Víctor Valembois: A propósito de la visita, muy real, del rey Felipe VI

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Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

Pues entre todos estamos conociendo un nuevo gobierno (como unos zapa-ticos, recién estrenaditos). Un tanto al margen quiero hablar de la visita real… del rey Felipe VI, de España. Aprovecho esa visita real para contar otra, no tan cándida historia, nada de Eréndira y su Abuela Desalmada. ¡Eso sí, con todo y sala e ingredientes a lo inconfundible del gran Gabriel García Márquez!

Va un quiz de historia, materia tan vital para formar cuadros de pensamiento-en-el-tiempo, pero que ahora pusieron en un saco roto. ¡A ver! Si el actual rey de España lleva el calificativo de “uve-palito”, que en buena cifra romana representa nuestro arábigo “6”, deletreado “seis”…. invito a subirnos a una máquina del tiempo y…. ¡dale el viaje para atrás…

5, 4, 3… reyezuelos españoles uno “más pior” que el otro…. ¡Pues al llegar al número “1” quiero contarles que era… ¡de mi tierra! No es la escogencia del nombre, el dato curioso que quiero comentar: El nombre de pila no tiene nada de especial y habrá Felipe para rato, en todo el mundo. “Felipe”, quizá “Flupke” en diminutivo por mi tierra, para francófonos será Philippe, en otros idiomas, algo parecido.

Es el numerito el que importa: implicó el curioso inicio de un enlace tremendo, entre mi tierra y España. Aquello, señores y señoras, explica en gran parte por qué mi tierra de origen, Bélgica, se considera la más mediterránea de la Europa del Norte. No deja de ser curioso también que el actual rey de España es portador y actual mandamás en torno a una condecoración que se gestó en mi tierra (la Orden del Toisón de Oro, con un “velloncillo” a una cinta en el cuello).

Ya la contaré. ¿No me creen que así de importantes fuimos los flamencos, los de mi especie, como puente con España? No refiere a los supuestos vagabundos de andaluces en su bailoteo, ni a los pájaros esos, rosaditos como culo-de-bebé, que en medio charco duermen sobre una pata y con el cuello torcido como bufanda alrededor de su cuello. Refiero a Flamencos de Flandes…

Pues observemos juntos, cómo se logró un exitoso matrimonio, “telenovela” incluida, entre una dama española y un príncipe de Flandes, nacido en Brujas: ciudad medieval, todavía importante en la geografía belga, sin relación, ese topónimo con brujería, ni de Escazú ni de ninguna parte: malvados ignorantes que continúan distorsionando la historia.

A la mamá de ese muchacho, ella de nombre Juana, los malvados, incluidos su suegro (Maximiliano de Austria) y su propio hijo: Carlos I, de España, le llamaron “la loca”, pero que sabía hasta de latín: lo cuenta mucho mejor que yo y super-bien documentada, Gioconda Belli, tremenda novelista nicaragüense que, a este lado del río San Juan, mejor vayamos conociendo: refiero a “El pergamino de la seducción”, Seix Barral, 2005)

Felipe I de Castilla, llamado «el Hermoso» (Brujas, 22 de julio de 1478-Burgos, 25 de septiembre de 1506) Wikipedia.
Felipe I de Castilla, llamado «el Hermoso» (Brujas, 22 de julio de 1478-Burgos, 25 de septiembre de 1506). Wikipedia

¿No le avisaron del matrimonio de Juana de Castilla con Felipe de Flandes?  Lástima: seguro fue que no encontraron el WhatsApp suyo. Pues, por allí cerca de Amberes, en mi tierra fue aquello. Pero primero hubo una travesía enorme para esos años, entre España y mi tierra; además, hubo como una mala seña, una maldición: prácticamente al llegar un super bote para esos tiempos… se fue de pique cerca de la llegada y…. madre mía: allí quedaron en el fondo vestidos, regalos, costosos enseres…

Igual, pues, porque la naturaleza tiene sus fuerzas programadas, entre varón y hembra… no se aguantaron los dos prometidos y… pidieron al cura que ya, pero ya les diera la bendición y… se… mondo y lirondo se fueron para la cama… la tal Juana y el que quedaría en la historia española como Felipe I… digno hijo de mi tierra.

Hubo hasta corrida de toros, ¡Un fiestón, eso! Nos cuesta imaginarlo, porque no se transmitió por la tele. Ah, madre mía, eso fue otro gran sello de unión entre España y Flandes, confirmación de puentecitos nada anodinos: ya antes, al revés, una dama de mi tierra con un príncipe español, aquel le dijo a su mujer: ¡pues hombre, mujer mía! Tenéis que procurarme trabajadores de su tierra para un solar mío, por allí en el la mar: desde entonces y para rato, esa partecita, en los mapas figuró como “Isla de los Flamencos”: los “Azores”, como se llaman ahora.

Y dale con ese matrimonio fogoso: fue tal el empeño de esos jóvenes imberbes (hasta él, sin barba, pues…) que de esa unión nació Carlos V, pues sí: Carlos Quinto, decimos, pero esa es nomenclatura de mi tierra: fue el tremendo Carlos I de España. Nacido en mi Gante de Flandes, en febrero del 1500, fue rey de España y Emperador del Sacro imperio Alemán. ¡Vaya enredo que pinta ese Valembois hoy!

Detrás de ese Felipe I, flamenco de cepa y los lazos entre mi tierra y España, y de allí con nuestra América… hay mucha tela. También más de un hilo trágico: a ese Felipe I, tengo entendido que lo mandó matar el dizque rey “católico” Fernando de Aragón… para que no se incrustara lo de Flandes en España. La versión oficial es más piadosa… ¡La historia está llena de embustes!

Pues de allí que el sucesor de ese Carlos se llamara Felipe II, de muy mala memoria en mi tierra, porque a raíz del fanatismo de su lugarteniente el duque de Alba -entre otros decapitando a los gobernantes Egmont y de Hoorn, en plena plaza de Bruselas, se pensó cortar la rebelión en los llamados Países Bajos de entonces.

El resultado fue la trágica separación de ese territorio en dos: el norte, que más evolucionó hacia el protestantismo y que seguimos llamando “Países Bajos” y el sur… supuestamente católico, que con el tiempo evolucionaría hacia lo que ahora conocemos como Bélgica.

La historia: fascinante resulta escarbar sus raíces… Ignorarla nos convierte en palurdos payasos, polos contando poladas… En cambio, amigos, la Historia con mayúscula, por fuerza trasciende hacia lo cosmopolita.

 

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