Víctor Valembois: Fraser Pirie, rescate para el bicentenario

De verdad, felicitaciones y efusivas gracias, caballero andante, Quijote generoso -Fraser- ¡y adelante, señores, celebrando los doscientos años de vida de este terruño, preparándonos desde el pasado, y con ganas, escarbando en el pasado para otros doscientos años.

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Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

El caballero de marras y yo, tenemos algunas cosillas en común. Primero, las primaveras… ¡pero yo le gano! En seguida, sin que sea nuestra “especialidad”, ambos gustamos de jugar de historiadores y periodistas, o por lo menos procuramos plasmar enfoques de esa índole con marcado sello didáctico, ahora con ocasión del nuestro bicentenario, como país, ¡importante!

Viva la diferencia, también, porque yo, de empresario no tengo nada (y él… cosa rara, Sancho, regala muchos libros, envidiable). Otra diferencia -que no divergencia-: yo me baso casi exclusivamente en la palabra, en cambio, en los trabajos que le conozco, él se basa más bien en material fotográfico abundante. De mi parte, hasta ahora no he querido aceptar la simplificación inserta en el aforismo clásico según el cual “una imagen vale por mil palabras”.

Mantengo grandemente esa tesis logocéntrica. Por eso me resulta más rápido y profundo enterarme de noticias por la prensa que por tanta imagen televisiva dispersa y discursiva. Tomemos el caso de un accidente automovilístico: allí, tanta imagen suele ser espectacular y efectista, induciendo lo superficial: en cambio, por la lectura en los tópicos que me interesan siento que voy más a fondo, hacia causas y consecuencias, como también en profilaxis preventiva.

Remando por aguas profundas, la astucia de don Fraser resulta doble; primero que a partir de la gaveta familiar con cantidad de históricas “primeras” fotografías, dice, comenta y subraya. Sus escuderos son los viejos primeros fotógrafos en el país: H. Nathaniel Rudd, norteamericano, y Manuel Gómez Miralles, su discípulo local, ambos en torno al cambio del siglo XIX al XX).

Pirie agrada por su amor patrio, de paso agrandando nuestra mirada, rescatando “cosas viejas”, pero dando razón a mi tesis con el verbo ágil. Va subrayando aspectos, abre nuestra mente hacia ángulos poco percibidos, desde el pasado y para el presente y hasta el futuro. Gracias, hermano investigador, por mostrarme, en tanta publicación ya, entre artículos y preciosos libros («Tiempos de héroes», «Nuestra Patria», «Cartago station», «El tiempo congelado», etc.) aspectos que habíamos visto pero no habíamos mirado.

El rescate y la divulgación emprendidos por Pirie, al mismo que ahondan realzan nuestra pupila graban con tinta indeleble en ese tercer ojo que tenemos en el corazón. Porque, por ejemplo, no es lo mismo ver tantas mujeres (que cómo no, también construyeron este país) al sensibilizarnos, sí, con su verbo, nada de verborrea, por ejemplo el entonces rutinario trabajo infantil, al subrayar con el pincel a veces fino, a veces grueso del comentario, que nos fijemos más en la vestimenta, y en la cara respecto de aspectos que -de tanto ver en carrera por la tele- ya no nos fijamos.

Por ejemplo, Pirie subraya que Vázquez de Coronado pasó de mar a mar, pero a raíz del insistente comentario (pp. 48 y 53) y cantidad de visualizaciones, ahora me surge la reflexión que, en los cuatro primeros siglos de su existencia, este terruño más bien contradecía su propio nombre, anclado como lo vemos y conocemos en las fotos, mucho más por el interior que por las costas: estoy seguro que la gente de fuera de la meseta central echará de menos… más  fotos y comentarios desde su ángulo. Gracias, fino “sensibilizador social” don Fraser, por educarnos en ese sentido.

Pirie educa rescatando y tematizando material gráfico, y mediante lo verbal-sensible, nos guía hacia una actitud de respeto en función de “un pasado que estará siempre presente en nuestras futuras generaciones” (Cartago Station, 389). Adelante por favor: la patria, ahora de fiesta, se lo agradece. Pero por favor, pasemos a conversar, no solo sacar una industria de fotos y a comer queque y… cantar (en inglés) Happy birthday, Costa Rica…

Sacar fotos es un arte que, por la cantidad fácil sobre todo con el omnipresente celular, en muchos de nosotros ha deteriorado en calidad y profundidad. Seamos sinceros: muchas de las imágenes tomadas se sacan por presión social, sin cuidado, ni antes (para tomarlas), ni después: prevalece la cantidad frente a la calidad, lo superficial en vez de la profundidad en la mirada a través del lente. Aquello de tomar una legión de fotos, de grupos o individuos, muchas veces ahora resulta un acto impulsivo, mecánico, inconsciente, frente a los miles de ejemplos contrarios, anteriores, de parte de selectos fotógrafos profesionales.

Esa gente de oficio -los aludidos Rudd y Gómez Miralles- eran los continuadores de pintores que nos orientaban la vista: pensemos en “los comedores de papas” de mi amigo James Ensor, con un formidable estudio de la luz, dirigida desde la paleta y orientada con talento por medio de colores: ¡profundidad que incita a pensar! Ahora tendemos a turistear por tantos lados y sacar selfies y más de lo mismo, individuales y en grupos (hasta con ese palito de extensión un tanto ridículo), todo sin ahondar en el alma de la gente. Ya nadie escribe una postal con cuatro letras.

Pirie no es pintor, pero orienta nuestra mirada con la palabra. Por ejemplo, lo visualizado en torno a Le Lacheur y los filibusteros (páginas 57 y 74), nos entrega mucho más texto “ilustrador”, con el verbo; claro, se complementa con oportunas -pero minoritarias- “ilustraciones” cosa de ahondar y no ahogarnos en frivolidades de superficie pues sí… superficiales.

De verdad, felicitaciones y efusivas gracias, caballero andante, Quijote generoso -Fraser- ¡y adelante, señores, celebrando los doscientos años de vida de este terruño, preparándonos desde el pasado, y con ganas, escarbando en el pasado para otros doscientos años.

(valembois@ice.co.cr)

 

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