Víctor Valembois. valembois@ice.co.cr

De acuerdo, no existe amor pequeño*, pero por ley natural (la que y siento naturalmente…) los antojos suelen verse como pequeños, diminutos, solo que ayudados con lo etimo-lógico, vemos con ojos grandes (¿y ojeras?). Hacerle ojitos, pues…

La hazaña es conseguirlo en ese preciso instante en ese determinado lugar. Mi amorcito, qué raro, me vinieron unas ganas, tú sabes, de esas aceitunas negritas, ¿te acuerdas? …a las tres de la mañana. Y de repente la “panzona” pide manzanas al peral o esos olorosos botones de flor, un domingo en la tarde, en mi pueblo… Y lo peor del caso es que esos irreprimibles (¿?) deseos florecen… y desaparecen de repente.

A veces son como péndulo… pendiente: viene el compañero atento con esos bombones, por fin encontrados a las cuatro de la madrugada en el mall ese, en la otra puntita de la ciudad y ella, la muy fresca, le tira su zapata-tico por despertarla, justo que concilió el sueño de las injustas*. Por eso, esos menudos caprichos traen grandes contratiempos y no es de extrañar que el esposo comprensivo, complaciente y condescendiente (el garaje queda en el sótano) le llaman cónyuge, porque por frente a la maternidad unilateral (la naturaleza es un tanto injusta), quiere compartir el yugo en todo y corre solícito.

No todos esos deseos fantasiosos son antojos y no todos esos son aquellos. ¿Por qué será que solo le dan antojos a la que se le engorda la pancita? Fenómeno digno de estudio antro-poco-lógico. El colmo es que mi Simon & Schuster, autoridad en esos puentes y pasadizos del inglés al español, ida y vuelta, pretende que “tener antojos” es lo mismo que to be pregnant y de manera sibilina añade… (woman). ¡Protesto! Ustedes, los fabricantes de diccionarios y otros libritos rojos -me sonrojo*- deberían fijarse en este otro ejemplo de que no hay ni pizca de igualdad real… no estaré embarazado (¡no mires mi barriguita!).

Perdonen, ¡yo también tengo mis caprichitos! En este instante, pues, me muero por una birrita, sí, una Victoria. Orita te la traigo, dijo la mexicana. El detalle* es que si yo también tengo ojos y ante mí tengo un platillo, pero le falta tal cosita… un gustito, sabes… ¿no me harías el favorcito de ir a buscarlo al planeta Marte? Es que, si esta salsita resulta buena para el ganso, ¡también para la gansita!