Víctor Valembois. valembois@ice.co.cr

Chesterton señalaba que la mediocridad* consiste en estar ante lo grande y no darse cuenta. Pero aquí en cierto sentido, sin pensar al revés, invito a constatar que la medallita tiene dos lados: es así como el Tercer Imperio proyectado sobre “mil años” por Hitler, terminó a los poquitos; y un plan de vida puede echarse a perder por una metidita de escarpines.

Constituye toda una invitación observar lo grandioso que es la vida corriente, la de todos los diítas, en el trabajo esas tareítas pendientes, y, claro, amorcito, en esas cosillas comunes y no tan corrientitas gracias a ti.

Partiendo de una perspectiva católica, Juan Manuel de Prada incita a “salvarnos de la banalidad circundante. Es que, a base de “sucesos”* y colorcitos, nos están decapitando, ahora de una forma elegante. Ya no hace falta esa guillotinita, si por allí está la omnipresente propaganda: un flash, otro flash y vuelve la penumbra.

Importa la espolada, que te vendrá desde una vocecita en tu interior.  Son unos 360 días de… trabajo y, de usted depende: “no hay sendero* hacia la felicidad; la felicidad es el sendero”.  Aproveche. Oferta por tiempo limitado. ¿Otro consejito?  “No cuente los pollitos antes de que nazcan.

¿No señala por allí la paradoja de lo cotidiano que “lo más pequeño es lo más grande”?  Es cierto, desde luego, en tantos instantes de la vida, negativos como positivos. Como cuando la retórica democrática se derrite ante un vecino campeón en tortura china: igual en Pedro y el capitán, de Benedetti: espere, construya cada escenita y la tortillita se volcará: con gotitas de educación, él no le podrá torcer el bracito.

Y cuando el gran amor se transformó en rescoldo, a cada ratito ella te sigue “llenando” con solo esa mirada, desde el rabillo* de sus ojos. Otro amanecer. ¿Te sirvo el desayuno?