabra) que Julio Cesar, en el año 49 antes de Cristo, cruzó el río de ese nombre, al norte de Italia.

Con ello visualizó mucho más que el cruce de un caudal ni siquiera impresionante; fue un gesto connotado, una audaz definición política que hasta desembocaría en guerra civil. Salvando distancia, nuestra decisión individual, también resultará crucial, aquí y ahora.

Nosotros, desde 1949, vacunados quedamos contra guerras, golpes y traspiés; al mismo tiempo acabamos de recibir un refuerzo, asqueados como estamos por la gran tragedia en ya no tan pequeña pantalla. Asistimos impávidos un conflicto que puede desbocarse en conflicto regional y continental europeo.

Asumamos valientemente nuestro destino con un voto personal, consciente de lo que está en juego. Sin ruborizarnos, ¡a cruzar nuestro Rubicón se ha dicho!

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