Víctor Valembois: “En un rinconcito con un librito”

En España existe una "bebeteca", con libros para menores de tres años. Nada de basurillas* digitales. Hermanillo, “leer” es entender, no tragar sopita de letras: da igual en aquel programilla de radio, con ese librito o en su versión en CD: y recuerde, en el bañito, en la hamaca, donde sea, cualquier rinconcito es bueno.

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Víctor Valembois. [email protected]

In angelo cum libello… reza la frasecita en latín. Pero cómo ha cambiado el concepto de lectura en más de quinientos añitos: cuando Tomas a Kempis postuló “in een hoekje met een boekje”, con versito y todo, (en neerlandés o holandés o flamenco, idioma mucho más reducido), apenas amanecía* la historia del libro… Ahora los tenemos servidos en bandejita, por internet…

Erasmo afirmaba que “cuando tengo algún dinerillo, compro libros; y si algo sobra, compro ropa y alimento”. En cambio, Zorba rezongaba: “para qué tanto librito, si no explica el por qué de la vida.” Nuestro pequeño-gran don Joaco, en su titánico esfuerzo del Repertorio Americano, tenía una columnita con el título de esta crónica.

Está de moda el libro pequeño. Corre por allí un chiste, peso pluma, sobre los tres más delgados: primero, el recetario de cocina somalí; segundo, “Lo que los hombres en realidad saben de las mujeres”; y premiecillo de consolación: “Lo que mi vecino piensa de bien de mí” (Rodriguillo: estoy escribiendo un libelo contra ti).

En Costa Rica reina la fotocopia, el resumen, el minitexto (¿Profe, me permite copiar en mi llavecita maya?). Señala Laureano Albán, premio Magón: “vivimos una deshonesta falacia cultural, internacionalizada por influyentes antologías llenas de pequeños países, llenas de pequeños poetas de países grandes.”  Añado: tampoco, casi hay reseñas; algunos críticos de pacotilla sí hay.

¿El tamaño? No importa: de la Biblia existen versiones liliputenses, pero son como los cubitos esos: pura sustancia (buenas noticias* e interesantes sucesos*). La cuestioncilla de fondo son los lectores: en esta tierrita, incluso con libros de solo cuatro paginillas y por cuatro perras, ni así leen tres letritas. Poca educación, mucha pantallita chica (además: mal usadita y con peor publicidad), lo hacen mejor que ciertos indios reductores de cabezas…. A esos primates que les da perecilla leer, todo les parece garabato. Eso, por si no lo sabe, el diccionario lo define como “soguilla pequeña con una estaca corta en cada extremo….”

¡Qué perecilla*!  Aquí, con candil digital, promueven cualquier telenovelilla o sucesos*. Es otra forma de leer, pero pobre, pobre. No sea chatito de-mente. Póngale ventanitas (aunque sean digitales) a su cabecita: ¡dele una duchita a su mente! Mano, manito, no lees pero nada; solo tienes paja y pajilla en el cere-bruto*. En la vida no haga un papelito ni un papelón.

Claro, la calidad primero. En España existe una «bebeteca«, con libros para menores de tres años. Nada de basurillas* digitales. Hermanillo, “leer” es entender, no tragar sopita de letras: da igual en aquel programilla de radio, con ese librito o en su versión en CD: y recuerde, en el bañito, en la hamaca, donde sea, cualquier rinconcito es bueno.

 

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