Víctor Valembois: Atornillar al revés

Señores, jóvenes y no tanto: doña Yvonne Clays Spoelders (1906-1994), esa belga que por décadas vivió y se sacrificó por ustedes u fue su Primera Dama merece, si no una estatua, restitución de conocimiento, de honor, de dignidad.

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Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

Al derecho o al revés, una alfombra, no es lo mismo. Está bien re-interpretar la historia, pero no nos olvidemos del contexto en que hechos y héroes, lo mismo que fantasías y fantoches se dieron. Pasó el 12 de octubre, ya sin feriado y uno se alegra idealmente que aquello, aparte de un cambio de etiqueta, vaya a producir una re-valoración en profundidad. No somos siervos menguados de la “Madre Patria”, etiqueta super confusa, y por eso, precursoramente inquieto nuestro Joaquín García Monge invocó el término de “matria” que a los machos, ibéricos o no, no les hizo gracia.

Pero venimos de lejos, en toda América Latina, empezando con ese adjetivo -latinoamericanos- que, con astucia geopolítica quiso imponer Napoleón III también por aquí. Y… lo logró, desbancando aquello de “Ibero-América”, asociando a todos los habitantes de nuestro subcontinente con sus súbditos en Francia, que, en efecto, la mayoría -allí- son latinos, hablando francés, un derivado del latín del Latio (la región alrededor de Roma).

Queriendo enderezar algunos entuertos, muchos están torciendo más: la historia no consiste en héroes puros, impecables, por un lado, contra bribones bobos por otro lado. Todos los seres humanos estamos llenos de grandeza y lados flacos. Pero por falta de estudio en profundidad, a puro impulso de masas… masificadas por medios interesadamente embrutecedores (uno de ellos, ahora de capa algo caída: Facebook) están barriendo la memoria de lo que realmente fue y que conviene conocer y emular.

Paso a un aparente detalle verbal: por botar con el codo a Colón, ¿cabe ahora ignorar, desterrar y maldecir la expresión sobre el “huevo de Colón”?  La Real Academia Española lo define como “cosa que aparenta tener mucha dificultad, pero su artificio resulta ser fácil al conocer”). Vaya, esa mentalidad de tabula rasa, de hacer el vacío total, como muchos jóvenes inmediatistas ahora pretenden, nos lleva al despeñadero.

Ahora, más de fondo: posterior al siglo XVI, cuando nos colonizaron, en el siglo XIX nosotros nos auto-colonizamos; van dos ejemplos, siempre en torno al “descubridor” de América… que también resultó un encubridor. El 24 de octubre de 1896, aquí, la ley bancaria establece el colón como moneda nacional. Y a ese otro hito en la ciudad, hasta hace unos años con un obelisco (¿quién lo tiene, en su huertita?): ¿lo seguiremos llamando “Paseo Colón”?

Ya que se trata de re-interpretar, ojalá con mejoría, ¿por qué allí cerca, no bajamos de su pedestal a ese “muy cortés con los ricos y muy león contra los pobres”? Y, ¿qué les parece? Un tanto al estilo de lo que acaban de hacer en México, con una estatua de don Cristóbal, sobre el mismo zócalo… pondremos una estatua de una Primera Dama, aquí entre 1940 y 1944, de gran importancia en un período difícil, dificilísimo para el país?

Tengo esa propuesta concreta. Pero si no adivinan luego, se me confirma que la historiografía nuestra, de hace poquitas décadas fue harto manipulada. Refiero a la que, durante la presidencia del Dr. Calderón Guardia fue su legítima esposa; se casaron en Amberes, Bélgica, en 1927. ¿Todavía no dan en el clavo? Ayudo barriendo una pista negativa: no, no: doña Rosario, la madre de don “Junior” Calderón, no fue Primera Dama, nunca. ¿Entonces?

¿Todavía no pescan? Ayudo otro poco: la dama distinguida a que me refiero, escamoteada por diversos intereses, todavía, décadas después, fue la que entre tantos otros méritos impulsó la Orquesta sinfónica y fue ella también la que se encargó de la campaña porque la gente usara calzado y evitara tanta enfermedad por parásitos. (Conozco un sobreviviente, favorecido).

Señores, jóvenes y no tanto: doña Yvonne Clays Spoelders (1906-1994), esa belga que por décadas vivió y se sacrificó por ustedes u fue su Primera Dama merece, si no una estatua, restitución de conocimiento, de honor, de dignidad.

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