Víctor Valembois. valembois@ice.co.cr

Del mini super a lo super mini. Galileo, que no se anduvo con chiquito-manía respecto de ciertos experimentos, debería reconocer que ahora todo bastantillo “se mueve” por eso que llaman nanotecnología. El DRAE ya contempla la palabrita, pero propongo añadir otra, la del título. En efecto, sorprende un potencial paralelo antitético: entre más avanza la nano-tecnología, en lo comunicativo, creciente pareciera resultar la pobreza en el manejo de la lengua. ¡Conclusioncilla más triste!

No debería ser así. ¿No se supone que la nanotecnología traerá -qué digo, ya trae- una serie de pasitos* y pasotes de increíble repercusión en cualquier dominio?  Yo, pigmeo en comprensión de cómo por todos los duendecillos del mundo funciona esa compu que manejo, me declaro usuario asiduo de cuanta carajadilla pueda instalarle para facilitar mi labor de castor: roer, roer y roerle al palito de la lengua. Al alcance de los deditos, en forma digital, claro, tengo enciclopedias y una docena de diccionarios desde otras lenguas y en ellas.

Me precio, además, de haber recibido una educacioncita, de esas de primera, con estudio de lengüitas que dicen muertas y con otras que, perdonen, a veces dejamos maltrataditas. Dígame una cosita. ¿Cómo lo hizo Homero, sin uno de esos juguetes para generar y memorizar tanto versito?  ¿Por qué se entretuvo Demóstenes con piedritas en la boca, vociferando a orillas del mar?…

¿Qué está pasando?  Por desgracia, un día y otro también encuentra uno gentecillas que, en vez de recurrir a ese mini arsenal, perdigones* por la libre, aprovechando de cultivar algüillo más su organillo* idiomático, balbucean cada vez más con un vocabulario menos cultivadito o escriben con letritas como para suspirar a gritos por la caligrafía de nuestros abuelitos. Aparte de que “la letra con sangre entra”, para eso, ellos usaban una falsilla…

Pero los imberbes no saben qué falsedad de mentirillas es esa. Ya nadie sabe memorizar una paginilla, muy pocos cantan con sus propias cuerditas una cancioncilla*; otros andan con 600 o más, pero en su Ipod, potecito mágico. ¿Muchos nos volveremos enanitos lingüísticos?

No, nada de rencorcillo con la tecnología, muy al contrario. Pero, otra vez, como enseñaba mi pequeño maestro don Isaac: todo profesional, en la ramita que sea, debe saber expresarse con esa guitarrita tan fenomenal que se llama su lengua, y ojalá le pongamos más cuerditas en otros idiomas…