Víctor Valembois: Entre el Art Decó y el Alma Decó

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Víctor Valembois.

Me gusta la arquitectura: genera metas y anhelos en la comunidad. Así, desde la alcantarilla hasta esa torrecilla, se nota afán de superación, voluntad de comunicación de un constructor respecto de sus espectadores, grandes y chicos.

Quizá por ignorantón, lo mismo que me llama más la atención una musiquilla* en tres notas, en la urbe pequeña donde vivo, entre el escaso urbanismo de la gente… valoro más de una muestra de Art Decó. Solo que, hasta en eso… se denota el soplo diminuto respecto de aplicaciones en San José. En precioso librito* Andrés Fernández señala: “los edificios públicos y privados querían evidenciar la modernidad (…) con estilizadas –y por supuesto menos costosas- líneas rectas de la nueva plástica arquitectónica. Un art decó pobre, a nuestra escala…”.  Siempre esa falta de grandeur, autocomplaciente para el ombliguito*, por cierto.

¿Es posible calcar la expresión aplicándola a lo que sería Alma Decó?  En un mundillo de hedonismo que ni llega a los tacones* de lo que Epicuro propugnaba, ¿no es que notamos simpleza arquitectónica en nuestros mueblecitos del alma, allí en algún lugarcito nuestro escondido?

Frente al espíritu de superación que se denotaba detrás de “la tacita” (el San José de la época de Darío, con restitos en los barrios Amón, Tournón y Otoya), uno se pregunta: ¿cuándo decayó y se cayó la construcción, bonitilla, como el Alma Decó? Era, por excelencia, el arte de elegante-sobrio.

Pero pregunte: en estos días, lo sobrio refiere a la ausencia de traguito*… ¿No es cierto que ahora a muchos no les importa ni una pizca la estética?  ¿En qué momento se evaporó el ímpetu? Ahora pareciera más bien que un poco (o mucho) de mal gusto… es de buen tono (ver: piorgusto.com)… Estética tétrica es la que prevalece. Lo ordinario vuelto normal y norma. ¿Acaso ser chusmita es ilegal?

Estamos rodeados y asaltados (hasta en el último resquicio del paisaje visual) con llamadas por signos exteriores. Que teñir el pelito*, que agrandar el bustito*, las uñitas… todo más artificial que las joyitas que anda… Aquí mismo he cantado la belleza del ser humano, todo natural, hasta en detallitos: el lunar ese de cielito lindo*, el camanance* de Nancy, la chispa en los ojos de Penélope.  Pero aparte de cuidar la fachadita, des-fachatez sería descuidar lo interior…

En su todavía pegajosa cancioncilla*, Soeur Sourire (la de la sonrisita*) se anima a sí misma “ponte tu mejor ropita, mi alma, tengo cita con el Señor”…, pero claro, eso de mayúsculas ahora resulta anticuado… Y el zorro le sigue recomendando al Principito: importa “vestir el corazón”….

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