Víctor Valembois: Ese Salvador, ese Víctor…

Cumplió sobradamente como “secretario de estado” (ministro de relaciones exteriores) para varios presidentes, en Estados Unidos. Magnífico: la peor lacra cosmopolita es la mediocridad, pero charita,… ésta, por podrida y pegajosa, encima resulta contagiosa.

Víctor Valembois.

Ese Salvador, ese Víctor…

La ocasión de mi aporte, esa vez, es la muy reciente muerte de Henry Kissinger, del cual, cómo no, bajo ciertas luces se puede aplaudir varios elementos biográficos. En varias lenguas reza el consejo de que “del muerto solo se habla bien”. Bueno, pero…

Alemán de origen, imposible negar que entre 1923, su nacimiento y 1938, cuando se exilió hacia los Estados Unidos, vivió todo el horror del nazismo ascendente. No olvidemos que era de ascendencia judía, cosa que se respeta, pero no da derecho a actuar unilateralmente.

No era precisamente hombre de pensamiento progresista, sino que se caracterizó toda la vida por un comportamiento harto conservador, buscando siempre favor regímenes establecidos… siempre y cuando resultaran favorables al gran capital. Es -era- su derecho.

Cumplió sobradamente como “secretario de estado” (ministro de relaciones exteriores) para varios presidentes, en Estados Unidos. Magnífico: la peor lacra cosmopolita es la mediocridad, pero charita,… ésta, por podrida y pegajosa, encima resulta contagiosa.

Entre diversas notas biográficas y por sus numerosos escritos autobiográficos leo que era experto en enderezar o aderezar el tablero político para su gobierno y, claro, para eso le pagaban. Pero también resultó tremendamente injusto, intolerable, infame en un caso latinoamericano que he visto y vivido más de cerca.

Que me disculpen si va salsa autobiográfica y, peor, hasta repetida: ciudadano belga, durante mi doctorado en Madrid, por un piropo público del profesor conocí a cierta chilena que a la postre resultaría la madre de nuestros dos hijos.

Vuelvo a mis andares: por ella crucé el Atlántico, hacia Chile. Alli, Salvador Allende fue presidente constitucional de Chile y, muy meritorio, en las elecciones de medio período, subió el porcentaje de adhesión a su línea de socialismo democrático. Una vez, en Valparaíso, lo vi de lejos: su personalidad y su “porte” (modo de vestir, en chileno) inspiraban admiración: ¿por qué aquí el socialismo muchas veces lo asocian con chusma?

Pero desde mediados de 1973, los periódicos, todos, de la línea ideológica que sea, referían a “papeles de la ITT”, en concreto: maniobras externas apoyadas por reaccionarios internos. Ahora tengo bien claro: detrás de esa campaña incisiva de desestabilización, desde Washington, tiene que haber estado el lobo Kissinger. No hay humo sin fuego.

Para nada exculpo graves errores y falta de ética de ciertos aprovechados en lo que tradicionalmente se llama “la izquierda”: les habría servido un curso rápido e intensivo sobre ética, al estilo de Aristóteles, ah… ese sí, lo comenté, gran precursor cosmopolita.

Hubo pues inconsecuencia interna, las cuales se juntaron con patrañas externas, las de Kissinger, quien deep down, señores, está detrás de los ingentes e inhumanos golpes de estado en todo el llamado Cono Sur: Videla, Bordaberry y Pinochet, respectivamente en Argentina, Uruguay y Chile: nada de pura coincidencia, sino cuerditas manejadas por ese zorro inclemente, metiche monstruoso de Kissinger: “por sus actos los conoceréis”.

Todo un muro subcontinental de infamia, contra la democracia nada perfecta, pero crecida desde dentro, cortado todo con bota militar. Mis lectores un poquito mayores se acuerdan del bombardeo inclemente sobre “La Moneda”, el palacio presidencial en Santiago de Chile. En este contexto cruel cochina y cobarde resultó la matanza de Víctor Jara. ¡Qué inhumano torturan a muerte a un cantautor!

(valembois@ice.co.cr)

 

 

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