Víctor Valembois.

La mayoría de mis coterráneos locales, nunca han tenido vocación del lado urgido: manejan una expectante visión de mundo … como eso de esperar los “nublados del día”. Recomiendan “llevarla suave”… (con ese adjetivo que, claro, partiendo del castellano castizo, al principio interpretaba en lo táctil).

En este valle intermontano como, con más fuerza por las costas por ambos mares que nos rodean, prevalece aquello de “¿cuál es el apuro?” y “mañana es otro día”… ¡Cómo irrita aquello a toda mi parentela europea cosmopolita; ¿con qué permiso este mequetrefe me empuja y me irrespeta?

Por otras latitudes donde he vivido por años (Alemania, Yugoslavia, España, Bélgica…) prevalece otra mentalidad, como el “festina lente” de los latinos (“apúrate despacio”. Nada de indolencia: el gran Napoleón, al vestirse imponía calma cuidadosa… por apurado siempre. (Ya me imagino los curas, que los veía, antes, en sotana…).

Y qué decir del “time is money” británico o del bistra ruso redujimos a bistrot, un tipo de restaurante que ahora nos parece para ir a perecear, allí donde, en París los exilados frente a la gran Revolución de Octubre 1917, siempre pronunciaban esa palabrita para que los meseros se apuraran…

En cambio, por aquí… hasta en un “fast food” los meseros demoran una década en tomar la orden y… un siglo en venir con las viandas o la bebida. ¡No les diga: se sientes reyes ofendidos ante cualquier opinión divergente! Siempre me siento como estafado: ¿usted… de dónde saca que puede monopolizar mi tiempo?

Pero los parroquianos locales se lo toman con una calma que al forastero le saca de quicio. Eso de “hay más tiempo que vida”, perdonen, constituye una reverenda estupidez: el tiempo no existe como una entelequia en el aire, sino que transcurre en la medida en que lo percibimos.  Irreconciliable, la divergencia: los africanos reprochan a los europeos: “ustedes tendrán relojes, pero el tiempo lo disponemos nosotros”.

Foto de La Nación, respecto de un centenario. El tiempo: ¿solo un pasar?

Por eso, sin proclamar las glorias del apuro impertinente, tampoco conviene glorificar aquello “nuestro” que Carmen Naranjo tan acertadamente ya criticó: es el “¡qué pereza” como estandarte nacional. Por allí se suele señalar que “el tiempo perdido, hasta los santos lo lloran”.

Madre mía: ¡cómo los veo a diario, arrastrando los pies, los estudiantes del Colegio Vargas Calvo, aquí cerca, al ir o al volver a su centro de estudio. La lerda lentitud va en dos sentidos, de ida como de vuelta: cuando van “al cole”, todos como que arrastran los pies, tanto para llegar a su centro de estudio, o, en tantas ocasiones, tan impresionantemente frecuentes, como devolviéndose al rato: ¿será que – ¡otra vez! – falta, faltó y faltará tal o cual profesor?

Desde luego hay instancias de caminar lento, pausado y con reflexión: pienso en los caminos, en que he participado cantidad de veces de la iglesia hacia el cementerio. Adiós, con Isaac Felipe Azofeifa, maestro mío humanista; hasta luego doña Marcel Pétain, don Franz Ferdinand Vedova. Au revoir, a esta colega devota que, durante años, antes del trance final proclamaba: “estoy lista”. Se me viene al respecto una poesía de mi tierra, de Guido Gezelle, donde en el correr de los versos se refleja el pausado pasar del carro fúnebre: “traagzaam trekt de witte wagen en ´t is wenen en ´t is klagen”…

Allí va, de memoria, sin que ustedes entiendan ni una palabra: de repente hasta en su versión escrita el verso refleja un intento por retener el paso inevitable hacia la muerte. Paralela en la búsque de efecto que sentimos en aquella memorable poesía “a la muerte de su padre”, en el medieval Jorge Manrique, gran poeta español…

¡Ah!  Cómo me emocionó una comparación que me surgió al ver, en Granada, Nicaragua, una procesión fúnebre, por cierto, de un parroquiano por lo visto de bastante billete. El tiempo …. ¡como que entre todos se aplicaran… a detenerlo!

¡Sí! Evoqué comparativamente ejemplos de otras partes y de otros tiempos, fue por mi inquietud respecto del uso, abuso o disfrute del tiempo local, abusando de uno. ¿Cómo motivar para una percepción de tiempo -y de espacio, por supuesto- más acorde con el reloj cosmopolita que suena alrededor? No seamos avestruces, por favor.  (valembois@ice.co.cr)