Victor Valembois: Carajo… cómo joden esos carajillos

Víctor Valembois. valembois@ice.co.cr

Sancho, deje ese sándwich y tienda la orejita*. Eso de los diminutivos tiene sus casillas y cosillas. Para que se preparen los mozuelos* a la tarea de mañana, sepan que un carajillo no es necesariamente un pequeño carajo… pero a veces entra la dudilla.

Confirma este abuelito de media docenilla de esos, entre naturales, putativos y encariñados: bienvenidos, … pero por un ratito. Porque ya cumplimos con lo nuestro y no somos una guardería más baratita… Pero que joden, joden, carajo que joden, a veces y no por un ratito, esos carajillos. (Qué raro, mi corrector parece subrayar con rojo estridente todas esas palabras que inician con “c” y con “j”. Coño, que son jodidos (dos subrayados, otra vez). Estoy fregado. Será hasta aquí entonces. Disculpen el mini-inconveniente.

Y otra vez no entiendo mi diccionario. Para carajillo, señala que se trata de una “bebida que se prepara generalmente añadiendo una bebida alcohólica fuerte al café caliente”. Y para la otra palabrita (escondida en asuntos penianos*), refiere al “miembro viril” y aclara que es “de origen incierto” … ¡Qué bárbaros esos académicos, poniendo en duda mi paternidad!

Cuidadito, por favor con esos mandaítos chiquiticos: será por poca constancia*, pero un camarón jamás llega a tamaño jumbo, ya que por definición es aquel trabajito inestable y pasajero de uno, para redondear el sueldillo y camarón que se duerme, se lo llevó el compañero, huebón (allí la ortografía no es lo más preciado) que se llevó los huevecillos que tenía yo aquí guardados.

Pero me duele referirme a esos puntitos informativos que con picantito vuelven una y otra vez en las noticias y sucesos*: dizque adultos, traficando con pequeños inocentes, en mezquina pedofilia. Ojalá lueguito atrapaditos todos, no me imagino un carajo de esos poniendo carita* feliz. Son solo un grupillo, dicen, pero incluye dizque “educadores”. Con tacto, como no, contactan primero por Internet o con otras formas escondiditas de acercamiento… y después sigue el contacto digital, sí, de los dedos… ensuciando al carajillo hasta en los últimos poros*… ¡Vergüenza del carajo!

Para un ruso, el término cretino refiere solo al tamaño diminuto de la testa*; para nosotros tiene otra connotación. Triste, Sancho, unos tienen el cretinismo en la cabeza, otros lo tienen en las bolitas.

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