Victor Valembois: Chiquita (y cuidado con las cascaritas)

Víctor Valembois. valembois@ice.co.cr

Suena a banano, en todos los sentidos. El enredo empieza cuando uno sabe que con Chiquita… la cosa va en grande, respecto de esa fruta alargada y dulce. En cambio, si uno encuentra en la pared una inscripción en “spray” que diga, nada menos “(fulano) la tiene pequeñita”, no refiere a algo de exportación.

A partir de “chico”, impresiona la serie de diminutivos, corrongos y lirondos, en posible aplicación a este país chiquito: chiquitín, chicorrotico, chicorrotito, chicorrotillo, chicorrotín (a saber los matices…), chiquirritico, chiquirritillo, para que no falte. Entre florcitas lexicográficas nada usuales, siempre entre los adjetivos, mi Casares revela además: minuto y diminuto, grácil, monis, chisgarabís, chiquilicuatro, renacuajo, zancajo, perinola y ya está.

Entre sustantivos, adverbios y demás usos verbales encontramos, por ejemplo: menudencia, poquedad (¿no puede ir a cine de adultos?), parvificar, sisar, resisar, (Dios mío, nuestra lengua será corta, pero la de Cervantes no), meñique, liliputiense, chisgarabís, zancajo, peonza y la expresión ya un tanto más generalizada de hecho un puño. Expresiones todas, registradas en castizo castellano…

¡Pero cuidado! La lengua es cosa de matices, bemoles, sutilezas y connotaciones*. Muy resbalosas resultan las cáscaras de banano, chiquita o no. Esa frase pintada en la pared señalada, más vale guardarla en la cabecita. Porque en la conversación inapropiada, al menor, digo mínimo o minúsculo descuido o desliz, ¡zaz! le zafan la tabla y queda usted hecho un homeopático, microscópico incompetente, aunque haga la boca chiquita en son de disculpa o de besito.

A la ramita del español en Costa Rica, referente a lo menudo, habría que añadir la floresta de posibilidades en el resto del mundo hispanoamericano actual, como pichintún, piñufla. Hecha también la comparación con varias lenguas de Occidente, aprecia uno la impresionante riqueza verbal de nuestro común idioma, cosa que los sociólogos y sicólogos deberían dedicarse a investigar: el hispanohablante no la tiene tan chiqui-tica (la lengua, digo). A propósito, ¿le gusta el banano?

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