Víctor Valembois. valembois@ice.co.cr

En el registro alfabeto-ilógico que manejo, inmediatamente después de crema, va cremallera, como si tuvieran algo que ver esas palabrejas. ¡Frío, frío! Nada de eso, señorito* Casares. La última sería: “barra metálica con dientes en uno de sus cantos, para engranar con un piñón o rueda dentada”. Figura una segunda acepción: “artificio para cerrar una abertura longitudinal en prendas de vestir”. Correcto Gilberto, digo, don Julio. Es el postmoderno zipper, para variar a la gringa, que para ellos, dientecito de un lado tras dientudo del otro, también refiere a un comodín sistema de acceso a un cruce. Nosotros lo usamos solo para bolsos, billeteras, faldas, etc. La cremallera en cuestión, en la bragueta varonil, resguarda ciertos perdigones penianos*…

Pese a su desuso, me gusta la palabreja, esa cremallerita, por lo pequeño-y-útil a que refiere. Su historia es larga, como la de esa barra metálica con dientes más grandecitos. Según mi otro amigo, Robert, remonta al griego, nada menos, donde “kremaster” significa “que cuelga”. En un viaje de esos que se las trae, el vocablo pasó por el latín popular “cramaculus” y dio origen al viejo francés “cramail” o “cremail”, atestiguado, legítimo desde 1549 (no es ancestro Emiliano del e-mail, por las dudillas).

En ese idioma, ese garfio, no tan minúsculo advertimos, antes del poderoso invento de las cocinas modernas, colgaba de los tijerales, sosteniendo un gran perol, y servía para subir y bajar la olla cosa de regular así la intensidad del fueguito. Vea con sus propios ojos la “grisalla”: “Señores de visita en una granja”, de mi coterráneo Brueghel. Aunque en penumbra*, visualiza… a las claras que allí también, en Flandes, utilizaban el mismo sistema de lengüeta.

De allí, siempre en la lengua de Monsieur Robert, colgar la cremallera es expresión ni prosaica ni utilitaria, sino de invitación y hospitalidad. Es “estrenar piso”, como le llaman los españoles y en inglés se identifica calurosamente como house warming party. La verdad, no entiendo nada de esa varilla dientuda, toothed bar me silban al oído sordito desde el Simon & Schuster, buen aliado para la angloparla. ¿Pero quién será el metafórico que se atrevió a hacer el salto tecnológico de la cocina al cierre de la bragueta? Detallito que conviene tener atrancado, no atascado, porque así como en boca cerrada no entran moscas*…