Victor Valembois: Coqueteo con el camanance de Nancy

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Víctor Valembois. [email protected]

Es tan lindo aprender otra lengua. Cada una representa una visión “igual pero distinta” de la realidad. Al “camanance” el Tío Sam le llama dimple y explica que es on the face: no cabe duda, pero…. no es lo mismo. El término hispano tiene no sé qué resonancia mayor. El inglés ofrece una extraordinaria riqueza léxica primero por su origen germánico, segundo por el injerto con un idioma romance. Solo que allí, el vocablo en cuestión no parece tan específico. El Webster´s aclara que se trata de “una pequeña y natural hendidura en la cara humana, especialmente al reír”, pero el adverbio permite utilizar la palabra para caracterizar, en sentido metafórico, hasta “una superficie con una ligera depresión”. Ahora bien, el adverbio dimply significa “lleno de hoyuelos”. ¡No, no, no! señores Shakespeare, Marlowe y asociados, no confundamos todo hoyito, cualquier cantidad además, con esas preciosas perlas naturales en la mejilla…

En todas partes florecen mujeres y hombres con esos famosos camanances. Para esa cavidad, el alemán tiene Grübchen, el hoyuelo, que es también una pequeña tumba…. Detalles corrongos como pocos. En francés se refieren a ello como fossette, fosa donde se posa mi mariposa… Un lindo poema en lengua guaraní, de Félix Fernández, reza así:

Sonríe un poquito muchacha, dueña de mi amor,

Veré otra vez ese hoyuelo, cerca de tus labios,

Que el dedo de Dios hundió en tu mejilla,

Cuenco que se queda hirviendo, fuente de cariño.

¿Un idioma universal? Claro que sí, lo que pasa es que el idioma, es decir su usuario colectivo, a veces se ha fijado en ese detalle* ¿lo llamaré anatómico? y otras no: “si te vi, no me acuerdo”.  El mataburros de la Academia lo registra como término de origen nahua, con camac por boca, y nance por el fruto. Un glosario para Hombres de maíz, de Asturias señala que se trata de “hoyuelos que se les hacen a las mujeres a los lados de la boca al reír”. ¿Desde cuándo esa discriminación genérica?

Pero yo aprendí la palabrita mágica fuera de esta “cintura de América”, como la llama Neruda. Claro, cuando esa subtropical centroamericana se ríe, le salen unos camanances preciosos, como para darle envidia al amigo guatemalteco, con su sensual libro Los rastros de mi deseo. Esos hoyuelos en los meandros, digo, las mejillas de Melibea, no por casualidad deben figurar en el diccionario en la misma página que “camaleón” y “camarón*. ¡Pero ojo a este que se duerme!… ya se sabe, la pizpireta, se la llevó el otro.

No me venga entonces, amigo anglosajón, con el encanto de su dimple: sirve también para el hoyo de barba o huequito en la barbilla -hasta las mujeres lo tienen, como mi madre, por ejemplo-. Total que también los camanances son globales.

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