Víctor Valembois: “Adiós muchachos”

Pero no quiero que el lector se quede con una imagen tan absolutamente negativa de nuestros hermanos del norte. ¿Cuántos “muchachos”, incluyendo hermaniticos, se lanzaron al heroico rescate de la dignidad y los derechos? Conozco algunos, idealistas que son. Del lado nicaragüense apunto solamente a dos. El volumen para el cual estoy motivando viene significativamente dedicado a la primera. Con emoción contenida señala: “a Dora María Téllez”.

Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

Con ese título Sergio Ramírez Mercado escribió un duro texto testimonial. Por la introducción que tengo a mano, aprendo que la edición original era de 1999, luego, en el 2007, hubo una primera edición en España, y mi volumen tiene sello del 2015. Todo sigue como quien dice todavía bajo la sombra eterna de los infames Somoza, contra los cuales, en 1956, Rigoberto López Pérez, un poeta loco, intentó un magnicidio. Pero seguimos en ese círculo fatídico.

Aquella familia fue el resultado de una larga dinastía implantada por los norteamericanos, en 1908, con su Declaración Taft: metió fin al gobierno de Santos Zelaya, en Nicaragua y, ténganse bien, Rubén Darío el modernista de los cisnes, jugó un destacado papel civilista, desde Bruselas y París (ver mi estudio en Puentes trasatlánticos, Ed. UCR, 2009).

Vale la pena conocer más la introducción de don Sergio a su obra testimonial, con elementos autobiográficos. Se centra en dar testimonio respecto de una impresionante serie de camaleones, allí, en la tierra de los lagos y los volcanes, en las últimas décadas del siglo anterior y las primeras de este siglo: como ese confuso cardenal Obando Bravo (con esa “y” espuria en el apellido: invento); de un catolicismo absolutamente regresivo, de repente dio un vuelco hacia su oponente Daniel Ortega, bendiciendo el matrimonio de aquel con una señora de cuyo nombre no quiero acordarme. Así intentó quedar como el buen pastor que acoge al hijo pródigo: de allí, también por él, esa lúgubre ensalada de “socialismo cristiano” que pretende meterle a uno el dedo en la boca tan pronto pasa Peñas Blancas. ¡Asco da!

Igual o peor del lado de aquel Daniel, que de figura bíblica no tiene ni la sombra. Mediante un pacto podrido, en el año 2000 logró aliarse de facto con el presidente anterior, otro innombrable: corrupto conocido. Allí está, ese gordo (le llaman así, en el norte). Entonces, en pacto diabólico, fue declarado “inválido” y “valetudinario” por su compinche para salir ganando los dos. (Leamos más, al respecto en Transparencia Internacional y Wikipedia). La obra teatral de El Güegüense de allá, la deberíamos conocer y estudiar también al sur del Río San Juan: evidencia un secular contubernio en el país de Sandino; el observador artístico va señalando cómo dos poderosos políticos terminan comiendo en el mismo plato.

Pero no quiero que el lector se quede con una imagen tan absolutamente negativa de nuestros hermanos del norte. ¿Cuántos “muchachos”, incluyendo hermaniticos, se lanzaron al heroico rescate de la dignidad y los derechos? Conozco algunos, idealistas que son. Del lado nicaragüense apunto solamente a dos. El volumen para el cual estoy motivando viene significativamente dedicado a la primera. Con emoción contenida señala: “a Dora María Téllez”.

Persona íntegra: la “Comandante dos” estuvo con Pastora en la valiente toma de la Asamblea Nacional, en Managua, en 1978; sirvió con dignidad en ese primer momento del cambio. Los viejos aquí lo recordamos: en el plano local era la época de Carazo; Jimmy Carter era presidente en Estados Unidos: hombres ambos, de probada integridad, quienes sin duda contribuyeron, con “los muchachos”, en la montaña, en Nicaragua y, last but not least también aportó todo el movimiento artístico de Mejía. Todos a una dieron por fin el vuelco por la dignidad, con la caída del criminal Somoza. En 1992, en una misión belga yo, al ser interprete, a esa Dora María Téllez la vi llorando sinceramente, como otros muchachos, por perder las elecciones contra doña Violeta Chamorro. Con sobrada razón, más adelante ella abandonó las filas del FSLN y ahora, por en clara y coherente oposición, está en las mazmorras del perverso traidor sin igual.

Otro, digno de destacar aquí es el mismo autor del trabajo que promuevo: cambiar de bando no es en sí necesariamente una deshonra, al contrario: quitémosles el velo a las simplificaciones y los prejuicios, por montones, sobre todo aquí respecto del noble pueblo nicaragüense. Fue consecuente consigo mismo, don Sergio, al empezar primero con una fuerte preparación académica en Alemania, entregarse después con cuerpo y alma a esa esperanza que fue la revolución de julio 1979 pero que ya en 1984 a las claras hizo agua: me tocó también allí, ser interprete internacional, en torno a lo que se ha dado en llamar “los incidentes de Nandaime”. (Lo evoco retrospectivamente en “Herodes no ha muerto”, en el Semanario Universidad, del 17 de julio del 2018). Don Sergio, siga por favor con su denuncia, tan valiente como peligrosa, contra el sibilino sátrapa que lo quiere amedrentar

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