Víctor Valembois. valembois@ice.co.cr

¿Qué les pasó a los argentinos, pobrecitos, Diego el zurdazo incluido? De tanto creerse la madre de Tarzán, quedaron en cueros. Bolero hecho tango. Y no es que “veinte años son nada”; la cosa empezó mucho antes. Ni siquiera en tiempos de la pureza étnica, blanquita, che, blanquita, de Sarmiento. Mucho antes.

Uno no se explica esa transformación milagrosa: si aparte de cuatro italianos, la extracción demográfica de por allá es esencialmente gallega, pobre gente, tan difamaditos que son, ¿cómo de repente, por arte de no sé qué magia, a los argentinos les da por creerse superiores hasta a los usamericanos?  Desde luego, la observación vale al cuadrado para los de la capital. El mundo es chico, pero Buenos Aires es grande. Che, y no me vaya a confundir con los de La Plata, con todo su bille-tico.

Cuestioncilla un tanto menos formuladita, pero a flor de labios: ¿qué tienen de común los argentinos y los de Ticolandia? Que somos mejorcitos en fútbol, en el amor, con chiquillas más lindas. Uyuyuy: qué bajura, sin comparar. Balcanizada, pues, esta cinturita de América tanto por los inglesitos imperialistas… como por los maestritos costarricenses. ¿Va para Centroamérica? me preguntó aquella tica, yendo yo a un congreso en otro paicecillo, igual, entre montañitas y honduras, linduras todas.

Por favor, no me vaya a confundir montecillos. No es lo mesmo San Pedro de Montes de Basura que San Pedro suya. Emporio industrial uno, “distrito universitario” otro. En una se suda la gota gorda, como en Limón, lirón, en otra, gota a gota se me está agotando la paz-ciencia, viéndola a palitos entre politos.

Ché rioplatense, mae de este vallecito tico-meseteño: leamos “la isla que somos”, de este que “le dicen, que se llama Isaac Felipe”, domingueño universal, que se atrevió a salir de la caverna tica. ¿Qué, nosotros, también somos mortales latinoamericanos?  Yo que pensaba que eso, de Escazú hasta el Monte del Aguacate, es y será un Miami en chiquitillo.

En todo-y-tico el planeta nada sacamos con creernos en otra ínsula barataria (nada baratilla, por cierto): hasta al Quijote, manchego sin manchecitas, y al Sancho, escudero sin un pellillo* de tonto, les consta que hay bacinillas* de barbero en todas partes… curas y curitas*… y molinos también. Cuestión de abrir los ojitos, también y con permisillo de don Rodrigo Facio, hacia los huertillos, más allá de Alajuelita, de Gamalotillo, de San Juanillo, de Hatillo y de Pacuarito.

Victor Valembois

Por Victor Valembois

Víctor Valembois es un académico con una licenciatura en Filología Románica por la Universidad de Lovaina (KUL) en Bélgica. Ha vivido en Costa Rica por más de 35 años. Ha estado vinculado con la Universidad de Costa Rica y la Universidad Nacional.