Víctor Valembois.

Por pura casualidad me cayó en las manos un librito por distancia geográfica, por lengua, por contexto cultural…. totalmente ajeno a nuestra Costa Rica, Y sin embargo… después de hojearlo y ojearlo, pondero al respecto unos párrafos para esta ya consuetudinaria columnita semanal en torno a “cosmopolitismo”.

En franchute, el librito, reúne pequeñas aproximaciones, de gente nada encopetada, turistas y personal de hotel o afines, ¡agárrense! de los años ochenta y, madre mía, negro el porvenir: situado en Senegal… ¡Ingenuo comentarista que soy ¿Cómo incitar a reflexionar sobre rasgos de comparación en flagrante contradicción? ¡De allí casi no conocemos nada… excepto ojalá las escalas de nuestro amigo de Saint-Exupéry, por la capital: Dakar!

Pues… leyendo, fui subrayando ideas, ide-itas e ide-o-tas que me llamaran la atención. Tiraré unas cuantas, nada con la idea de pontificar… solo pretendo que quizá alguna comparación o reflexión les germine.

Más allá de diferencias fundamentales entre las dos áreas geográficas, el clima, el pasaje y el tipo de gente que acoge (109)… ¡brotan rasgos comparativos! Otros, claramente de diferencia, se prestan a seguir la confrontación, en una misma latitud. Va un picadillo:

Allá, el personal del hotel, ni modo, más de una vez asiste a desaveniencias, disgustos y hasta pleitos entre visitantes. La reflexión del senegalés, fijo que aplica también aquí: “no buscamos causas; pues no: jamás se nos ocurre señalar a un turista que él no lleva la razón (23). ¿Seremos más más papistas que el mismo Papa, aquí?  ¡Se impone el pragmatismo!

Por lo general, al europeo no le llama tanto la atención nuestra alimentación “típica”. El paralelo lo observo respecto de Senegal: “a los europeos por lo general no le gusta mucho nuestro couscous” (29-30). Quizá un tanto al contrario del tico, el senegalés no resulta tan tentado a alabar-imponer porque sí su “arroz y frijoles” y mañana “frijoles y arroz”. ¿Me equivoco? (Contestaré como el viejo Figueres: “lo más seguro es… quién sabe”).

Respecto del Senegal, el librito que tomo de punto de partida también comenta de “inevitables” contratiempos, como vendedores ambulantes (14) y situaciones de cierta violencia: mi guía retoma la observación de algún turista, allá en África: se incomodó bastante con constantes fórmulas verbales religiosas (tipo “salamalek” a partir del saludo musulmán tradicional, 32). ¿cabe algún paralelo con nuestra fórmula “si Dios quiere” utilizada a diestra y siniestra?

Otra reflexión al vuelo, la apunto a partir de la incidencia perceptible del turismo sobre la prostitución. Cantidad de reflexiones (17, 26, …) nos incitan a pensar de manera comparativa y quién sabe hasta qué punto contrastiva: un comentarista declara cortante: “el único inconveniente del turismo, por aquí (se refiere a Senegal) es la floresta de “bellas de noche” (17, 26,…). ¡Ello pese a que allá, en un país esencialmente de fe musulmana, la prostitución queda mucho más controlada y… castigada! No obstante, una entrevistada no tiene empacho en confesar que “mi única fuente de ingreso es mi cuerpo” (104)

Vaya, vaya, la lectura de ese librito me sirvió por ejemplo también para entender más a una muy querida escritora nacional de hace cien años: ¡adivinen! En efecto, aprendo que allá, en ese rincón africano caben dos lenguas nacionales: una el wolof… y otra… el “mandingo” (37)… ¿Recuerden la cucarachita mandinga de Carmen Lyra?

Ah… ¡hasta aquí esta comparación, tan sugestiva como sugerente!
(valembois@ice.co.cr)